La nueva etapa abierta tras el reordenamiento de la Renovación desplaza el foco del conflicto interno hacia la construcción política, la gestión y el territorio. La reflexión semanal que acompaña al nuevo armado de Hugo Passalacqua muestra también un cambio en el lugar desde el que se interpreta al oficialismo provincial.
Domingo 23 de agosto de 2026. La reflexión semanal enviada por los analistas que acompañan al oficialismo provincial también cambió el lugar desde el que se observa y se interpreta la política misionera. La reconfiguración del poder provincial produjo una modificación en la mirada de quienes durante años analizaron, explicaron y acompañaron el funcionamiento de la Renovación. Ahora esa misma usina de análisis se ubica sobre una nueva tribuna.00
El texto parte de una premisa que ya aparece instalada en la nueva etapa política: la ruptura y el reordenamiento interno dejaron de ser el centro de la discusión. El acto del 17 de agosto en San José aparece señalado como el punto de cierre de ese proceso y como el comienzo de una etapa orientada hacia afuera, con Hugo Passalacqua, Movimiento por lo que Viene y el nuevo esquema oficialista obligados a transformar el reacomodamiento político en gestión, territorio y respuestas concretas.
El cambio también se advierte en los temas que los analistas eligen poner en primer plano. La energía, el posible peaje sobre la Ruta Nacional 12, la situación de la yerba mate, la competencia fronteriza, la relación con Nación, el papel de los intendentes, la participación de las mujeres y la representación de Misiones en el Congreso ocupan ahora el centro del análisis. La reflexión, en definitiva, acompaña desde esa nueva tribuna el pasaje de una discusión sobre quiénes quedaron adentro y quiénes afuera del oficialismo hacia otra pregunta: qué hará el nuevo armado con el poder que acaba de reorganizar.
La reflexión, con demasiado sesgo de redacción de la inteligencia artificial, expresa:
Comienza la etapa de construcción hacia afuera
La política provincial venía de semanas intensas donde la atención estuvo enfocada en reacomodamientos, conformación de bloques y discusiones sobre quienes tenían o no el suficiente honor y valentía para romper con la cárcel tramposa de Encuentro Misionero. Era inevitable. Cuando se modifica un esquema de conducción que durante dos décadas organizó buena parte del poder misionero, primero hay que ordenar la casa.
Pero esa etapa tiene un límite. Y ese límite fue el acto del 17 de agosto en San José.
Allí Hugo Passalacqua terminó de ponerle palabras políticas a un proceso que hasta entonces se expresaba fundamentalmente mediante movimientos institucionales. Habló de romper las cadenas con los absolutismos, cuestionó a quienes pretenden decidir “quién habla y quién no habla”, “qué tenés que decir” y hasta “qué tenés que pensar”, y recuperó una definición sanmartiniana que excedió ampliamente el homenaje protocolar.
“Siempre va a aparecer uno que quiera ser un absoluto”, dijo. No hacía falta explicar demasiado: se interpretó que hablaba del quiebre con la forma de absolutismo que llegó hasta extremos insensatos en la ex renovación.
Pero hubo otra imagen incluso más poderosa que el discurso: Passalacqua, Maurice Closs y Oscar Herrera Ahuad compartiendo el mismo palco. Los tres gobernadores que sucedieron a Carlos Rovira desde 2007 aparecieron juntos en un momento de reorganización del oficialismo provincial. La fotografía condensó prácticamente veinte años de historia política y, al mismo tiempo, marcó una frontera.
Hasta allí podía entenderse que todavía había que explicarle a la política lo que había ocurrido.
Desde allí, empieza otra cosa. El nuevo armado ya fue explicado y produjo una estampida inédita y masiva de apoyo a Hugo Passalacqua. Ahora hay que construir.
Movimiento por lo que Viene no puede constituirse alrededor de aquello de lo que se separó, sino alrededor de aquello que pretende representar. Y ése probablemente sea el desafío más importante para Passalacqua y quienes lo siguen, durante los próximos meses: pasar de ordenar dirigentes a construir volumen político, territorial y social.
Eso significa salir de la conversación entre políticos y empezar a hablar mucho más con la sociedad.
La gente seguramente presta menos atención de lo que la dirigencia supone a la composición de los bloques, las renuncias partidarias o los movimientos de dirigentes. Quiere saber si le alcanza para pagar de luz, si consigue trabajo, cuánto vale producir, si puede transitar una ruta razonablemente mantenida, si el productor cobra la yerba que entregó, si el comercio puede competir con Paraguay y Brasil y si el Estado aparece cuando existe un problema concreto.
Por eso el mensaje del 17 que plantea Passalacqua para esta siguiente etapa busca medirse bastante menos por las fotografías de dirigentes que se incorporan y bastante más por la orientación y acción para lograr una nueva lógica política en respuestas a la gente.
Y allí aparece la gestión. Esta semana dejó varios ejemplos que pueden comenzar a darle contenido a ese concepto.
