En medio de un ajuste histórico que golpea a trabajadores, jubilados y al sistema educativo, la pregunta toma fuerza: ¿La universidad pública, casta o herramienta de transformación social? Mientras el Gobierno denosta y habla de ajustes, estudiantes y docentes reconstruyen por ejemplo la historia de los trabajadores misioneros.

Lunes 7 de julio de 2025. ¿Son los estudiantes universitarios una «casta»? Carlos Posdeley, estudiante y columnista de Plural desarma el argumento con datos, historia y un ejemplo concreto que la academia pública realizó sobre las calles y las colonias de Garuhapé, acá en la provincia de Misiones.
«La universidad no es una burbuja: es un diálogo con el territorio. Javier Milei dijo que el ajuste caería sobre la casta, pero hoy cae sobre quienes menos tienen», arrancó Posdeley para rechazar la etiqueta oficialista con un repaso histórico: la gratuidad universitaria (decretada por Juan Domingo Perón), las 17 universidades creadas bajo el gobierno de Cristina Fernández Kirchner y la masificación del acceso a las aulas para las clases populares. «Hoy las universidades están llenas de hijos de trabajadores, docentes que son parte de ese pueblo que Milei denosta», subrayó.
Para que la defensa no se quede en la teoría, Posdeley expuso un caso tangible: el trabajo del Centro de Estudios Históricos y Culturales de la Universidad Nacional de Misiones, dirigido por la doctora Norma Oviedo. Se trata de un proyecto de extensión crítica —no extractivista— que reconstruye la historia de pueblos, como Garuhapé, desde abajo: «No desde los relatos de los fundadores, sino desde las mujeres, los trabajadores de la madera; de las infancias».
El resultado es doblemente potente: una tesis de licenciatura sobre la historia de Garuhapé y un cuadernillo escolar para las primarias locales, donde los niños encuentran a sus antepasados en las páginas. Ahí, donde desde el paraje Garuhapé Mí se destacó la Escuela 344 sostenida en los años 70 solo por mujeres, para educar a los hijos de los trabajadores de la madera, desde la ruralidad. «Eso transforma la realidad», afirmó el columnista.
«Trabajar y estudiar es el mérito real, no el privilegio», le proponen a Carlitos Posdeley desde el programa. Frente al discurso de la «meritocracia», responde con una pregunta incómoda: ¿Qué mérito tiene quien viaja dos horas en colectivo para cursar, o quien trabaja ocho horas antes de abrir un libro? «Esa es la norma hoy, no la excepción», remarca para alertar que los recortes perversos de quien dirige el país, «ahondan la crisis. Los alquileres estudiantiles —que escalan más rápido que la inflación— y el comedor universitario (ahora con acceso restringido) son golpes directos a los hijos de trabajadores».
En la lista de descripciones de derechos y conquistas, mencionó que «Argentina tiene satélites en el espacio y premios Nobel gracias a la educación pública» aunque, entiende, el verdadero termómetro está en ejemplos como el de Garuhapé: «Cuando un niño ve a su abuelo en un libro, entiende que la universidad es suya». El mensaje es claro: la defensa no debe esperar a un cambio de gobierno. «Gane quien gane, esta herramienta es del pueblo. Y el pueblo la defenderá».
El presidente argentino Javier Milei, con discursos violentos y discriminación, puso en la agenda lo que define como casta. Pero ese debate sobre la casta sigue en la superficie, ya que en las aulas de Misiones se escribe otra historia —literalmente—. Una donde la academia no es torre de marfil, sino puente. «O, como dijo Cristina Kirchner en el 400° aniversario de la Universidad de Córdoba: ´Ser universitario no es un privilegio, es un deber con el pueblo´».

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