El Poder Judicial “pasó a ser el principal instrumento para la persecución política”.

Posadas (jueves, 10 de mayo). Reconocida por su actuación en juicios de alto impacto, como el de la dirigente social Milagro Sala en Jujuy, el juicio por el encubrimiento del atentado a la Amia durante el menemismo, o el encarcelamiento del referente mapuche Facundo Jones Huala, la abogada Elizabeth Gómez Alcorta, quien disertó recientemente en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM, habló con Misionesplural sobre el rol central de la instrumentación política de la Justicia en la actualidad. Definiéndose a sí misma como “una militante que trabaja de abogada”, y reivindicando el pensamiento feminista tanto como un compromiso activo con los movimientos de Derechos Humanos , Gómez Alcorta no duda en calificar de “misógino” al Poder Judicial, “el más conservador y anti popular de los poderes”, en su opinión. La joven jurista, graduada con honor en la UBA y docente de la carrera de Derecho en esa facultad, que integra el CELS y actuó como representante del Estado en los Juicios por la Verdad y Justicia, durante el gobierno anterior, remarcó el retroceso de las políticas de Estado en lo relativo a los Derechos Humanos a partir de la asunción del gobierno de Cambiemos. La también abogada de Milagro Sala juzgó con severidad la actuación del gobernador Morales en la detención de la líder de la Tupac Amaru, a quién consideró víctima de un linchamiento “por ser mujer y representar una alternativa de emancipación”. Gómez Alcorta observó que el rasgo más preocupante de la actualidad es el “corrimiento de los límites” en la actividad represiva del Estado. Observó que el tinte disciplinador y represivo de las políticas del gobierno de Cambiemos coincide con señales en el escenario externo, como “el machismo, el racismo y la xenofobia” que impregnaron el discurso con el que Donal Trump llegó al poder en Estados Unidos.

 

-La judicialización de la política, de la que se puede ver un primer antecedente en la región con el proceso por corrupción a Collor de Melo en Brasil, y que está representada cabalmente en ese país con la detención del ex presidente Lula da Silva, de repercusión mundial ¿es hoy un aspecto central de la confrontación política?
-Creo que el poder judicial siempre fue un poder político, lo que ha sucedido es que durante toda la vida se mantuvo de algún modo a resguardo de que se sepa eso. Si uno lo piensa, en 1930, primer golpe cívico militar en Argentina, la Corte Suprema de Justicia dicta una acordada donde dice que los pactos dictados por el gobierno militar son legales; a partir de eso nadie podría decir que el Poder Judicial no es un actor político central en nuestra historia. Sí sucede sobre todo en las últimas décadas que este protagonismo se torna central, y no sólo en la Argentina. ¿Cómo pensar que hace dos semanas está Lula preso, el principal líder de la oposición de Latinoamérica, principal dirigente político y con mayor intención de voto en Brasil; también se puede pensar en Zelaya en Honduras, Glas en Ecuador, y el 7 de diciembre pasado le pidieron el desafuero a Cristina Fernández de Kirchner. Lo que ha sucedido, por lo menos en este último período, de dos o tres años, es que la principal herramienta para la persecución política pasó a ser el Poder Judicial. Y siempre digo lo mismo, en la década del 90 el Poder Judicial en Argentina tenía un poder muy importante, si uno piensa en los jueces de la servilleta, en la Corte automática del menemismo, pero la función central que tenía, políticamente, era asegurar impunidad, “vos hacés tus negocios y tenés asegurado que no tendrás problemas judiciales”…

