La niña de 9 años, oriunda de Puerto Rico, completó el primero de tres ciclos de un tratamiento experimental para la parálisis cerebral en Bangalore. Sus padres, Doris y Sergio, contaron en Plural los cambios que observaron en sus movimientos, la disminución de la rigidez muscular y las nuevas habilidades que comenzó a desarrollar. La familia necesita reunir fondos para regresar a la India a fines de diciembre y continuar un proceso que todavía requiere evaluación médica.

Miércoles 21 de octubre de 2026. Isabella Stang volvió de la India con algunos movimientos que antes no podía realizar. Puede extender más su brazo derecho, abrir y cerrar la mano con mayor facilidad y manipular objetos pequeños que hasta hace poco representaban una dificultad. Son cambios que sus padres, Doris Alles y Sergio Stang, comenzaron a observar durante las cuatro semanas que permanecieron en Bangalore, donde la niña misionera completó el primero de tres ciclos de un tratamiento experimental para la parálisis cerebral.
La familia, oriunda de Puerto Rico, regresó a Misiones después de una experiencia que comenzó con una campaña solidaria para viajar a México y terminó llevándolos hasta el sur de la India. En una entrevista con Plural, el programa periodístico de Canal 4 Posadas, los padres reconstruyeron el recorrido, explicaron cómo se desarrollaron las sesiones y compartieron los avances que atribuyen al procedimiento. También hablaron de las dificultades económicas que deberán superar para continuar el tratamiento.
Isabella tiene 9 años y presenta una encefalopatía crónica no evolutiva, conocida como parálisis cerebral, que afecta principalmente su movilidad. Desde sus primeros meses de vida recibe atención especializada y realiza terapias de rehabilitación. Sus padres sostienen que ese trabajo previo fue fundamental para desarrollar capacidades que inicialmente parecían difíciles de alcanzar.
La búsqueda de nuevas alternativas los llevó a conocer el tratamiento que aparece en la película Los dos hemisferios de Lucca, disponible en Netflix. Inicialmente habían organizado una campaña para acceder al procedimiento en México, pero finalmente consiguieron un turno en Bangalore.

Veintiocho días de tratamiento y los primeros cambios
La familia viajó el 27 de agosto. El 31 de ese mes Isabella comenzó las evaluaciones médicas y, después de dos jornadas de estudios, inició el tratamiento el 2 de septiembre. Completó 28 sesiones, de una hora diaria, hasta el 29 de septiembre.
Según explicaron sus padres, los profesionales realizaron primero una resonancia magnética para identificar las áreas cerebrales sobre las que trabajarían. Durante las sesiones, Isabella permanecía acostada en una camilla dentro de un equipo que, por su apariencia, se asemeja a un resonador magnético. Los especialistas utilizaron una plantilla con las zonas previamente identificadas para orientar la aplicación del procedimiento.
Doris explicó que la niña permanecía despierta durante las sesiones y que el tratamiento no requería intervenciones invasivas. El primer día tuvo miedo y lloró, pero después consiguió adaptarse y completar las jornadas sin mayores dificultades.
Los cambios comenzaron a llamar la atención de sus padres durante los primeros días. Sergio recordó que uno de los movimientos que más lo sorprendió fue la capacidad de Isabella para levantar el brazo derecho.
“Lo primero fue cómo levantaba el bracito, el bracito derecho especialmente. Eso fue lo primero que me llamó la atención a mí”, contó.
Doris recordó otro momento que considera significativo. Mientras acompañaba a su hija durante una sesión, Isabella le dijo: “Mami, yo me siento más flojita”. La madre relacionó esa expresión con una disminución de la rigidez muscular que comenzaron a percibir durante el tratamiento.
La espasticidad, una de las manifestaciones de su condición neurológica, provoca un aumento anormal del tono muscular y dificulta los movimientos voluntarios. Según sus padres, esa rigidez disminuyó y permitió que Isabella comenzara a realizar algunos movimientos con mayor facilidad.
También observaron cambios en la sensibilidad de sus piernas. Doris contó que, hacia el final de la estadía, la niña comenzó a manifestar molestias cuando la sostenían en brazos de la manera habitual. La familia interpretó esas reacciones como posibles cambios en su percepción corporal.
Estas observaciones forman parte del testimonio familiar. Aunque sus padres las vinculan con el procedimiento experimental, la entrevista no aporta mediciones clínicas que permitan determinar cuánto de esa evolución corresponde al tratamiento, a la rehabilitación previa o a otros factores.