El reclamo energético llevado por Passalacqua a la Asamblea del Norte Grande realizada en Posadas tuvo una primera respuesta nacional. El Gobierno nacional aceptó avanzar en un esquema diferencial para las denominadas zonas cálidas y muy cálidas, con hasta 500 kWh mensuales subsidiados durante los seis meses de mayores temperaturas y 300 kWh durante el resto del año.
Todavía habrá que esperar su instrumentación definitiva y comprobar qué impacto real produce sobre las facturas. No corresponde presentar una negociación como una victoria antes de que el beneficio llegue al usuario. Pero existe un dato político relevante: Misiones planteó una desventaja estructural, construyó volumen con las demás provincias del Norte Grande y consiguió sentar el problema en una mesa nacional.
Es exactamente el mecanismo que señalamos la semana pasada.
Misiones no tiene gas natural. Consume electricidad durante muchos meses del año para refrigeración y, además, buena parte de su industria enfrenta costos energéticos superiores a los de regiones que sí tuvieron durante décadas infraestructura gasífera financiada por Nación. Por eso reclamar un tratamiento diferencial no constituye un privilegio: intenta compensar parcialmente una desigualdad histórica.
Ese es uno de los caminos.
El otro consiste en marcar límites cuando una decisión nacional perjudica directamente a la provincia.
Passalacqua lo hizo el viernes ante la posibilidad de que Nación incorpore un nuevo peaje sobre la Ruta Nacional 12 a la altura de Puerto Rico. La discusión no debería reducirse a una pelea política entre gobiernos. Hay una pregunta mucho más elemental: ¿qué recibe el ciudadano a cambio de pagar?
Una ruta nacional necesita mantenimiento, seguridad e inversión. Cobrar otro peaje sin que previamente exista una mejora perceptible de la infraestructura sería particularmente difícil de justificar en una provincia donde la Ruta 12 funciona como columna vertebral de la actividad económica.
“Resulta inaceptable imponer una traba más a quien trabaja, estudia, comercia y produce”, sostuvo el Gobernador.
El planteo es más que razonable. Primero debería discutirse qué inversión recibirá Misiones y después cuánto se pretende cobrar por utilizar esa infraestructura, no al revés.
También apareció esta semana una herramienta para una de las economías más sensibles de la provincia.
La nueva operatoria financiera para la cadena yerbatera permitirá que productores que comercialicen al precio de referencia puedan cobrar el total de sus facturas a los diez días, mientras el comprador tendrá un vencimiento único a 180 días y la Provincia bonificará el 50% del costo financiero.
No va a resolver por sí sola la crisis yerbatera. Sería exagerado afirmarlo. Los problemas del sector son considerablemente más profundos: precio, sobreoferta, concentración, desregulación nacional y pérdida de capacidad de negociación de los productores. Pero el mecanismo intenta atacar un problema cotidiano que conoce cualquier colono productor: producir, entregar y después esperar meses para cobrar o descontar un cheque perdiendo una parte importante del ingreso en intereses.
Si funciona como fue diseñado, introduce liquidez sin trasladar todo el costo financiero al productor y, además, utiliza como condición el cumplimiento del precio de referencia.
Eso es gestión concreta.
Lo mismo ocurre con otra discusión que comenzó a adquirir forma después de la reunión entre Passalacqua, Adolfo Safrán y funcionarios del Ministerio de Economía nacional: las tiendas libres de impuestos en las fronteras terrestres y la posibilidad de reducir el IVA sobre determinados productos misioneros.
La cuestión fronteriza atraviesa prácticamente toda la economía provincial. Misiones tiene cientos de kilómetros compartidos con Brasil y Paraguay y sus consumidores comparan precios permanentemente. Pretender resolver esa realidad mediante controles o apelaciones al patriotismo comercial sería absurdo. Cuando existe una diferencia considerable, la gente cruza y compra.
Por eso resulta más sensato intentar reducir la asimetría.
El régimen de tiendas libres puede convertirse en una herramienta y la Provincia planteó además seleccionar inicialmente entre ocho y diez productos locales para analizar una reducción diferenciada del IVA que permita competir en mejores condiciones.
Habrá que ver hasta dónde está dispuesta a llegar Nación. Pero nuevamente aparece una orientación: no aceptar la frontera como condena sino convertirla en agenda económica.
Esa construcción hacia afuera también tiene una dimensión política.
Movimiento por lo que Viene ya posee 18 diputados y constituye la primera minoría de una Legislatura fragmentada. Pero el desafío no consiste en sumar legisladores hasta reconstruir una versión diferente de la vieja mayoría automática. Sería cambiar nombres para terminar reproduciendo el mismo problema.
Si el discurso es horizontalidad, la práctica debe ser horizontal.
Eso supone aprender a gobernar conversando con bloques distintos, aceptar diferencias, construir mayorías para cada asunto y reconocer que nadie posee individualmente toda la representación social.
La misma lógica debería trasladarse al territorio.
Los intendentes probablemente tengan que transformarse en una de las columnas principales de esta nueva etapa, no sólo en cuanto a su generosidad de abrir la participación para fortalecer la propuesta política local de movimiento por lo que viene, sino atender más que nunca al vecino porque son quienes reciben primero el reclamo por el camino, el agua, el boleto, la seguridad, la vivienda o el empleo. Muchas veces son también quienes detectan antes que cualquier encuesta cuándo empieza a cambiar el humor social.