-¿Hoy los jueces entran a la cancha?, por decir así…
-Exactamente, entonces lo que hacían era eso, en las provincias uno puede verlo claramente, los acuerdos para que no se vaya a investigar lo que se debería investigar. Era eso, el manto de impunidad asegurado, que es el mismo rol que ocupó centralmente el Poder Judicial en la última dictadura cívico-militar. Yo le digo a los alumnos míos (de la carrera de Derecho en la UBA) miren, cuando vinieron los militares en el 76, cerraron todas las Legislaturas y Congresos, además de todas las primeras, segundas y terceras planas de los poderes ejecutivos, provinciales y nacional, sin embargo solamente sacaron a los jueces de las Cortes y Superiores Tribunales, todo el resto de los jueces se mantuvieron en sus funciones. ¡Quiere decir que para llevar a cabo el programa de represión ilegal en la Argentina, no eran un obstáculo, claramente, todos los jueces y los fiscales! Sin embargo, toda la gente siguió suponiendo mucho tiempo que ese ámbito iba a ser un ámbito en que, primero, se iba a hacer justicia y, segundo, era un ámbito no politizado; cuando no hay ninguna razón para verlo así. Hay una cantidad de discursos que sostienen eso, y de hecho parte de la judicialización de la política –algo que en Brasil le dicen Law fare, un término ya establecido internacionalmente- tiene que ver con que hoy se puede resolver meter presa a cualquier persona argumentando cualquier cosa. Por ejemplo, se dijo que cuando se produjeron los atentados a la Amia y la Embajada de Israel Argentina vivía en una guerra y por eso eran actos de guerra, para poder justificar una calificación como “traición a la patria” (calificación del juez Claudio Bonadío en la causa por el Memorándun con Irán), algo que ni siquiera es una interpretación del derecho, es modificar una interpretación de la realidad! Es imposible que estos sean actos de guerra, si el Congreso no declaró la guerra, que es la única forma de que podrían haberlo sido.

-¿Este es el caso del Juez Bonadío en la causa Nisman…?
-Sí, puede ser Bonadío, en muchas de sus resoluciones, pero se puede poner otros nombres, Moro en Brasil, o los Puyén Llermanos en Jujuy, está claro, son formatos, es eso. Y lo que cuenta en estos casos es el manto de legalidad, la gente, por lo menos en principio, ve que si hay un fiscal y un expediente no es lo mismo que la pura fuerza, donde agarran a alguien y lo llevan preso por la fuerza, simplemente. Acá lo que hay es la utilización de una herramienta que tendría que ser para asegurar derechos y se utiliza como una herramienta política sin límites. Creo que el momento que estamos viviendo es ese, hay un hecho que es muy paradigmático, que habla para mí de una forma distinta de cómo todo el tiempo la estamos pensando. Si uno quiere poner un ejemplo de paroxismo de la judicialización de la política, es el traspaso del mando entre Cristina y Macri; durante 12 horas no hubo un presidente y quien decidió quién pasaba el bastón fue una jueza, Servini de Cubría. Tuvimos por doce horas en la presidencia a Federico Pinedo, al cual no lo había elegido nadie como presidente. Hay algo más ridículo en el plano político que esto? Algo se tiene que resolver en el plano de lo político, y viene un juez, al que no eligió nadie, que tiene mandato de por vida, que tiene privilegios, no paga impuestos como todos, tiene beneficios laborales como no los tiene nadie, y el 99,99% de los argentinos no le conoce la cara, y resuelve una cuestión de Estado! ¡Ese es el problema!

