
Como tantos otros dirigentes que han mostrado coherencia con los mandatos de sus bases, el secretariado de UDPM y Leverberg en especial, vienen siendo objeto de campañas de desprestigio. Como las derechas rehúyen el debate por los contenidos de las políticas públicas, porque saben que es terreno donde pierden inexorablemente la batalla, la trasladan al campo policial con denuncias por corrupción. La consagración de Marilú al frente del sindicato en mayo pasado y la adhesión docente demostrada en el Congreso de Capioví en abril, irritan al gorilaje. Primera Edición acusa y no da lugar a las aclaraciones. Vale preguntarse, ¿por qué, si es cierta su campaña moralizadora, no se anima a poner bajo la lupa a la gestión de los Velázquez en camioneros?



