Por primera vez el Estado argentino reconoce la existencia del racismo estructural en la sentencia sobre el crimen de Lucas González, un joven asesinado por la policía en Florencio Varela, provincia de Buenos Aires. Este precedente histórico abre la posibilidad de abordar de manera más efectiva este problema sistémico en Argentina. La conciencia social y la implementación de políticas públicas serán fundamentales para construir una sociedad más igualitaria y libre de discriminación racial y social, sostuvo Jorge Víctor Ríos en Plural TV, al abordar este hecho. Entiende, en ese sentido, que todos los actores sociales, incluidos los medios de comunicación, la escuela y la propia sociedad, deben asumir su responsabilidad en este proceso de cambio hacia una Argentina más inclusiva y justa para todos.

Viernes 21 de julio de 2023. En la reciente sentencia (el 11 de julio) relacionada al asesinato de Lucas González, un joven de 17 años asesinado por la policía de la provincia de Buenos Aires en noviembre de 2021, se plasmó por primera vez en la historia de Argentina un agravante relacionado al odio racial. Este hito marca un paso fundamental en la lucha contra el racismo estructural que permea nuestras instituciones y nuestra sociedad en general, planteó el columnista de Plural TV, Jorge Víctor Ríos, en su intervención en el programa periodístico de Canal 4 Posadas.
El concepto de racismo estructural –recordó–se basa en la idea de que las personas tienen razas y que estas razas están jerarquizadas. Aunque los avances en genética demostraron que no existen razas biológicas, el racismo sigue existiendo como una ideología que perdura desde tiempos históricos, principalmente en el contexto del comercio de esclavos traídos de África.
La sentencia en el caso de Lucas González evidencia que el racismo también está presente en las instituciones estatales, un aspecto que hasta ahora no había sido reconocido de manera formal. Esta admisión por parte del Estado es crucial, ya que puede impulsar la implementación de políticas públicas para abordar este problema arraigado, entiende Ríos que admite, también, que algunos sectores conservadores podrían rechazar esta perspectiva. De todas maneras, propone que la sociedad en su conjunto tome conciencia de la existencia del racismo estructural y reconozca la necesidad de actuar para revertirlo. A través de la desnaturalización de prácticas y actitudes discriminatorias, al igual que los logros del movimiento feminista. “Es posible avanzar hacia una sociedad más inclusiva y justa”, destacó.
La cuestión del racismo también se entrelaza con otras formas de prejuicio, como el clasismo, que contribuye a estigmatizar a ciertos grupos sociales. En la sentencia de Lucas González, quedó en evidencia un perfilamiento racial y clasista, que no solo involucra a las fuerzas de seguridad, sino que también se refleja en expresiones populares y en los insultos cotidianos. En este sentido, Ríos destacó que el racismo internalizado juega un papel en este fenómeno, donde las personas que pertenecen a grupos racializados intentan distanciarse de ciertos estereotipos que consideran negativos. Asimismo, “los medios de comunicación, la educación y la política tienen una responsabilidad compartida en la perpetuación o desarticulación del racismo estructural”, aseveró.
También es importante admitir que el Estado argentino avanzó en la lucha contra la discriminación a través de instituciones como el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), que trabaja en este sentido durante casi 30 años. Sin embargo, aún hay un largo camino por recorrer para erradicar completamente el racismo y sus manifestaciones, entiende.

N de la R: El 11 de julio de 2023, el Tribunal Oral en lo Criminal 25 dio a conocer la sentencia que reconoce el odio racial como agravante. La Secretaría de Derechos Humanos participó como Amicus Curiae y observadora del juicio que condenó a nueve policías por el crimen de Lucas González. Los condenados fueron Gabriel Alejandro Isassi, Fabián Andrés López y Juan José Nieva, a prisión perpetua por homicidio quíntuplemente agravado en el crimen del joven. Además de las condenas a prisión perpetua, seis policías recibieron penas por los delitos de encubrimiento: se trata del subcomisario Roberto Inca, y los comisarios Juan Horacio Romero, Fabián Du Santos, y Rodolfo Alejandro Ozán, quienes recibieron seis años de prisión. El inspector Héctor Cuevas recibió una pena de cuatro años y el oficial Sebastián Baidón, de ocho años de prisión por ser considerado autor del delito de torturas contra los sobrevivientes. Otros cinco policías fueron absueltos. La sentencia de este caso marca un precedente al reconocer el odio racial como un factor agravante. Además, también reconoce como víctimas de la violencia institucional a los sobrevivientes y a los padres de los jóvenes afectados.