-La reforma judicial que había impulsado Cristina durante su gobierno, que de alguna manera puso en el tapete esto, al decir que los jueces tenían que pagar impuestos, que ratificar sus conocimientos y ser electos, etc. Esto ¿generó una reacción corporativa fuerte y derivó en la situación actual?
-Los proyectos de Cristina no decían eso, eran seis leyes que se las llamó como las leyes de un proyecto de democratización del Poder Judicial; efectivamente, algunas tenían a democratizar, como el ingreso democrático el Poder Judicial, era un intento, pero no pusieron en jaque en términos reales a la corporación, porque para pensar la limitación de los mandatos o la obligación deactualización de mandatos en términos de la magistratura, hay que modificar la Constitución. La Constitución nuestra prevé la inviolabilidad y la perdurabilidad mientras dure la buena conducta, entonces nosotros tenemos ahí un déficit que es constitucional. Sin embargo hay que decir que el Poder Judicial es el poder más conservador, más corporativo -más misógino además-, y claramente anti popular de los poderes del Estado. Y en ese sentido, sin lugar a dudas, cuando se siente que hay algún intento de hacerlo retroceder en sus beneficios, se va a cerrar; no solamente en el caso del kirchnerismo con ese -diría- tenue intento de presentar algunos temas como democratización del Poder Judicial, sino también con las reformas que propone este gobierno. Cuando Garavano (Germán, ministro de Justicia), intenta llevar adelante proyectos –que para mi son muy malos- como crear una red con una equis cantidad de jueces federales que puedan intervenir en todo el país. Para mí es un proyecto malo y es inconstitucional, pero, claramente, atenta contra la posición que tienen los 12 jueces federales de la Capital Federal, también se cierra el Poder. No importa del color que venga, cualquier intento de modificar un beneficio, o el traspaso de la Justicia a la Capital federal, que es inentendible porqué todos los ciudadanos de la Argentina pagan con sus impuestos a un Poder Judicial que es de la Capital Federal. Digamos, por ejemplo, que un juez que interviene en un robo en Caballito le paga el sueldo la gente de Misiones. Esto es algo que atenta contra un federalismo sustantivo, cuando se ha tratado de hacer que todos estos jueces pasen a depender del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, hubo resistencias, porque esos jueces no quieren dejar sus beneficios. Sí, es un Poder altamente conservador y corporativo, y para mí es anti popular. Digamos ese es casi el rasgo más característico que tienen.

-La inviolabilidad y perdurabilidad en el cargo, que es una forma proveniente del el liberalismo clásico, está hoy en una fuerte crisis ¿no?
-La idea de pensar que una persona es juez y no puede alterársele su salario y tampoco puede estar renovando constantemente su cargo en la magistratura, estaba vinculada con la idea de la independencia, se pensaba en asegurar que los funcionarios judiciales estuvieran por fuera de la contingencia política. La idea, claramente liberal, de pensar que de esa forma los funcionarios iban a ser inmunes ante las presiones políticas, claramente que los jueces, fiscales y en este marco pongo a todos juntos, son puestos que o cargos a partir de una decisión política. Nadie que conozca el funcionamiento real puede pensar que por el sólo hecho e rendir un examen, en el mejor de los casos, ante el Consejo de la Magistratura, hace que no sea una designación política la designación de un cargo de juez, mucho más los cargos federales, que efectivamente tienen poder de intervención en conflictos políticos. Pero además, las destituciones también son políticas, hay que pensar que al juez (Daniel) Rafecas, hace poco se lo sancionó por haber dictado una resolución que fue confirmada por la Cámara.

-Hay un disciplinamiento a través de estas formas
-Exactamente, el modelo de disciplinamiento a través de la destitución es exactamente lo mismo. Es imposible suponer y sostener hoy, en las democracias contemporáneas, que un juez esté exento o sea indemne a las presiones de los poderes fácticos, cualquiera sea, en algún lugar serán de grandes medios económicos, como acá, según me dicen puede ser el poder de una empresa como Alto Paraná, que tiene el 80% de las propiedades; o pienso en un pueblo como Andalgalá, donde uno no puede suponer que un juez puede ser independiente de los sectores más poderosos; y tenemos el caso, por ejemplo, del fuero contencioso administrativo de la Ciudad de Buenos Aires, donde una ley – la ley de medios- que fue debatida como pocas y sancionada por unanimidad, como pocas leyes en nuestra democracia, pueda ser descartada por un juez que dictó una inconstitucionalidad favoreciendo al monopolio Clarín. Es imposible suponer que un juez va a poder estar exento de la presión de los poderes fácticos tanto como de los políticos. No hay modo alguno de suponer eso, entonces, sabiendo que eso en la praxis es casi de cumplimiento imposible, lo que hay que dejar de hacer es seguir sosteniendo a estos funcionarios de por vida, que además es imposible no ver cómo en 30, 40 años cambiaran las leyes, las constituciones, las capacidades, esto es así.

