El stand oficial de la Argentina en la Feria del Libro de Bogotá (FILBO), Colombia, desató polémicas después de que el que el director de la Biblioteca Nacional, Alberto Manguel, lo calificó como “un gesto absurdo de populismo” y salió a pedir disculpas a los organizadores colombianos. El ministro Pablo Avelluto, encargado del montaje del puesto, armó una suerte de estadio de fútbol que enfureció a Manguel.  Aquí, Santiago Morales desdramatiza el conflicto y con una fina ironía observa que las analogías con frases propias del ambiente del fútbol son corrientes en nuestro léxico pero destaca que “el uso, o abuso, descontextuado puede hacerte perder por goleada”.

Posadas (Sábado, 5 de mayo) La Feria Internacional del Libro en Bogotá (FILBo) tuvo como país invitado de honor a la Argentina. (¿País invitado de honor? para qué). Bajo el lema “La literatura argentina sale a la cancha” se levantó un pabellón en un amplísimo espacio de 3.000 m². Sin embargo, el diseño del mismo, lejos de remitir a cuestiones literarias o al libro en general, tuvo su foco en el fútbol.
Filbo filbo… habrán pensado los ideólogos, el ministro Avellto, los comunicadores y/o los diseñadores, no se nos ocurre nada, bueno, somos Argentina, somos un equipo, es el año del mundial, Macri es el presidente, hagamos algo sobre el fulbo.
Alberto Manguel es un escritor argentino, pero nació en Israel, pero vivió 30 años en Canadá, ahora es director de la Biblioteca Nacional. “Pido disculpas en nombre de todos los argentinos por el vergonzoso escenario de un estadio de fútbol montado en una fiesta del libro”; expresó. “Celebramos seguramente esos notables futbolistas Borges, Bioy Casares, Alejandra Pizarnik, Cortázar, desde el Martín Fierro en adelante… pero les pido de nuevo disculpas por ese gesto tan absurdo de populismo”.
Insólita y exageradamente, otros autores argentinos que participaron de la comitiva en Bogotá consideraron la puesta en escena como un acierto.
Yo no fui. Muy lejos. Ni siquiera a la de Buenos Aires, muy caro. Ni siquiera a la de Oberá, no pude. Pero cuando voy alguna me gusta parar en un stand de editoriales independientes y ver qué catálogos tienen, como también lo puedo hacer por internet. Si me cruzo con un stand canchita de futbol no entro, paso de largo, pero no porque no me guste el futbol, que me fascina, también me gusta Alicia en el país de las maravillas, motivo repetido a la hora de ilustrar. Los stands ambientados con gigantografías me parecen más propicios para un cumpleaños infantil (tampoco entendí nunca las gigantografías de humanos, como si un enorme Saramago o Borges no fueran pavorosos) De clichés como “Salimos a la cancha” estamos rodeados, estamos en el horno es uno de ellos, y lo estamos. Por suerte esas elecciones de slogans no representan la calidad del producto expuesto que es la literatura argentina.
Este no es un gobierno de censura, deslizó Manguel, el ministro de Cultura de la Nación nunca me prohibió dar mi opinión en público. No es textual la cita, pero lo dijo, no es una opinión mía. Con respecto a sus palabras, explicó: “Yo no critiqué la presencia de la Argentina en la Filbo. La Argentina era el país invitado. Di una opinión sobre la elección de convertir el stand argentino en una cancha de fútbol, como lo hubiese hecho si lo hubiesen convertido en una pizzería, en un lugar de asado, en un campo de Polo. Todas son actividades nobles, pero es una feria del libro. ¿Los jugadores argentinos que vayan al Mundial van a llevar las obras de Borges?, ¿van a leer poemas en la cancha?”. Evidentemente no le gustó la parafernalia. Es que la felicidad, la alegría, esos estandartes actuales, no congenian con el pensamiento profundo (al menos no en el sentido jocoso y físico que se le da a esos conceptos)
Es difícil imaginar a Manguel, a Saer, a Foucault, a cualquier lector serio visitante de la feria, haciendo”trencito” prendido de la cintura de otro escritor o funcionario de cultura.
