leverberg atacada

Como tantos otros dirigentes que han mostrado coherencia con los mandatos de sus bases, el secretariado de UDPM y Leverberg en especial, vienen siendo objeto de campañas de desprestigio. Como las derechas rehúyen el debate por los contenidos de las políticas públicas, porque saben que es terreno donde pierden inexorablemente la batalla, la trasladan al campo policial con denuncias por corrupción. La consagración de Marilú al frente del sindicato en mayo pasado y la adhesión docente demostrada en el Congreso de Capioví en abril, irritan al gorilaje. Primera Edición acusa y no da lugar a las aclaraciones. Vale preguntarse, ¿por qué, si es cierta su campaña moralizadora, no se anima a poner bajo la lupa a la gestión de los Velázquez en camioneros?

Posadas (Lunes, 11 de julio) El diario Primera Edición negó derecho a réplica a Stella Leverberg a quién involucró falsamente en un operativo para “hacer un negocio” de tierras en Dos de Mayo para instalar un ecolodge. La información, desplegada a toda página el domingo, fue inmediatamente desmentida por la secretaria de UDPM mientras tenía un amplio respaldo en las redes sociales.
La imputación forma parte de una campaña que, desde hace años tiene el objetivo de desprestigiar a Marilú Leverberg como dirigente. Pero hoy más que nunca es fácil explicar y entender sus razones. El contexto político es determinado por un proceso de restauración conservadora que, logró el apoyo de la mitad más uno de los argentinos para copar el aparato del Estado. Mientras realiza “el trabajo sucio” (ministro de Hacienda dixit) de revertir la distribución del ingreso en favor del Capital, necesita trabajar al mismo tiempo la aprobación de las mayorías. Por eso, el frente de lucha por la economía y la política, tiene en el campo cultural el mismo despliegue de recursos.
La reducción de los ingresos del Trabajo en la renta nacional, que se realiza a través de tarifazos, precarización laboral, desempleo y reducción impositiva a los ricos, se sabe, genera condiciones explosivas al mediano plazo. La tarea entonces consiste en evitar que las reacciones sectoriales ya sea por el aumento del gas o el aumento de los precios de la canasta familiar, encuentren un rumbo articulado que construya conciencia colectiva. Por eso, lo dirigentes políticos, sindicales o de movimientos sociales son apuntados en las campañas de desprestigio.
Como las derechas rehúyen el debate por los contenidos de las políticas públicas, porque saben que es terreno donde pierden inexorablemente la batalla, la trasladan al campo policial con denuncias por corrupción. Por ejemplo: los medios hegemónicos logran imponer impresiones por José López, con dólares y el convento, una narrativa que esconde y elude poner sobre la mesa las tensiones económico – sociales de los logros del kirchnerismo al comprometer un Estado con la defensa integral de los derechos humanos, derechos que empiezan por un plato de comida en las mesas de todos los hogares.
Aquí se intenta espejar operaciones similares. Se trata de romper la ligazón y el cariño de las bases docentes con Leverberg en especial y toda la dirigencia de UDPM en general. No encontramos en los últimos diez años crónicas que abunden en menciones a otros dirigentes sindicales. ¿No se le anima Primera Edición a los Velázquez de camioneros? Pareciera, para los lectores del diario al menos, que ese sindicato no bloqueó, el mes pasado los accesos a un hipermercado, aquí en Posadas.
¿Qué irrita de Marilú y las acciones sindicales de UDPM? Lo venimos marcando: la capacidad de adaptarse a los tiempos que ha demostrado el sindicato desde los años de la carpa blanca en adelante. Siempre además haciendo una lectura política del contexto socio – económico. Decíamos el 25 de abril al informar sobre el congreso docente realizado en Capioví : “más de 5 mil docentes congregados en un congreso sindical constituyen hoy un verdadero acontecimiento político. Intrínsecamente, por la dimensión del número. Y puesto en contexto, porque contrasta con la pobre capacidad de movilización que viene demostrando el oficialismo nacional. Marilú Leverberg y la Udpm volvieron a poner de manifiesto así la fortaleza del sindicato que, nació ganando la calle con reclamos, pero supo diferenciar cuando desde el un gobierno popular se abrieron posibilidades de co-construir un modelo de gestión democrática y participativa. Es el capital simbólico que, quedó demostrado en Capioví, Hugo Passalacqua mantiene intacto”. Y el 29 de mayo, cuando informábamos de la consagración para un nuevo mandato de Leverberg, decíamos: “después de dos períodos en el Congreso de la Nación, Marilú Leverberg recibió un contundente respaldo de las bases como líder de las luchas reivindicativas docentes. Demostró que se puede responder a la doble representación, la gremial y la política sin traicionar los mandatos. Bajo la convicción de que el Estado no es neutro, se pueden articular los dos frentes de reclamos por las reivindicaciones de los trabajadores. Las luchas se libran desde el sindicato pero se consolidan en el ámbito de la política”.
Es la que irrita al gorilaje anti-sindical y al progresismo que a fuerza de reclamar lo imposible termina haciendo el juego a las derechas conservadoras. Marilú no se propone tomar la Bastilla, se conforma con lograr lo máximo posible para el bienestar de los docentes. Por eso lo temen los factores de poder.

 

 

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