Retroceso en Derechos Humanos

-Desde la asunción del gobierno de Macri ha habido un retroceso muy importante en la cuestión de los juicios por delitos de lesa humanidad, algo en que usted tiene mucha experiencia, tanto como en toda la política de Derechos Humanos. Lo que aparece es que no se trata de un retroceso meramente circunstancial, sino de que hay una ideología muy activa, se apela a negar al cifra de desaparecidos reinstalando ese debate, por ejemplo, en la agenda pública, no únicamente se deja de juzgar a los genocidas, ¿Cómo ves esto?
-Creo que desde el 10 de diciembre de 2015 sucedieron varias cosas, la primera es que la política de Memoria Verdad y Justicia dejó de ser una política de Estado, algo que había sido una conquista, no fue un regalo del kirchnerismo al pueblo, sino que fue una conquista del movimiento de derechos humanos y de los sobrevivientes del terrorismo de Estado. Hubo una clara decisión que se materializa en varios sentidos, por un lado el desfinanciamiento y desmantelamiento de una importantísima cantidad de dependencias públicas que fueron creadas con la finalidad de llevar adelante políticas de memoria y justicia; por ejemplo dependencias del servicio de Justicia, de la Secretaría de Derechos Humanos y del Archivo de la Memoria, pero también otras como dependencias del Banco Central, la Bolsa de Valores, el Ministerio de Seguridad, de Defensa, etc, una cantidad de dependencias que muchas dejaron de existir, como dependencias que tenían la finalidad, por ejemplo, de acompañar a las víctimas en el momento de los juicios, notificarlos, darles acompañamiento psicológico, aportar informes, búsqueda de legajos y archivos. Los juicios de lesa humanidad no los hace un tribunal solo, es falso suponer eso, si nadie te acerca los legajos militares y de la policía, como sucedió durante mucho tiempo, y no hay dependencias que colaboren en poder investigar y conocer las estructuras militares represivas, es imposible que se pueda conocer lo que ocurrió durante el terrorismo de Estado.

Negacionismo explícito

-Esta necesidad de un soporte se vio particularmente en los Juicios por la Verdad que se hicieron en Misiones, donde las víctimas en muchos casos son del interior, de la época de acción de las ligas agrarias, y necesitaron que organismos de Derechos Humanos de la Provincia y Nación, y la Universidad, hicieran numerosas tareas de sostenimiento..
-Sin una decisión clara de un Estado en eso no se puede avanzar, y el modo en que ha llevado adelante el gobierno de Cambiemos su política es desfinanciar, desestructurar toda esa gama de dependencias, por otro lado el gobierno de Cambiemos lleva a cabo un explícito negacionismo oficial. Yo siempre lo explico, para que la gente lo pueda entender, en términos sociológicos un genocidio no termina cuando se aniquila, se destruye o mata a un sector de la población, esa aniquilación, esa otredad negativa como se dice, es un momento, el anteúltimo momento, de un proceso genocida. El último proceso genocida es cuando termina el aniquilamiento y puede llevarse adelante durante muchísimo tiempo, y tiene que ver con la negación o la relativización de esos hechos atroces. Si uno piensa que en el caso del genocidio armenio, todavía hoy hay una clara política negacionista del Estado turco, es decir, niega que eso haya sucedido. Eso es uno de los efectos de la última etapa de un proceso genocida, se niega ante la sociedad lo ocurrido, y al decir que eso no pasó, sobre todo el efecto es generar a partir de ahí la posibilidad de que vuelva a pasar. Nosotros pasamos por muchos momentos distintos en estos 35 años de democracia, y en ninguno se intenta relativizar el genocidio como en este. Y se relativiza no solamente en términos discursivos, “no son 30 mil, son 9 mil”, Macri ante una periodista extranjera dice “no me importa el número”, esa es otra forma de relativizar los graves hechos, y otro modo es tratar de presentar en pie de igualdad a las víctimas en hechos vinculados a actividades de organizaciones guerrilleras. Otro modo es el que estamos esperando que se inicie en que es una sentencia en el caso Larrabure, es intentar reabrir el proceso de juzgamiento contra compañeros que han intervenido en estos hechos; otro modo es hacer desfilar en el Día de la Independencia, en los actos oficiales de los 200 años, a represores que estuvieron, por ejemplo, en el Operativo Independencia. Hay muchos modos de tratar de sostener el negacionismo y el peor de los negacionismos es el oficial, porque ese Estado que mató, secuestró o torturó en los setenta, no importa el paso del tiempo, es el mismo Estado.
Yo igual tengo la sensación de que este es un retroceso que, por mas que estamos teniendo una fuerte embestida, y eso lo vamos a ver pronto, con el intento de juzgar a miembros de organizaciones armadas, también hay un límite al retroceso, y eso lo pudimos ver con las reacción popular en el caso de la aplicación del 2 por 1, en el caso Muiñia, hubo una rápida reacción, que no solamente convocó a los sectores que en general nos organizamos a partir del movimiento de Derechos Humanos, sino que convocó a un amplio sector de la sociedad, que va mucho más allá, digamos. Eso habla de un colchón de límite que me parece, sin querer ser muy auspiciosa, que creo es un terreno ganado en términos culturales. No nos da lo mismo que esté en el bosque de Mar del Plata Etchecolaz o no, y ya no solamente se mueven los sobrevivientes, los hijos y las organizaciones, sino el vecino del bosque que, como sucedió este verano, se siente afectado al tener a Etchecolatz en la casa de al lado, aunque tenga 90 años. Ahí hay algo que me parece que es un terreno ganado.