¿Pero no hay acaso libros de fútbol proliferando en los últimos años? y, si no se puede hacer una estética escenográfica en base a un tema cualquiera ¿qué se esperaba? una temática nula, neutra, o una alusión a la literatura? ¿el desierto de Zama? ¿libros cientificos? ¿libros cultos? ¿no nos refleja acaso el futbol? no refleja lo banal de nuestra literatura sino de nuestro consumo.
“La feria del libro es un mercado, pero un mercado que tiene la ventaja para la cultura de promover los libros” continuó Manguel. “Tiene algo de zoológico también, porque los lectores, maravillados por una obra, quieren saber cómo se hizo. Como si estuviesen en uno de sus actos de magia en el que el mago saca un conejo del sombrero. Entonces quieren saber, quieren ir detrás de las bambalinas y ver cómo se hizo el truco. Los lectores vienen a ver a los escritores para saber cómo hizo esto, cómo Tolstoi escribió Ana Karenina, qué inspiración tuvo, cómo eligió las palabras. A todo esto no hay respuesta, pero los lectores siguen insistiendo, como uno va a ver al tigre o al mono en el zoológico”.
Representando a nuestro país participaron 32 escritores, 30 editores y 30 artistas. Uno de ellos fue Eduardo Sacheri quien estuvo a cargo del discurso inaugural (¿lo habrán llamado por su recurrencia a meter futbol en su literatura o viceversa?) También participaron, entre otros, Diego Golombek, María Teresa Andruetto, Leopoldo Brizuela, De Santis, Olguín, Adela Basch, Silvia Molloy, Arturo Carrera, Ivonne Bordelois, Martín Sivak, Andrés Neuman.
“Los libros también son juegos: juegos más divertidos, más vitales, más bellos que el fútbol. Pero, también, son más peligrosos que el fútbol. En esta descarada macrización del continente, por supuesto que por delante va el fútbol: algo que a todos gusta, que a todos supuestamente nos une, que a todos adormece y en lo que no entran en juego las ideas”, se animó a decir la escritora colombiana Carolina Sanin.
Si efectivamente a todos no nos adormeciera hubiéramos hinchado por Brasil en 2014, hubiéramos querido que salga campeón pentacampeao o hepta o lo que fuera, para que el más popular de los deportes tiñera las calles las favelas y los cerebros mal llamados corazones brasileros de fiesta y el pueblo hubiera podido apoyar a Dilma mínimamente. Y ningún kirchnerista alentaría a la selección en Rusia 2018 si no quieren ver a Macri y Messi abrazados en el obelisco, porque no sé si es parte del populismo, del pan o del circo o como se llame ese concepto político pero hay consuelo barato en las copas, hay apropiación en la identificación con los signos, para quien nada gana diariamente es importante ganar, como una triste generación de oxigeno. Por eso no es extraña la estrategia del fútbol en la feria del libro, y no extrañaría ver los próximos dos meses el fútbol en todos lados, incluso los discursos hechos con la camiseta celeste y blanca puesta en vez del traje habitual.
Que se maquille o disfrace una feria con un traje tan banal como el fubolero a mí no me molesta, ni me pincha ni corta. A mí me gusta , como lector, leer. El disfraz fútbol es banal, nada ingenioso, cursi, como miles de disfraces. Lo peor de este caso es más profundo, es lo que denuncia el Recorte de “El Tiempo” de Bogotá y algunos medios de Colombia, el patotismo criollo, la actitud de algunas autoridades argentinas, que pidieron a algunas librerías
bajar el caudal de autores locales expuestos, en favor de escritores argentinos. Más todas las ocultaciones que intenten paliar con estas “alegrías”. Tradicionalmente, tantos los autores locales como los del país invitado, tienen un espacio similar, Argentina, que se quiso llevar América por delante, como muchas otras veces, tenía dentro del pabellón incluso un stand de un canal deportivo. Los verdaderos culpables son los organizadores, incautos, que si hubieran invertido el orden de las siglas y elegido Bogotá Feria Internacional del libro (BoFil) el stand del país invitado hubiera brillado chamamecero.

