Misiones logró disminuir notablemente los casos de dengue. La epidemia del verano pasado fue superada con políticas de prevención desplegadas en todo el territorio provincial durante los 365 días del año. El Ministerio de Salud articulando medidas con los 75 municipios logró la participación activa de la sociedad en la descacharrización. Hay una profunda significación política y democrática en ese compromiso de vida.

Posadas (Miércoles, 22 de febrero) Este año el dengue no es la epidemia que azotó a los misioneros durante el verano anterior. En este misma fecha en 2016 se reportaban más de mil personas afectadas sólo en el término de 15 días, mientras el número de casos por la patología superaban los 3.500. La alerta epidemiológica llevó incluso al Gobernador a decretar asueto administrativo el 1° de febrero del año pasado. En abierto contraste, los indicadores hasta la semana pasada daban 503 sospechosos, con sólo 5 probables y de los cuales se confirmaron 2. Ya se descartaron 450.
Esta notable disminución de casos no fue un fenómeno natural. Ni fue magia.  Es el resultado de medidas de prevención y una intensa campaña desplegada por el Ministerio de Salud a lo largo y ancho de todo el territorio provincial durante los 365 días del año. Pero el éxito de la gestión radica en la articulación en campo con los 75 intendentes de la provincia y sus áreas de saneamiento ambiental, con el Ministerio de Educación que involucró a docentes y alumnos y gracias a la logística aportada por el Ministerio de Gobierno.
Pero según relata el ministro Walter Villalba, hay un dato subyacente en todo el despliegue para combatir la plaga, es la sintonía entre el Estado y la sociedad en el compromiso de descacharrización.
Por supuesto que este protagonismo social tuvo en la convicción política de la Renovación y las estructuras de la Administración un rol insoslayable. Aunque oficialmente no se expresen diferencias con la gestión en el orden nacional, es un secreto a voces que Misiones estuvo desamparada del Estado nacional, desde diciembre de 2015 hasta noviembre de 2016. Con recursos propios mantuvo la lucha contra el vector durante todos los días, todos los meses y nuestra frontera con el país operaba de hecho como contención de la propagación. Hace tres meses recién las autoridades de la Nación giraron el aporte de 15 millones de pesos para financiar el programa.
Mientras, con recursos propios, sin quedarse de brazos cruzados y responsabilizar al ajuste y las políticas nacionales, el Ministro misionero armó para la Provincia, con laboratorio propio y la compra de reactivos  un sistema autónomo, mucho más ágil para estudiar los casos sospechosos, descartarlos o confirmarlos.
También se establecieron definieron, desde la Provincia,  políticas en conjunto con Paraguay y Brasil. Aunque no pudieron controlar el vector, en los hechos se logró mayor control, con la simple medida de ir a recabar datos de ambos países y establecer líneas de conducta fuertes en las costas.
Hay otro dato sustancial, que tiene vasos comunicantes con el logro de la participación social. Fue la decisión de poner en funcionamiento talleres de capacitación, que sin descanso, y hasta tres veces por día en toda la Provincia, empoderó a municipios y vecinos de los métodos de prevención. Los fondos propios financian también la conformación de una estructura fija de recursos humanos. Hay un contraste con las políticas nacionales en este sentido. La significación queda explícita al comparar que el presupuesto en Salud en Misiones supera el 15% de los gastos totales del Estado provincial, cuando la Nación cerró programas especiales vigentes a 2015 y disminuyó la finalidad Salud al 2% del total de sus erogaciones.

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