“Dejen de hablar de las provincias como estados subnacionales. Las provincias son antecesoras de la Nación”, bramó el senador Adolfo Rodríguez Saá ante secretario de Política Económica, Sebastián Galiani, que ayer representó al ministro Dujovne en la bicameral para la reforma tributaria. El lenguaje del técnico deslizó su cosmovisión posmoderna de la historia y la sociedad argentina. Enfrente tuvo nada menos que al ex presidente, Kicillof y Marcos Lavagna

Buenos Aires (Jueves, 11 de mayo) La comisión Bicameral para la Reforma Tributaria inició ayer las reuniones con el objetivo de aprobar una reforma integral del sistema impositivo nacional. Fue constituida por consenso de los bloques que asumieron la deuda que tiene la democracia desde 1983. El diputado Luciano Laspina del PRO, que preside la bicameral, planteó la necesidad de trabajar en un diagnóstico sobre la situación impositiva en la que se encuentra el país: “Debemos partir de un diagnóstico en común sobre la situación impositiva de la Argentina”.

Una comisión en la que participan pesos pesados de las oposiciones, como Axel Kicillof, Marcos Lavagna, y el ex presidente Adolfo Roríguez Saá, es garantía de un debate a fondo que no se quede en la superficie ni en consignas. Por eso, en los pasillos del Congreso se observó críticamente la ausencia del ministro Dujovne en la reunión, a la que envió a técnicos no sólo desprovistos de aptitudes políticas sino proclives a abordajes económicos disociados de los problemas sociales y productivos.  Los encargados de realizar el cuadro de situación fueron el secretario de Política Económica de la Nación, Sebastián Galiani, el subsecretario de Ingresos Públicos del Ministerio de Hacienda, Andrés Edelstein y el subsecretario de desarrollo del Ministerio de Hacienda, Guillermo Cruces.

El portavoz Galiani, inició la exposición con un power point, en evidente confusión de la audiencia. “Tenemos que generar incentivos y, uno de ellos es el sistema tributario”, fue una de las frases de superficie que dicen todo y no dicen nada. “Para 2019 buscamos reducir el déficit fiscal en 2 puntos del PBI”, repitió como si estuviera en una clase y siguió: “es fundamental que la estructura tributaria no desaliente el crecimiento”.

Formado en la ortodoxia de las fundaciones que respaldan al Gobierno, Galiani llegó a la Comisión con una definición previa que resume su mirada ideológica: “el consumo nunca es la base del crecimiento. Es al revés. Es el aumento de la riqueza lo que nos permite vivir mejor y, por tanto, aumentar el consumo. La administración kirchnerista cambió la causalidad y terminamos en una economía estancada y cada vez más regulada y distorsionada”.

No fue casual entonces que se produjeran fuertes enfrentamientos con respresentantes del federalismo profundo como el puntano o heterodoxos de la envergadura e los dos economistas enrolados en el kirchnerismo y el massismo.

Galiani no pudo hacer hablar al power point, ese machete moderno que apoya las exposiciones flojas de fundamentos filosóficos. Como revela Las Política Online, aunque Laspina no pudo evitar que los legisladores acorralaran a Galiani. “Por favor, deje de hablar de las provincias como estados subnacionales. Entienda que las provincias fueron antecesoras de la Nación”, lo corrigió Adolfo Rodríguez Saá, poco antes de despedirse.

Galiani explicó que en 2001 el gasto del Estado era de un 25,6% del PBI y en 2015 ya estaba en el 42,2%. Señaló que la disparada se explica por salarios, seguridad social y subsidios.

Con la excusa de la marcha por el 2×1, Galiani, que fue docente de Oxford y confesó haber llegado hace poco al país, prometió limitarse a detallar el trazo grueso del déficit fiscal y recién el 31 de mayo debatir los impuestos en particular.