Las analogías con frases propias del ambiente del fútbol son corrientes en nuestro léxico. (propongo léxico 86 para la próxima feria si se hace en el país azteca) pero el uso, o abuso, descontextuado puede hacerte perder por goleada. El stand oficial de la Argentina en la Feria del Libro de Bogotá (FILBO), Colombia, desató un escándalo después de que el que el Director de la Biblioteca Nacional, Alberto Manguel, lo calificó como “un gesto absurdo de populismo” y salió a pedir disculpas a los organizadores colombianos.

En tierras donde la figura de Gabriel García Márquez es un estandarte, el Ministro de Cultura de la Nación, Pablo Avelluto, encargado del montaje del puesto de nuestro país en el reconocido evento, armó una suerte de estadio de fútbol que enfureció a Manguel.

La Feria Internacional del Libro en Bogotá (FILBo) tuvo como país invitado de honor a la Argentina. (¿País invitado de honor? para qué). Bajo el lema “La literatura argentina sale a la cancha” se levantó un pabellón en un amplísimo espacio de 3.000 m². Sin embargo, el diseño del mismo, lejos de remitir a cuestiones literarias o al libro en general, tuvo su foco en el fútbol.
El ministro es Avelluto.
filbo filbo… habrán pensado los ideólogos, los comunicadores y/o los diseñadores, no se nos ocurre nada, bueno, somos Argentina, somos un equipo, es el año del mundial, Macri es el presidente, hagamos algo sobre el fulbo.
Alberto Manguel es un escritor argentino, pero nació en Israel, pero vivió 30 años en Canadá, ahora es director de la Biblioteca Nacional. “Pido disculpas en nombre de todos los argentinos por el vergonzoso escenario de un estadio de fútbol montado en una fiesta del libro”; expresó. “Celebramos seguramente esos notables futbolistas Borges, Bioy Casares, Alejandra Pizarnik, Cortázar, desde el Martín Fierro en adelante… pero les pido de nuevo disculpas por ese gesto tan absurdo de populismo”.
Insólita y exageradamente, otros autores argentinos que participaron de la comitiva en Bogotá consideraron la puesta en escena como un acierto.
Yo no fui. Muy lejos. Ni siquiera a la de Buenos Aires, muy caro. Ni siquiera a la de Oberá, no pude. Pero cuando voy alguna me gusta parar en un stand de editoriales independientes y ver qué catálogos tienen, como también lo puedo hacer por internet. Si me cruzo con un stand canchita de futbol no entro, paso de largo, pero no porque no me guste el futbol, que me fascina, también me gusta Alicia en el país de las maravillas, motivo repetido a la hora de ilustrar. Los stands ambientados con gigantografías me parecen más propicios para un cumpleaños infantil (tampoco entendí nunca las gigantografías de humanos, como si un enorme Saramago o Borges no fueran pavorosos) De clichés como “Salimos a la cancha” estamos rodeados, estamos en el horno es uno de ellos, y lo estamos. Por suerte esas elecciones de slogans no representan la calidad del producto expuesto que es la literatura argentina.
Este no es un gobierno de censura, deslizó Manguel, el ministro de Cultura de la Nación nunca me prohibió dar mi opinión en público. No es textual la cita, pero lo dijo, no es una opinión mía. Con respecto a sus palabras, explicó: “Yo no critiqué la presencia de la Argentina en la Filbo. La Argentina era el país invitado. Di una opinión sobre la elección de convertir el stand argentino en una cancha de fútbol, como lo hubiese hecho si lo hubiesen convertido en una pizzería, en un lugar de asado, en un campo de Polo. Todas son actividades nobles, pero es una feria del libro. ¿Los jugadores argentinos que vayan al Mundial van a llevar las obras de Borges?, ¿van a leer poemas en la cancha?”. Evidentemente no le gustó la parafernalia. Es que la felicidad, la alegría, esos estandartes actuales, no congenian con el pensamiento profundo (al menos no en el sentido jocoso y físico que se le da a esos conceptos)
Es difícil imaginar a Manguel, a Saer, a Foucault, a cualquier lector serio visitante de la feria, haciendo”trencito” prendido de la cintura de otro escritor o funcionario de cultura.