Una bruja del siglo XXI

-En cuanto a tu participación en casos relevantes de persecución política a través de la Justicia, como es la prisión de Milagro Sala o de facundo Jones Huala, interpreto que cuando definiste a la situación de Milagro como la de “una bruja del siglo XXI” definiste un fenómeno preocupante de esta época, el linchamiento mediático, o incluso físico como es el de la dirigente jujeña.
-El caso de Milagro tiene para mí la particularidad de que es mujer. Yo digo la bruja del siglo XXI porque para mí Milagro es una gran subvertora de los órdenes establecidos, es una mujer que no cumple con el estereotipo de mujer, una mujer pobre que lidera una organización social, una organización social con una fuerte presencia y una gran dirigencia de mujeres -que construyen casas en términos reales, son las mujeres las constructoras. Es una negra, coya, mujer; son todas situaciones que claramente uno las puede pesar en términos de vulnerabilidad, y ella desafía a los grandes poderes fácticos. A Blaquier, para precisar más, que fue uno de los grandes responsables de la “Noche del apagón”, a quién durante tres décadas se intentó llevara al banquillo de los acusados y nunca se había logrado, hasta que viene la Tupac y el peso de la presión popular, en el mejor de los sentidos, hizo que un juez que estaba totalmente decidido a no llamarlo a indagatorias nunca -porque no existe la independencia del Poder Judicial de estos poderes- lo hiciera. Se ve esto en que cuando uno llega al aeropuerto de Jujuy no te recibe un cartel que te da la bienvenida a la provincia, sino uno que te da la bienvenida a Ledezma, (ingenio azucarero de la familia Blaquier) para que uno pueda entender cuáles son los verdaderos poderes, quién manda. Sobre todo -digo aún más allá de la detención- hay un linchamiento mediático, pero también hay una cosa de linchamiento, Milagro es chiquita, es un cuerpito, es más chica que yo físicamente, y cada vez que la trasladan es una parafernalia como que fuese el Chapo Guzmán. La llevan, la traen, actualmente está en una casa donde tienen vigilancia las 24 horas, tiene un cerco preimetral, un puesto de Gendarmería estable, tiene policía…¡Y es una mujer sola! Esto tiene que ver con la idea de lapidación pública, la quema en la hoguera, por eso digo que es una bruja del siglo XXI. Y eso es una ofrenda que le hace (el gobernador Gerardo) Morales, a la sociedad jujeña en términos de normalización. El se presenta como el gran restaurador, y para que exista esa restauración de un orden de lo perdido, yo no tengo ninguna duda de que lo que se necesita es dejar una huella clara, humeante, de que no es posible el otro orden que viene a representar Milago, el orden de lo popular, del poder popular y la posibilidad de pensar un proyecto emancipador que está puesto en nuestras propias manos. Se quiere hacer ver que no puede haber tres partidos en Jujuy, “entre el peronismo y el radicalismo alcanza”, ha alcanzado desde muchísimo tiempo, en los negocios, los jueces y los contratos como se manejaron siempre, Por lo tanto, no es necesario armar un tercer partido como el que armó Milagro y todavía tiene representación en la Legislatura. Ahí hay algo muy fuerte de intentar borrar toda huella, y que la única huella que quede sea la de la hoguera humeante. Para que a las mujeres de Jujuy -que es una sociedad muy fracturada y muy machista- les quede en claro que no pueden estar en la calle. Hay algunas cosas muy simbólicas, en Jujuy la primera marcha del orgullo gay la armó la Tupac, el respeto a las identidades sexuales está vinculado con la Tupac, el respeto y la idea de la dignidad del coya la presenta en un primer plano la Tupac, la idea de que en los barrios haya un monumento que sea una réplica de Thiahuanaco también. La idea es que “porque seamos negras, mujeres, porque seamos gordas o lesbianas, no tenemos que mirar para abajo”. Esa idea es la que se intenta linchar en cada uno de los traslados de Milagro, combinada con una cosa muy burda que es “se robaron todo”.