Pequeños movimientos que representan grandes avances
Uno de los ejemplos más concretos que compartieron los padres fue la capacidad de Isabella para retirar el sello de aluminio de un envase de manteca. El movimiento requiere coordinación de los dedos, fuerza y precisión, habilidades que la niña tenía limitadas.
“Fueron muchos pequeños, entre comillas, grandes resultados que para nosotros son significativos para ella en el día a día”, explicó Sergio.
La familia también observó mejoras en la extensión del brazo derecho y en algunos movimientos de la mano. Después de regresar a Puerto Rico, Isabella consiguió realizar un gesto de saludo con esa mano durante una actividad con su psicopedagoga, algo que, según sus padres, antes no lograba hacer.
Doris mencionó además cambios en la pronunciación, especialmente de la letra erre, y en la fuerza de succión. También describió una mayor capacidad para fijar la mirada y concentrarse durante las actividades terapéuticas.
Los padres señalaron que la kinesióloga, la psicopedagoga y la pediatra que acompañan a Isabella observaron avances después del viaje.
Antes de viajar, Isabella ya había conseguido dar algunos pasos con ayuda de un andador. Sus padres aclararon que esa capacidad era resultado de años de rehabilitación y que, después del tratamiento, perciben algunas mejoras adicionales.
La distinción resulta importante porque Isabella llegó a la India con un recorrido terapéutico de nueve años. Su evolución actual tambien está relacionada con ese trabajo sostenido de su familia. “Hay que seguir trabajando, hay que hacerle mucha estimulación, mucha fisioterapia para que ella pueda seguir teniendo mejoras en cuanto a lo motor, que es lo que ella más afectado tiene”, explicó Doris.

La expectativa de alcanzar una mayor autonomía
La familia sostiene que el objetivo principal es que Isabella pueda desplazarse con mayor independencia. Caminar constituye una aspiración importante, aunque sus padres reconocen que cualquier avance en la movilidad y en las actividades cotidianas puede mejorar su calidad de vida.
Durante la entrevista, Sergio relató que los especialistas de Bangalore evaluaron la gravedad de la lesión cerebral y comenzaron a trabajar sobre la espasticidad. Según su testimonio, los profesionales manifestaron expectativas favorables respecto de la posibilidad de obtener nuevas mejoras.
Esas apreciaciones, transmitidas por los padres, representan un pronóstico clínico que todavía requiere seguimiento. El procedimiento continúa siendo experimental y sus resultados no están garantizados. Pero los padres observan «pequeños grandes avances».
Doris recordó que, cuando recibió el diagnóstico de su hija, atravesó una noche de angustia y tomó una decisión que marcó los años siguientes: buscar todas las alternativas posibles para favorecer su desarrollo y evitar que quedara limitada a una vida sin movilidad. Desde entonces, la familia recurrió a distintos profesionales, tratamientos de rehabilitación y propuestas complementarias.
“Durante todos estos nueve años fue una búsqueda constante de una cosa a otra”, explicó. También reconoció el trabajo de quienes acompañaron a Isabella y sostuvo que las intervenciones recibidas contribuyeron a su evolución.
El viaje a la India llegó en un momento en que la familia sentía que había agotado buena parte de las alternativas que conocía. “Es una emoción muy grande haber llegado a este tratamiento. Es como que llegó un momento en que ya no teníamos más a qué recurrir, sino seguir haciendo lo que veníamos haciendo. Esto nos dio otra vez otra esperanza, más posibilidades para lograr esa autonomía que estamos buscando”, expresó Doris.