¿Pero no hay acaso libros de fútbol proliferando en los últimos años? y, si no se puede hacer una estética escenográfica en base a un tema cualquiera ¿qué se esperaba? una temática nula, neutra, o una alusión a la literatura? ¿el desierto de Zama? ¿libros cientificos? ¿libros cultos? ¿no nos refleja acaso el futbol? no refleja lo banal de nuestra literatura sino de nuestro consumo.
“La feria del libro es un mercado, pero un mercado que tiene la ventaja para la cultura de promover los libros” continuó Manguel. “Tiene algo de zoológico también, porque los lectores, maravillados por una obra, quieren saber cómo se hizo. Como si estuviesen en uno de sus actos de magia en el que el mago saca un conejo del sombrero. Entonces quieren saber, quieren ir detrás de las bambalinas y ver cómo se hizo el truco. Los lectores vienen a ver a los escritores para saber cómo hizo esto, cómo Tolstoi escribió Ana Karenina, qué inspiración tuvo, cómo eligió las palabras. A todo esto no hay respuesta, pero los lectores siguen insistiendo, como uno va a ver al tigre o al mono en el zoológico”.
Representando a nuestro país participaron 32 escritores, 30 editores y 30 artistas. Uno de ellos fue Eduardo Sacheri quien estuvo a cargo del discurso inaugural (¿lo habrán llamado por su recurrencia a meter futbol en su literatura o viceversa?) También participaron, entre otros, Diego Golombek, María Teresa Andruetto, Leopoldo Brizuela, De Santis, Olguín, Adela Basch, Silvia Molloy, Arturo Carrera, Ivonne Bordelois, Martín Sivak, Andrés Neuman.
“Los libros también son juegos: juegos más divertidos, más vitales, más bellos que el fútbol. Pero, también, son más peligrosos que el fútbol. En esta descarada macrización del continente, por supuesto que por delante va el fútbol: algo que a todos gusta, que a todos supuestamente nos une, que a todos adormece y en lo que no entran en juego las ideas”, se animó a decir la escritora colombiana Carolina Sanin.
Si efectivamente a todos no nos adormeciera hubiéramos hinchado por Brasil en 2014, hubiéramos querido que salga campeón pentacampeao o hepta o lo que fuera, para que el más popular de los deportes tiñera las calles las favelas y los cerebros mal llamados corazones brasileros de fiesta y el pueblo hubiera podido apoyar a Dilma mínimamente. Y ningún kirchnerista alentaría a la selección en Rusia 2018 si no quieren ver a Macri y Messi abrazados en el obelisco, porque no sé si es parte del populismo, del pan o del circo o como se llame ese concepto político pero hay consuelo barato en las copas, hay apropiación en la identificación con los signos, para quien nada gana diariamente es importante ganar, como una triste generación de oxigeno. Por eso no es extraña la estrategia del fútbol en la feria del libro, y no extrañaría ver los próximos dos meses el fútbol en todos lados, incluso los discursos hechos con la camiseta celeste y blanca puesta en vez del traje habitual.
Que se maquille o disfrace una feria con un traje tan banal como el fubolero a mí no me molesta, ni me pincha ni corta. A mí me gusta , como lector, leer. El disfraz fútbol es banal, nada ingenioso, cursi, como miles de disfraces. Lo peor de este caso es más profundo, es lo que denuncia el Recorte de “El Tiempo” de Bogotá y algunos medios de Colombia, el patotismo criollo, la actitud de algunas autoridades argentinas, que pidieron a algunas librerías
bajar el caudal de autores locales expuestos, en favor de escritores argentinos. Más todas las ocultaciones que intenten paliar con estas “alegrías”. Tradicionalmente, tantos los autores locales como los del país invitado, tienen un espacio similar, Argentina, que se quiso llevar América por delante, como muchas otras veces, tenía dentro del pabellón incluso un stand de un canal deportivo. Los verdaderos culpables son los organizadores, incautos, que si hubieran invertido el orden de las siglas y elegido Bogotá Feria Internacional del libro (BoFil) el stand del país invitado hubiera brillado chamamecero.

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