“El Estado argentino gasta demasiado. La mitad del gasto lo hacen las provincias, que tienen más personal. Y la mitad del gasto nacional es en seguridad social”, señaló para adelantar que el gobierno de Macri logró bajar la participación el gasto público al 41.8% con relación al PBI después de subir 15 puntos desde 2002.

El chaqueño Eduardo Aguilar, ex ministro de Economía de Jorge Capitanich (Galiani le pidió que se identificara y le recordó que fue su alumno) le preguntó si quería cambiar el sistema de coparticipación, pero no tuvo respuesta del funcionario. Galiani sólo recordó que discutirá el impacto de impuestos nacionales, que son coparticipables. Las provincias chicas no quieren tocar el reparto que se hace de ese dinero, motivo de buena parte de sus presupuestos.

Kicillof no demoró el choque de modelos. “Cuando yo iba a la facultad me decían que los países comunistas gastan mucho sobre el PBI y los capitalistas pocos. Pero resulta que entre los primeros estaban Suecia y Noruega, que ahora tienen estándares de servicios públicos soñados por nosotros”.

Galiani se negó a blanquear si el Gobierno pretende tocar el sistema de coparticipación en la reforma tributaria. El funcionario se limitó de decir que sólo se discutirán los impuestos nacionales, que son coparticipables.

“Y si nos comparamos con Chile, le recuerdo que tiene el sistema de seguridad social privatizado. De manera que si nosotros sacáramos ese gasto del Presupuesto tendríamos superávit de inmediato. Entonces le pido que aclarar qué tipo de modelo tiene en mente”, lo corrió Kicillof.

De acuerdo con la crónica de LPO, serio, Galiani evitó entrar en su juego pero le respondió un rato después, tras minimizar el impacto del trabajo en negro, “porque es gente que gana poco”. “Tenemos que entender que cualquier gasto hay que financiarlo. Y no tenemos una moneda que sea reserva de valor”, dijo Galiani, ante el estupor de los legisladores que lo escuchaban que podían creer la frase tipo Plaza Sésamo. Rápido de reflejos, el jefe del bloque PRO, Nicolás Massot, percibió el malestar y desvió el tema: Le pidió que se explayara sobre el impacto del “impuesto inflacionario”, pero lo peor no había pasado.

El diputado pampeano Sergio Ziliotto anticipó que no lo iba a dejar cuestionar tan fácil el gasto de su jefe, el gobernador Carlos  Verna, enfrentado a Macri. “Tiene que entender que las provincias son las responsables de servicios públicos, como salud, educación y seguridad. Las dos primeras se traspasaron en los noventa. Por eso pagan más salarios. Lo que tiene que hacer es premiar a las que tienen menos déficit”, le sugirió.

Marco Lavagna también le aclaró a Galiani que no lo iba a dejar debatir números sin contexto. “Lo primero tiene que haber es un planteo filosófico sobre qué impuestos queremos cobrar. Si queremos cobrarle al consumo o a la renta. Porque si discutimos números y luego hay un proyecto donde el impacto sobre la renta es menor, yo lo voy a votar en contra”, adelantó.

Incómodo, Galiani se escudó por enésima vez que ese tipo de detalle iba a quedar para la reunión siguiente, donde anunció se iba a abordar la discusión de los impuestos específicos.

Después vino el reto de Rodríguez Saá, harto de la terminología del funcionario: Le reprochó que tratara a las provincias como “subnacionales”, una capiti diminutio que ofendió al puntano, que apeló a una lección de historia del federalismo argentino. “Uso subnacionales para definir técnicamente el gasto de provincias y municipios. Prometo, desde ahora en más, decir provincias”, respondió conciliador Galiani.

Fogueado en estos debates, Laspina celebró algunos “consensos” como la coincidencia sobre la alta carga impositiva y el bajo impacto de la inversión en subsidios. “Para la próxima esperamos un debate más ríspido”, lo mortificó a Galiani a modo de despedida.

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