El músico, cantante, compositor y percusionista uruguayo murió este miércoles a los 83 años, después de permanecer cerca de un mes internado por una neumonía bilateral y sus complicaciones. Referente de la música rioplatense, desarrolló durante más de seis décadas una obra que llevó el candombe al encuentro con el rock, el jazz, el funk y otras expresiones populares. Su influencia atravesó generaciones y las dos orillas del Río de la Plata.

Miércoles 26 de agosto de 2026. El músico, cantante, compositor y percusionista uruguayo Rubén “El Negro” Rada murió este miércoles en Montevideo, a los 83 años. Su familia confirmó el fallecimiento y señaló que ocurrió a las 15.30, después de una internación de aproximadamente un mes por una neumonía y sus complicaciones.
Rada había nacido en Montevideo el 16 de julio de 1943 y construyó durante más de seis décadas una trayectoria que desbordó los límites de un género. Fue una figura decisiva en la transformación del candombe y en su encuentro con el rock, el jazz, el funk y otras expresiones de la música popular. Integró El Kinto, Tótem y Opa, tres formaciones fundamentales para comprender la evolución de la música uruguaya y rioplatense.
Su historia musical comenzó en el carnaval y en las orquestas de jazz. En los primeros años de su carrera integró Cubanacán, dirigida por Pedro Ferreira, a quien reconocía como uno de sus maestros del candombe. También pasó por Los Hot Blowers, junto a músicos que después serían protagonistas de la renovación de la música uruguaya.
En 1965 llegó El Kinto, junto a Eduardo Mateo y otros músicos. Allí comenzó una de las aventuras musicales que marcarían su carrera. El grupo incorporó instrumentos eléctricos, batería y tumbadoras a los ritmos afro-uruguayos y los mezcló con el rock y la música brasileña. Aquella búsqueda dio forma a lo que posteriormente sería conocido como candombe beat.


Rada nunca se presentó como el único creador de aquella transformación. En entrevistas posteriores atribuía buena parte de ese proceso a sus compañeros, especialmente a Eduardo Mateo, y describía a El Kinto como el momento más libre y creativo de su trayectoria. Esa mirada también ayuda a entender su lugar: más que un músico encerrado en una fórmula, fue un intérprete dispuesto a cruzar fronteras musicales.
Después de El Kinto llegó Tótem, una banda de mayor orientación rockera que profundizó la combinación entre candombe, rock y música latina. Rada fue una de sus voces y compositores principales. Allí quedaron canciones como “Dedos”, “Biafra”, “Heloísa” y “Negro”.
La siguiente estación fue Opa, junto a los hermanos Hugo y Osvaldo Fattoruso. La propuesta llevó todavía más lejos la experimentación y acercó el candombe al jazz-rock. Fue otra etapa fundamental de una carrera que, desde entonces, ya había dejado de pertenecer exclusivamente a Uruguay.
En paralelo, Rada desarrolló una extensa carrera como solista. “Las manzanas”, “Mi país”, “Cha-cha muchacha”, “Blumana”, “Muriendo de plena” y “Dedos” forman parte de un repertorio que atravesó generaciones y que convirtió su voz, su percusión y su particular sentido del ritmo en una marca reconocible de la música rioplatense.
Su vínculo con la Argentina también fue importante. Durante distintas etapas de su carrera trabajó y se presentó en el país, participó de la escena del rock argentino y construyó una relación sostenida con músicos y públicos de este lado del Río de la Plata. Su música encontró allí un territorio natural porque el candombe, como expresión afro-rioplatense, también forma parte de la historia cultural compartida entre ambas orillas.
Pero Rada no fue solamente un músico. Cantó, compuso, tocó percusión, actuó y condujo programas de televisión. Su figura pública combinó la experimentación musical con el humor y una personalidad que le permitió acercarse a públicos muy diferentes.
En julio había cumplido 83 años. Y hasta sus últimos meses mantuvo proyectos artísticos. Tenía previsto volver a reunirse con Tótem para presentaciones previstas para octubre, un reencuentro que finalmente no podrá concretarse.
La noticia de su muerte tiene una dimensión que excede la desaparición de un artista popular. Rada perteneció a una generación que modificó la relación entre el candombe y la música contemporánea. Lo hizo desde una tradición afro-uruguaya, pero sin convertirla en una pieza de museo: la llevó a las guitarras eléctricas, al rock, al jazz, al funk y a los escenarios internacionales.
Su legado está en las canciones, pero también en ese movimiento permanente entre géneros que terminó convirtiéndose en un lenguaje propio. Por eso resulta difícil definirlo solamente como cantante, percusionista o compositor. Rubén “El Negro” Rada fue uno de los músicos que ayudaron a cambiar el sonido del Río de la Plata.
Murió en Montevideo, la ciudad donde había nacido y donde comenzó aquella larga historia. Tenía 83 años. Queda una obra que atravesó más de seis décadas y un modo de entender la música en el que el candombe dejó de ser solamente una tradición para convertirse también en una forma de explorar el mundo.