Jorge Víctor Ríos en Plural TV

-¿Con qué tema venís hoy Jorge?
-Hoy me gustaría tomar un tema de actualidad para hablar de otro tema más amplio y más profundo como solemos hacer en esta y otras columnas, relacionado a la sentencia que se dictó la semana pasada en torno al asesinato de Lucas Gonzáles, un chico de 17 años que fue asesinado por la policía de la Ciudad de Buenos Aires en noviembre de 2021 y que tiene algunos aspectos que me parecen relevantes destacar; en particular uno que quedó plasmado por primera vez en la historia de nuestro país, y es que hubo un agravante relacionado al odio racial, principalmente en un caso de violencia institucional, en lo que se conoce como gatillo fácil. Es relevante que haya quedado plasmado este agravante, porque por primera vez el Estado da cuenta de que existe el odio racial. Sabemos que no es la primera vez que media en un caso de violencia policial, pero es la primera vez que es reconocido en un fallo. Esto nos lleva a preguntarnos a qué nos referimos cuando hablamos de racismo estructural, que es el concepto que está detrás de todo esto. Es la idea de que las personas, los seres humanos tenemos raza; que en realidad, a fines del siglo XX los avances en genética comprobaron que no existen las razas; sí existe el racismo porque es la idea que sostiene que hay diferencias de razas entre los seres humanos y que además, están jerarquizadas. Estas creencias tienen sus matrices históricas en el sistema de esclavitud de siglos anteriores, cuando hubo que justificar el comercio de esclavos traídos de África, sobre todo de parte de Europa, y que se vendían. Pensemos que eso es totalmente incompatible con el marco de los derechos humanos que manejamos de manera moderna, sin embargo, vivimos los resabios de ese sistema y de la ideología que sustentó y justificó ese sistema.

-Nos quedan resabios decís, pero eso me lleva a pensar en los esclavos sexuales, laborales, que siguen existiendo.
-Exactamente, es la manifestación moderna que persiste de que se puede disponer de los cuerpos, de las personas, de sus libertades, sus vidas y sus derechos. Entonces, ¿a qué nos referimos con racismo estructural? Es ese racismo que permea tanto nuestras ideas que incluso está en las propias instituciones del Estado. Es –de alguna manera– reconocer que el Estado es racista, tiene un sustento o un sustrato racista. Esto es importante porque nos lleva a pensar que una vez que el Estado lo reconozca, va a generar políticas públicas para que esto se revierta.

-¿Creés que lo va a hacer?
-Creo que sí, y de alguna manera lo viene haciendo, ya que el Estado de nuestro país dispone de un órgano específicamente para trabajar la discriminación, que es el Inadi, y lo viene haciendo desde hace casi 30 años. Entonces hay un trabajo que el Estado argentino viene realizando en este sentido, y esto le da un respaldo para seguir trabajándolo. Podemos pensar también incluso en un caso en este contexto de contienda electoral, el de Franco Rinaldi, uno de los candidatos de los cuales surgieron expresiones públicas donde tenía expresiones racistas, clasistas, homofóbicas, antisemitas y que finalmente ante el repudio generalizado desde la ciudadanía y desde su propio espacio, la Unión Cívica Radical, se pidió su alejamiento de las elecciones. Además, él mismo tiene una discapacidad y fue agredido por otro político a su vez por esa condición. Uno podría pensar que tener una discapacidad es una posibilidad de tener una sensibilidad mayor a estos temas, sin embargo, pareciera que en este caso eso no se dio de esta manera. Pero poniendo en perspectiva todo esto, creo que hay un avance. Yo lo comparo y hago un paralelismo con el movimiento de mujeres porque creo que viene logrando, en las últimas décadas, desnaturalizar un montón de prácticas, realidades, desigualdades y violencias de manera muy exitosa. Claramente no se trata del mismo problema, y muchas veces decimos que el machismo mata, porque en su expresión más contundente y más extrema tenemos a los femicidios que recordemos, no siempre se reconocieron como tales en su especificidad; hoy en día reconocemos que detrás de esos crímenes hay un componente de machismo que opera. De la misma manera se está empezando a desnaturalizar el racismo que tenemos incorporado -y esta sentencia quizás sea una señal en ese sentido- y a que va a verse un accionar en consecuencia. Así es que yo soy optimista en ese sentido. Hoy en día en nuestro país, el racismo se entrelaza con otros tipos de prejuicios, de odios, violencias y estigmatizaciones relacionadas a la clase, es decir, el racismo y el clasismo muchas veces van de la mano. En esta sentencia se pone de relieve que existe un perfilamiento racial y clasista; las fuerzas de seguridad –la mayoría de las veces– operan sobre esa base; algo que tampoco está desconectado del resto de la sociedad, podemos reconocer el clasismo y el racismo en las expresiones populares y sobre todo en los insultos.