Discurso disciplinador

-Llama la atención que ese escenario en una provincia marginal, produce un hecho que es convalidado en parte de la opinión pública central, y en otra forma, por ejemplo, en el Sur, zona opuesta si se quiere en niveles socioeconómicos, con los casos de la represión a los mapuches.
-Esto tiene para mí dos efectos, por un lado es disciplinador para todos, y todas, hay un intento de disciplinamiento político muy fuerte en un pueblo que, además hay que rescatar, que el pueblo argentino históricamente es un pueblo muy combativo. Nosotros tenemos un pueblo muy combativo, eso me parece muy importante, por otro lado, hay un discurso habilitado -que eso sí viene del gobierno nacional, no tiene que ver con Gerardo Morales, que está vinculado con todos estos hechos y muchos otros, el caso del pibito Ferreyra de Tucumán, de la recepción (de Macri) a Chocobar. Esto tiene que ver con la habilitación al corrimiento de los límites. Pero, además, no es sólo que se deja que pasen estas cosas, sino que se exaltan. Se exalta el corrimiento de los límites, eso es lo tremendo, es el caso del ministro de Seguridad de Tucumán, diciendo “qué tenía que hacer un chico de esa edad fuera de su casa” (por el adolescente baleado sin motivo por fuerzas de seguridad). Digamos que ahí hay algo que es lo que mas nos ha costado a todos los que venimos del mundo de la política, de los Derechos Humanos, es poder entender este corrimiento en cuanto a los límites de la represión. Uno no puede entender, en el caso Maldonado, por ejemplo, porqué la ministra Patricia Bullrich en vez de decir “vamos a investigar hasta las últimas consecuencias”, como correspondía, dijo “yo no voy a tirar ningún gendarme por la ventana. Es como el discurso de la anti política y ahí se cuela el tinte ideológico muy fuerte, represivo, disciplinador…

-Con esas actitudes se resignificó la represión del terrorismo de Estado en democracia…
-Es que esa resignificación es, definidamente, una característica de la época neoliberal. Por eso Trump gana en Estados Unidos con un discurso xenófobo, machista, conservador, racista, y uno se pregunta, ¿cómo es posible? Y es posible porque este es un símbolo del neoliberalismo, y de eso tenemos que hablar. Me parece que es la cosa más rica para reflexionar, porque nos obliga a pensar de otra forma a todos y a todas.

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