La investigación analizó 205 grandes urbes del mundo y ubicó a Buenos Aires entre las referencias latinoamericanas en adaptación climática, aunque alertó sobre el avance de las islas de calor y las brechas de infraestructura verde.

Martes 9 de junio de 2026. Un estudio de la Universidad de Oxford que evaluó 205 ciudades de más de un millón de habitantes en todo el mundo ubicó a Buenos Aires entre las referencias latinoamericanas en materia de adaptación urbana y movilidad sostenible, aunque advirtió que persisten desafíos vinculados al aumento de las temperaturas extremas y al efecto de las islas de calor urbanas.
La investigación, publicada en mayo de 2026 en la revista científica «Ciudades y Sociedad Sostenibles» (en inglés, Sustainable Cities and Society), propone un nuevo enfoque para medir el riesgo que representan las olas de calor en las grandes ciudades. A diferencia de otros análisis centrados exclusivamente en la temperatura, el trabajo incorpora variables sociales, económicas y de infraestructura para determinar la capacidad real de respuesta de cada centro urbano.
Investigadores del Programa de Cambio Ambiental de la Universidad de Oxford elaboraron el informe; el equipo desarrolló un índice global que combina exposición climática, vulnerabilidad poblacional y capacidad de adaptación. Para ello utilizó datos comparables de ciudades distribuidas en todos los continentes, según difundió la ONG Periodistas por el Planeta.

El calor urbano va más allá de los termómetros
Uno de los principales aportes del estudio consiste en demostrar que el riesgo asociado al calor extremo no depende únicamente de cuántos grados marque el termómetro.
Los investigadores utilizaron el Índice Climático Térmico Universal (UTCI), una herramienta que incorpora temperatura, humedad, radiación solar y velocidad del viento para estimar el estrés térmico real sobre las personas. A partir de esa información evaluaron la exposición al calor junto con indicadores de vulnerabilidad social y capacidad de respuesta institucional.
Entre los factores considerados aparecen la proporción de población menor de cuatro años y mayor de 65: el nivel de ingresos de cada ciudad; los precios de la electricidad; la cobertura arbórea urbana y la infraestructura disponible para enfrentar eventos extremos.
Según los autores, una ciudad puede registrar temperaturas elevadas y, aun así, presentar menor riesgo que otra con condiciones térmicas similares pero con mayores niveles de pobreza, menor cobertura vegetal o sistemas energéticos deficientes.

Buenos Aires, entre los casos destacados de América Latina
Dentro del conjunto de ciudades latinoamericanas analizadas, Buenos Aires aparece mencionada como uno de los casos de referencia por las políticas implementadas en movilidad urbana y modernización de infraestructura.
El estudio destaca particularmente la expansión de sistemas de movilidad compartida; los programas de bicicletas públicas; la mejora de corredores de transporte público de tránsito rápido (BRT); la incorporación de tecnología aplicada a la gestión urbana y las intervenciones de renovación del espacio público.
Los investigadores consideran que estas iniciativas fortalecen la capacidad adaptativa de la ciudad al reducir emisiones, mejorar la conectividad y generar entornos urbanos más eficientes.
Sin embargo, el trabajo también señala que la capital argentina debe profundizar estrategias destinadas a reducir el efecto de las islas de calor urbanas, especialmente en sectores con alta densidad constructiva y escasa presencia de vegetación.

Una vulnerabilidad que atraviesa a América Latina
Aunque los mayores niveles de riesgo identificados por el estudio se concentran en ciudades del sur y sudeste asiático y del África subsahariana, los investigadores advierten que América Latina enfrenta desafíos estructurales similares.
Uno de ellos es la creciente dificultad para acceder a sistemas de refrigeración durante eventos extremos.
El informe señala que los costos energéticos constituyen un factor determinante. Incluso cuando los hogares logran acceder a equipos de aire acondicionado o ventilación mecánica, las tarifas eléctricas elevadas pueden limitar su utilización durante períodos prolongados de calor.
A ello se suma el envejecimiento progresivo de la población urbana. Las personas mayores y los niños pequeños integran los grupos más vulnerables frente a episodios de estrés térmico intenso, situación que obliga a fortalecer los sistemas sanitarios y los mecanismos de alerta temprana.

La importancia de los árboles en las ciudades
Otra de las conclusiones centrales del trabajo apunta al rol de la infraestructura verde.
Los investigadores sostienen que la cobertura arbórea funciona como un amortiguador natural frente al calor extremo, al reducir temperaturas superficiales, generar sombra y mejorar las condiciones microclimáticas.
En numerosas ciudades latinoamericanas, la distribución de espacios verdes presenta fuertes desigualdades territoriales. Los barrios con mayores ingresos suelen concentrar una mayor cantidad de árboles y áreas parquizadas, mientras que los sectores periféricos registran extensas superficies asfaltadas o de hormigón que intensifican el calentamiento urbano.
Según el estudio, esta diferencia puede traducirse directamente en mayores riesgos sanitarios durante las olas de calor.

Ciudades latinoamericanas destacadas
Además de Buenos Aires, la investigación identifica otras experiencias relevantes en la región.

-En Colombia, las ciudades de Bogotá y Medellín aparecen como referentes en movilidad sostenible. El trabajo destaca la expansión de flotas de transporte eléctrico y los sistemas integrados que mejoran la accesibilidad de sectores históricamente relegados.

-Ciudad de México es señalada por sus avances regulatorios vinculados a edificios inteligentes y eficiencia energética, mientras que Montevideo sobresale por la digitalización de servicios públicos y herramientas de gestión urbana orientadas a mejorar la interacción entre gobiernos locales y ciudadanía.

Las prioridades para los próximos años
El estudio concluye que la adaptación al calor extremo se convertirá en uno de los principales desafíos de las ciudades durante las próximas décadas.
Entre las medidas consideradas prioritarias aparecen el fortalecimiento de las redes eléctricas para soportar picos de demanda; los programas masivos de forestación urbana; la incorporación de criterios bioclimáticos en la construcción de viviendas y edificios; la expansión de sistemas de alerta temprana para eventos de calor extremo y el fortalecimiento de capacidades técnicas y financieras de los gobiernos locales.
Los autores sostienen que las políticas urbanas más efectivas serán aquellas que combinen innovación tecnológica, infraestructura verde y reducción de desigualdades sociales.
La investigación remarca que el calor extremo ya constituye uno de los riesgos climáticos con mayor impacto sobre la salud pública y advierte que la urbanización acelerada incrementará la exposición de millones de personas en las próximas décadas si las ciudades no aceleran sus estrategias de adaptación.