Un grito existencial resuena en los comité de la Unión Cívica Radical en toda la República. La Alianza que Mauricio Macri logró se legalizara en la Convención de Gualeguaychú operada por Ernesto Sanz, Coti Nosiglia y dirigentes reconvertidos como Freddy Storani, generó críticas al interior del partido mientras las redes sociales explotaban contra el pacto. Las nuevas tecnologías, se sabe, abren canales de expresión, que si bien no escapan del todo a la concentración del poder mediático y muchas veces reproducen basura cloacal, también suelen deslizar verdades y sentimientos del ciudadano común. Eso sí, como individuo aislado. Los “memes” en la red constituyen unidades aisladas, sin plataforma, pero se han convertido en una realidad cotidiana para millones de usuarios de twitter y Facebook. Cobran envergadura cuando se consumen y reproducen constantemente, Pueden ser intrascendentes, pero pueden también constituirse en unidades con sustento teórico e información cultural, conocida como baground-image. Al trasmitirse de un individuo a otro logran efectuar una síntesis asombrosa del momento en que vive la sociedad.
EL HUNDIMIENTO DEL TITANIC: Después de Gualeguaychú las redes sociales viralizaron “memes” muy ingeniosos que, no son meramente burlas. Puede afirmarse que desde el humor desocultan lo que está oculto en el pacto de la elite ucerreísta con la derecha desembozada que postula a “Mauricio”. La más difundida es el montaje de Macri haciendo el saludo alfonsiniano de tomarse las manos y extender los brazos hacia la izquierda arriba del hombro. Hay otra de Macri tomando a Carrió de la cintura de cara al viento del mar a imagen y semejanza de la película Titanic, protagonizada por Leandro Di Capri. Las lecturas son simples. Macri referente de la nueva UCR en la primera y la marcha del barco hacia los témpanos que terminarán hundiéndolos, en la segunda.
ANGUSTIA Y DISOLUCIÓN DEL PARTIDO: Pero hay un “meme” mucho más trágico en su significación. Es el que monta la cara de Raúl Alfonsín en la figura solitaria abandonada en un puente, bajo un cielo rojo sangre como un remolino, figura que se sujeta firmemente la cabeza con las manos y grita en señal de desespero. Ea rémora de El Grito del pintor noruego Edvard Munch. Una obra que para la plástica tuvo influencia en el siglo XX, pero que trascendió el mundo de los artistas porque refleja el estado existencial de la sociedad occidental de finales del siglo XIX, cuando el orden mundial ya presagiaba las guerras y el holocausto. Al mismo tiempo, los logros de la ciencia se transferían a la filosofía y el positivismo sustituía las certezas de las religiones en el día a día de la humanidad. El Grito corporiza la angustia del ser humano que, quedaba solitario en el puente librado a los avatares de la economía de mercado. Hay una situación caótica que atormenta. Son las mismas vivencias que atraviesan hoy a los radicales doctrinarios, de la resistencia kauskyana. Si el grito de Munch denunciaba la muerte de Dios, el mismo grito desde las entrañas de Alfonsín, anuncia la muerte del partido. Es un grito de la desesperanza ante el caos. El pacto con Macri duele, destruye el legado más trabajado de Alfonsín. El pacto de Olivos le costó mucho en términos de popularidad y hasta en su liderazgo. Digamos que fue el sacrificio en función de establecer con todas las letras, en la reforma de la Constitución del 94, la vigencia de los partidos políticos como herramientas insoslayables de la expresión de la soberanía popular. Sanz, Nosiglia, Storani, Stubrin y muchos que medraron a la sombra del liderazgo de “Raúl”, como le decía el entorno para diferenciarse del radical del llano, hoy, desde otras convicciones, adaptadas a la fragmentación del posmodernismo, asocian el partido a las corporaciones. La protección del poder económico los tranquiliza y los diferencia del afiliado común que, seguramente, con la disolución del partido están ganados por un sentimiento de inseguridad y miedo.

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