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Rodolfo Walsh escribió dos textos sobre nuestra región como son “La Argentina ya no toma mate” y “Kimonos en la Tierra Roja”. En Posadas existe una biblioteca popular en su honor, pero ¿hay calle con su nombre? Esta pregunta emergió en una charla el día del periodista que se celebra todos los 7 de junio porque ese día de 1810 Mariano Moreno fundaba la “Gazeta de Buenos Ayres” primer periódico de la etapa independentista argentina.

Primer medio de prensa con ideas patrióticas. Hay calle Mariano Moreno pero es periférica. Y más allá de que algunos prefiramos lo periférico a lo céntrico, es sabido que lo periférico casi siempre fue irrelevante. Es decir que si la calle Mariano Moreno no queda en pleno centro, dentro de las cuatro avenidas, es porque en algún momento de la historia posadeña se subestimó al prócer o peor: se lo desestimó, a la hora de los bautizos viales.
¿Cómo se entrelazan periodismo y literatura? La crónica es el género central de la literatura argentina. Dijo Tomás Eloy Martínez. Género que practicaron, y en el que se destacaron, entre otros, Soriano, Arlt, Fresán, Kapuscinski, Caparrós, Piglia, Quintin, Mansilla, Borges, Walsh, Cortazar, Dolina. -No hay como un periodista para usar palabras largas al servicio de ideas cortas- ironizaba Guillermo Cabrera Infante, periodista y novelista, siempre reflexionando sobre la relación y convivencia de sus dos actividades.
Según Álvaro Abós, Natalio Botana contrata a Roberto Arlt en 1927 como reportero policial de Crítica percibiendo su capacidad de transformar el magma de la vida criminal en lenguaje narrativo. Algo que no le brindaban los otros cronistas que trabajan para él: González Tuñón, Tálice y Conrado Nale Roxlo. Arlt era el mejor cronista urbano, versificaba comisarias y bares. “proxenetas, bandoleros, etc. Todos agonistas de los relatos de Arlt, tenían su salida en el paroxismo del crimen” dice Abos.
Dicen que en esa época el diario, además de fuente de información, lo era de formación, recurso para entretener los ocios de la vida urbana e instrumento para fines más elevados, vinculados a la dignidad de los ciudadanos.
Damián Tabarowsky escribió un artículo llamado A favor de los columnistas en el cual dice que siempre leía más que nada novelas, ensayos, cuentos o poesía, y un día empezó a leer más que nada, “no sin sumo placer, a columnistas, cronistas, articulistas, y otros representantes de los antiguamente llamados géneros menores”.
¿Me habré convertido en columnista? Se pregunta. La crónica casi siempre le pareció un género demasiado impresionista: alguien viaja, ve lo que pasa y cuenta sus impresiones (por lo general, las de una señora gorda). Las columnas le producían rechazo por la obsesión de los columnistas por ser agradables, cuidadosos con el lenguaje y siempre tan inteligentes, pero debido a la dedicación a este oficio desde hace varios años, empezó a gustarle el formato, la columna, el ensayo breve, la nota corta, la digresión sucinta y la frase perecedera, géneros y estilos diferentes a los que venía practicando en la literatura. Tabarowsky recomienda a Roberto Merino, columnista de la Revista de Libros de El Mercurio, de Chile. En sus artículos, que se encuentran fácilmente por Internet, “Merino oscila, con gran destreza, entre la crónica urbana y el análisis literario. Quizás el arte de un buen columnista resida en volver asombroso un simple objeto trivial”.
Silvio Liuzzi, estudioso del idioma guaraní, ex profesor en la Facultad de Humanidades de Posadas y profesor de la Universidad de La Soborna, tradujo al guaraní Carta Abierta de Walsh, escrita en 1977, probablemente esta acción hubiera enorgullecido más a Walsh que una calle con su nombre para la memoria del pueblo.

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