La cruda carta de la Sociedad Argentina de Terapia Intensiva. “Sentimos que estamos perdiendo la batalla. Sentimos que los recursos para salvar a los pacientes con coronavirus se están agotando”, lamentan.

Martes 1 de septiembre de 2020 (Pagina 12 y Sati). La Sociedad Argentina de Terapia Intensiva (Sati) hizo pública una carta en la que alerta al conjunto de la población a “¡no desafiar al virus porque el virus nos está ganando!” y señala la difícil situación que enfrentan día a día como trabajadores al observar “en las calles cada vez más gente”. “Sentimos que no podemos más, que nos vamos quedando solos, que nos están dejando solos”, lamentan los profesionales.
“Sentimos que estamos perdiendo la batalla. Sentimos que los recursos para salvar a los pacientes con coronavirus se están agotando”, lamentan en el inicio de la misiva en la que subrayan que “la mayoría de las Unidades Terapia Intensiva del país se encuentran con un altísimo nivel de ocupación” y “los recursos físicos y tecnológicos como las camas con respiradores y monitores son cada vez más escasos”.
Además, los profesionales de la salud insisten en que “la cuestión principal, sin embargo, es la escasez de los trabajadores de terapia intensiva que, a diferencia de las camas y respirados, no pueden multiplicarse”.
En la carta firmada por la presidenta de la SATI, Rosana Reina, recuerdan que mientras ellos deben “trabajar en más de un lugar para llegar a fin de mes”, la sociedad se volcó a las calles para “disfrutar” o “reclamar sus derechos”, pero advierten que se trate de “gente que se siente bien por ahora”. “¿Qué pasará con ellos y sus familiares mañana?”, interepelan y convocan a reflexionar y cumplir las medidas de prevención.

La carta completa

La nota expresa: A la sociedad argentina: Los médicos, enfermeros, kinesiólogos y otros miembros de la comunidad de la terapia intensiva sentimos que estamos perdiendo la batalla. Sentimos que los recursos para salvar a los pacientes con coronavirus se están agotando. La mayoría de las Unidades de Terapia Intensiva del país se encuentran con un altísimo nivel de ocupación. Los recursos físicos y tecnológicos como las camas con respiradores y monitores son cada vez más escasos. La cuestión principal, sin embargo, es la escasez de los trabajadores de la terapia intensiva, que a diferencia de las camas y los respiradores, no pueden multiplicarse. Los intensivistas, que ya éramos pocos antes de la pandemia, hoy nos encontramos al límite de nuestras fuerzas, raleados por la enfermedad, exhaustos por el tarbajo continuo e intenso, atendiendo cada vez más pacientes. Estas cuestiones deterioran la calidad de atención que habitualmente brindamos. Enfundados en los equipos de protección personal, apenas podemos respirar, hablar, comunicarnos entre nosotros. También tenemos que lamentar bajas, personal infectado y lamentablemente, fallecidos, colegas y amigos caídos que nos duelen, que nos desgarran tan profundamente.
Terminamos una guardia en una Unidad de Terapia Intensiva y salimos apresuradamente para otro trabajo. Necesitamos trabajar en más de un lugar para llegar a fin de mes. Por horas y horas de trabajo estresante, agotador, pese a ser profesionales altamente calificados y entrenados, ganamos sueldos increíblemente bajos, que dejan estupefactos a quienes escuchan cual es nuestro salario. También nos entrenamos para lidiar con la muerte todos los días y le ganamos muchas veces. Aprendimos a ser resilientes.
Pero ahora sentimos que no podemos más, que nos vamos quedando solos, que nos están dejando solos; encerrados en la Unidades de Terapias Intensivas con nuestros equipos de protección personal y con nuestros pacientes, sólo alentándonos entre nosotros. Observamos en las calles cada vez más gente que quiere disfrutar, que reclama sus derechos, la gente que se siente bien por ahora. ¿Qué pasará con ellos y sus familiares mañana? ¡Ojalá que no se transformen en uno de nuestros pacientes que, con fuerzas, trataremos de arrebatarle a la muerte! Porque nadie sabe cuándo el virus los infectará.
Sólo le pedimos a la sociedad que reflexione, y que cumpla con tres simples pero importantes medidas, recomendadas científicamente: distanciamiento social (permanecer a más de 1,5 metros), uso de tapabocas (cubriendo nariz y boca), lavado frecuente de manos (con agua y jabón o alcohol gel), no aglomerarse, no hacer fiestas, ¡No desafiar al virus, porque el virus nos está ganando! Les suplicamos no salir si no es necesario. El personal sanitario está colapsado, los intensivistas están colapsado, el sistema de salud está al borde del colapso. Nosotros queremos ganarle al virus. Necesitamos que la sociedad toda nos ayude porque no podemos solos. ¡Por favor, ayudanos, quedate en tu casa!