-“Mencho”, “villero”, “negro”.
-Sobre todo “negro de m” (“negro de mierda”); hay un repertorio bastante basto en ese sentido donde se entrecruza el racismo. Porque no solamente se da ese odio o discriminación hacia los afrodescendientes, sino que también lo vinculamos a las clases sociales más bajas, las clases sociales populares o más vulnerables, y sobre todo al lugar de residencia. Acá aparecen expresiones por parte de la policía como “villero de mierda” o “negro de mierda”, entonces hay un entrelazamiento. También llama la atención que cuando uno ve la foto de los policías condenados se puede observar el color, la pigmentación de la piel sobre la cual están basados estos prejuicios, y los policías comparten eso, son también morochos, entonces nos preguntamos cómo puede ser que hablemos de racismo si los propios policías también responden a ese esquema.

-¿No surge acaso de la necesidad de no pertenecer, de diferenciarse?
-Esto está explicado por lo que se conoce como racismo internalizado, que son las propias personas que están racializadas, que tienen un color de piel más oscuro, que tratan de diferenciarse y decir “soy morocho pero no soy villero, soy morocho pero no soy tal cosa”; entonces aparece también este esquema en este caso en particular. Esto es algo que podemos llevar otras poblaciones, muchas veces hay personas de la comunidad LGBTIQ+ que tienen prácticas homofóbicas, homoodiantes y uno se pregunta cómo puede ser esto, y tiene que ver con la homofobia internalizada. Son fenómenos sociales, pero también individuales. El hecho de que en este fallo quede plasmado en una sentencia tiene que ver con el reconocimiento de que también son cuestiones sistemáticas, sistémicas, que hay que abordar y hay que hacerse cargo, y el Estado aparece como el principal responsable.

-¿Por qué queda plasmada esta cuestión en este caso? ¿Se trabajó para que así fuera?
-Así es. También hay una conciencia social que se va tomando y una expectativa de que el Poder Judicial vaya incorporando estas perspectivas. Además, a Argentina le cuesta reconocer que es racista, por eso lo comparaba con otros procesos como el feminismo, que exitosamente viene visibilizando, desnaturalizando estas cuestiones para poder luego actuar en consecuencia y generar políticas públicas. Entonces, es relevante tanto el Estado como también la política, porque hay liderazgos políticos que son los que terminan generando las prácticas que se van cristalizando desde los distintos poderes del Estado.

-¿Cuál es la importancia de que hablemos de un precedente inédito, tal como se publicó al respecto?
-“Que conste en actas” que el Estado está reconociendo que es racista, lo que es un paso adelante para poder actuar en consecuencia.

-¿Generó algún tipo de rechazo desde los sectores conservadores este tipo de miradas, o este tipo de sentencia?
-No que yo haya visto o registrado, pero en general los sectores conservadores tienden a rechazar esto, favoreciendo a otros discursos que en general tienen que ver con la mano dura, el punitivismo como única respuesta a este tipo de fenómenos sociales que en realidad son sistémicos, ya que hay un sistema en el que vivimos y que crea desigualdades tremendas, entonces ese análisis muchas veces queda fuera de vista.

-Decías que esto viene con nosotros, que es social ¿Creés que los medios de comunicación tenemos algún tipo de responsabilidad?
-Sí, totalmente, la responsabilidad de los actores sociales, y sobre todo de los medios de comunicación, de la escuela, la política, es una responsabilidad compartida. Acá aparece la cuestión de la raza, pero también de las juventudes. Recordemos lo que había pasado en 2019, en el contexto de las elecciones, cuando un joven que fue presidente de mesa se había presentado con una gorrita a la mesa, y se lo criticó por su forma de vestir y se lo agredió en redes sociales -violencia simbólica, sin dudas-. Y que para contrarrestar esto, el presidente Alberto Fernández lo convocó y hasta se sacó una foto con la gorrita de él. No recuerdo el nombre del chico, pero esto también ejemplifica todo lo que estamos charlando.