Un viaje de 27 horas y la solidaridad que encontraron en la India
La experiencia también estuvo atravesada por las dificultades de trasladar a una familia con dos niñas hasta un país distante, con otro idioma, diferentes costumbres y un sistema financiero que desconocían.
El recorrido comenzó en Foz de Iguazú y continuó por San Pablo y Doha hasta llegar a Bangalore. El viaje demandó aproximadamente entre 25 y 27 horas, según recordaron los padres.
Isabella y su hermana menor acompañaron todo el trayecto. Sergio contó que inicialmente les preocupaba cómo responderían las niñas a tantas horas de vuelo, pero ambas se adaptaron. Isabella, incluso, terminó disfrutando de una experiencia que al principio le provocaba temor.
Una vez en la India, la familia debió resolver cómo disponer del dinero que había reunido mediante la campaña solidaria. Según explicaron, tuvieron dificultades para utilizar sus tarjetas y billeteras virtuales habituales, por lo que recurrieron a transferencias mediante Western Union para obtener moneda local y afrontar los pagos.
El idioma representó otra barrera. Utilizaron aplicaciones de traducción y conocimientos básicos de inglés para comunicarse con los profesionales y desenvolverse en la ciudad.
Sin embargo, uno de los recuerdos más presentes en el relato de Doris y Sergio fue la ayuda que recibieron de otras personas. En el centro médico conocieron a familias argentinas que también habían viajado para realizar tratamientos similares. Los padres que llevaban más tiempo en Bangalore orientaban a quienes recién llegaban, compartían información y ayudaban a resolver las dificultades cotidianas.
Esa colaboración se extendió fuera de la clínica. Doris recordó las complicaciones para circular con una silla de ruedas por calles de tránsito intenso y la disposición de desconocidos que se detenían para ayudarlos a cruzar. “Observamos que toda la gente es muy amable, tiene una calidez humana, una empatía que a nosotros nos sorprendió. Nos hicieron sentir muy a gusto”, contó.
Isabella también conservó sus propios recuerdos del viaje. Cuando le preguntaron qué le había gustado de la India, respondió con una observación sencilla: “Había muchas vacas”.

La comunidad vuelve a movilizarse
El primer viaje fue posible gracias a una campaña de recaudación que comenzó a fines de junio, cuando la familia todavía proyectaba realizar el tratamiento en México. El 29 de julio consiguieron una entrevista con el equipo de la India y coordinaron el turno. Menos de un mes después, el 27 de agosto, estaban viajando.
La respuesta solidaria permitió reunir los fondos necesarios para afrontar esa primera etapa. Doris y Sergio contaron que pudieron cubrir los gastos previstos y que la colaboración de la comunidad de Puerto Rico superó sus expectativas.
Ahora enfrentan un nuevo desafío. El protocolo contempla otros dos ciclos de tratamiento, cada uno de aproximadamente un mes. La familia tiene previsto presentarse nuevamente en Bangalore el 29 de diciembre para comenzar el segundo.
Para afrontar ese viaje reactivaron la campaña «Juntos por Isabela», mediante la cual reciben donaciones y organizan distintas iniciativas solidarias.

Campaña solidaria Juntos.por.Isabela
El alias informado por la familia para buscar fondos para el segundo tratamiento es juntos.por.isabela (Isabela, con una sola letra L).
La familia explicó que cualquier aporte contribuye a sostener la recaudación y que también resulta útil compartir la campaña para ampliar su alcance. “Todo suma. Todo ayuda. Hasta el compartir ayuda”, resumieron durante la entrevista.
Sergio contó además que mantienen contacto con otras familias misioneras que viajaron o tienen previsto viajar a la India. Comparten experiencias e información mediante un grupo de WhatsApp, una red de acompañamiento que se formó alrededor de la búsqueda de tratamientos para niños con distintas condiciones neurológicas.

Isabella, más allá de los tratamientos
Durante buena parte de la entrevista, Doris y Sergio hablaron de diagnósticos, rehabilitación, viajes y recursos económicos. Pero Isabella también tuvo su espacio frente a las cámaras.
La niña respondió algunas preguntas sobre su experiencia en la India y recordó aspectos del viaje que llamaron su atención. Sus intervenciones permitieron conocer otra dimensión de la historia, alejada por un momento de los procedimientos médicos.
Sus padres también contaron que, después del tratamiento, comenzaron a observar cambios en su comportamiento. Doris describió a Isabella como una niña que siempre aceptó con facilidad las indicaciones de los adultos, pero que últimamente expresa con mayor firmeza sus preferencias y desacuerdos.
Incluso comenzó a resistirse en algunas ocasiones a tomar la medicación que tiene indicada, una situación que su familia interpreta como parte de una mayor afirmación de su personalidad.
La experiencia en Bangalore también modificó las expectativas de sus padres. Después de nueve años de terapias y de una búsqueda permanente de alternativas, regresaron con la percepción de que Isabella adquirió nuevas capacidades, aunque todavía deberán evaluar su evolución y continuar con el trabajo de rehabilitación.
El próximo paso dependerá de la posibilidad de reunir nuevamente los recursos para viajar. La familia espera regresar a fines de diciembre y completar el segundo ciclo, mientras sostiene las terapias que Isabella realiza en Misiones.
Por ahora, la familia reconoce cambios que considera importantes para la autonomía de Isabella y busca los medios para continuar el proceso. La campaña solidaria vuelve a convocar a la comunidad que hizo posible el primer viaje, esta vez con una experiencia concreta detrás y dos etapas todavía pendientes.