Hugo Passalacqua viene insistiendo en una construcción “de abajo hacia arriba”. Esta semana volvió a hacerlo durante el plenario del Plan Estratégico Posadas 2035 que compartió con el intendente Lalo Stelatto. “Siempre el peatón tiene una mejor visión que el funcionario”, afirmó.
La frase contiene bastante más política de la que aparenta.
Un oficialismo que viene de flojas elecciones y reconoce que “las urnas gritaron” no puede reconstruirse exclusivamente desde las oficinas de Posadas. Necesita municipios, barrios, organizaciones, productores, comerciantes y dirigentes capaces de escuchar aquello que muchas veces no llega a los escritorios provinciales.
En el Norte provincial, por ejemplo, una intendenta describió esta semana una forma concreta de esa articulación: municipio y Provincia trabajando sobre agua potable, caminos rurales, educación, seguridad y asistencia productiva. No son grandes anuncios nacionales ni megaproyectos. Son problemas cotidianos que, cuando encuentran respuesta, producen algo mucho más importante políticamente que una campaña publicitaria: confianza.
Y allí aparece otro componente que no debería quedar reducido a una fotografía.
La reunión de la Red de Concejalas Misioneras, con más de 130 mujeres provenientes de 49 municipios, puede ser bastante más que una actividad sectorial si se entiende correctamente su potencial.
Las concejalas poseen algo que la política provincial necesita recuperar: territorio.
Escuchan problemas barriales, reciben demandas pequeñas que después se convierten en grandes, recorren municipios y mantienen contacto permanente con sectores que generalmente no aparecen en las reuniones de conducción.
Passalacqua propuso que algún día el 50% de las intendencias sean encabezadas por mujeres y habló directamente de “equiparar las cuotas de poder”.
La renovación política también significa abrir lugares.
Horizontalidad no es solamente que ningún dirigente sea dueño del espacio. También significa permitir que aparezcan dirigentes que durante años estuvieron abajo de las estructuras de decisión.
Mujeres, intendentes, concejales, dirigentes barriales y representantes del interior deberían encontrar allí una oportunidad.
La construcción comenzó además a proyectarse hacia el Congreso.
Carlos Arce formalizó su incorporación junto a Sonia Rojas Decut al bloque Movimiento por Misiones en el Senado. “Vamos a responder al gobierno de la provincia y vamos a seguir los lineamientos del gobierno de la provincia encabezada por el gobernador”, explicó.
El movimiento tiene importancia porque devuelve a Misiones una representación provincial organizada en una Cámara que será determinante para muchas discusiones con Javier Milei.
Pero tampoco debería confundirse alineamiento con obediencia automática.
Los senadores serán útiles para Misiones en la medida en que puedan defender intereses concretos: recursos, energía, yerba, infraestructura, universidades, salud, coparticipación y economías regionales. La lógica que necesita esta etapa no es reconstruir obediencias personales sino construir una representación provincial con objetivos reconocibles.
Ese parece ser precisamente el punto de llegada de estas últimas semanas.
Primero hubo que romper. Después hubo que ordenar. Ahora hay que caminar.
El discurso de San José puede haber cerrado la primera parte del proceso. Passalacqua expresó públicamente aquello que buena parte de la dirigencia ya había interpretado y la fotografía terminó de ofrecer una imagen política de ese cambio.
No hace falta convertir cada acto futuro en otra explicación sobre el absolutismo. La sociedad ya entendió.
Lo que viene exige algo más difícil: demostrar que una conducción menos vertical produce un gobierno mejor; que escuchar más permite equivocarse menos; que incorporar intendentes mejora la llegada territorial; que abrir espacio a las mujeres modifica verdaderamente las estructuras; que tener representación en el congreso nacional sirve para defender intereses provinciales y que reclamarle a Nación puede traducirse en resultados concretos.
También requerirá aceptar errores.
El propio Passalacqua lo reconoció esta semana ante las concejalas: “Perdimos y había que hacer una lectura política”. Dijo además que, si un gobierno supone que todo está bien, jamás buscará soluciones.
Probablemente allí esté una diferencia fundamental entre una ruptura personal y una ruptura política.
Si solamente cambian quienes toman las decisiones, habrá ocurrido una disputa de poder.
Si cambia la manera de tomar las decisiones, habrá empezado otra etapa.
El desafío es construir amplitud sin desorden, conducción sin sometimiento y unidad sin uniformidad.
Y principalmente entender que la discusión importante ya no está adentro. Está afuera.
La política suele enamorarse demasiado de sus propias conversaciones. Esta nueva etapa solamente tendrá sentido si consigue salir de ellas.
El 17 de agosto Passalacqua habló de libertad, de rebeldía y de terminar con los absolutismos. Ahora comienza la parte en la que esas palabras deberán convertirse en una forma de gobernar. El tiempo de explicar la ruptura terminó. Empieza el tiempo de construir.
