Un relevamiento nacional realizado por el Instituto Periferias durante agosto sobre más de 5.000 familias muestra que la deuda ocupa un lugar cada vez mayor en la economía de los sectores populares. El 59,8% de las personas consultadas tiene obligaciones pendientes y el 42,3% de quienes se endeudaron recurrió al crédito para comprar alimentos. Tarjetas, préstamos familiares, particulares y billeteras virtuales forman parte de un circuito que permite cubrir gastos inmediatos y compromete ingresos futuros.
Viernes 21 de agosto de 2026. El endeudamiento comienza a mostrar una de sus caras más duras en los barrios populares: familias que recurren al crédito para comprar alimentos. Un relevamiento nacional realizado durante agosto por el Instituto Periferias sobre más de 5.000 familias ubicó en 59,8% la proporción de personas encuestadas que atraviesan una situación de endeudamiento. Entre quienes tomaron deuda, el 42,3% afirmó que utilizó ese dinero para comprar comida.
El dato permite mirar el crédito desde otro lugar. Una familia que financia la compra de un electrodoméstico o un bien durable distribuye su costo durante varios meses. Cuando utiliza una tarjeta, un préstamo o una billetera virtual para comprar alimentos, financia el consumo cotidiano con ingresos que todavía no recibió. La deuda resuelve el gasto del presente y compromete una parte del dinero que llegará después.
El relevamiento presenta resultados preliminares. Para dimensionar con precisión su alcance nacional sería necesario conocer la ficha técnica completa, incluida la metodología de selección de los hogares, su distribución territorial y el margen de error. Los porcentajes difundidos permiten describir el fenómeno relevado, mientras que las conclusiones sobre el conjunto de los barrios populares requieren esa información metodológica.
Los datos sobre las formas de endeudamiento muestran además que las familias recurren a circuitos diferentes según sus posibilidades de acceso al crédito. Las tarjetas concentran el 37,8% de las respuestas. Los préstamos de familiares o conocidos representan el 28,7%, los particulares el 23,6% y las aplicaciones y billeteras virtuales el 23,3%.
La combinación de esos canales revela una economía doméstica que utiliza cualquier fuente disponible cuando el ingreso mensual no alcanza. La tarjeta permite postergar el pago, un familiar puede prestar dinero sin pasar por una entidad financiera y una aplicación puede ofrecer crédito en pocos minutos. Cada alternativa genera condiciones distintas, pero todas comprometen recursos futuros.
El problema aparece cuando la deuda comienza a ocupar una parte creciente del ingreso. Una familia destina dinero a pagar una cuota y dispone de menos recursos para afrontar los gastos del mes. Si vuelve a necesitar financiamiento, agrega una nueva obligación a la anterior. La acumulación puede llevar a la mora y, cuando existen garantías, comprometer bienes necesarios para la vida cotidiana o el trabajo.
El fenómeno adquiere relevancia dentro de un escenario económico que presenta señales contradictorias. El índice de salarios del INDEC aumentó 3,7% en abril y acumuló una suba nominal de 12,7% desde diciembre de 2025, mientras la inflación acumulada durante esos cuatro meses llegó al 12,3%. El promedio salarial, por lo tanto, mostró una leve mejora frente a los precios en ese período, aunque ese comportamiento general no refleja las diferencias entre trabajadores registrados, empleados públicos y asalariados informales.
La distribución del ingreso ofrece otro dato para observar la situación. El coeficiente de Gini llegó a 0,442 durante el primer trimestre de 2026, frente al 0,435 del mismo período de 2025. El INDEC también registró una brecha de 15 veces entre la mediana del ingreso per cápita familiar del decil de mayores ingresos y la del decil más bajo. ([Indec][2])
El costo de sostener una familia también avanzó durante el año. En junio, la Canasta Básica Total que utiliza el INDEC para establecer la línea de pobreza aumentó 2,2% y acumuló una suba del 17% durante el primer semestre. Para un hogar de cuatro integrantes del Gran Buenos Aires, el organismo calculó un costo de 1.531.473 pesos. La Canasta Básica Alimentaria, que marca el umbral de indigencia, llegó a 689.853 pesos para ese mismo hogar y acumuló también un aumento del 17% en los primeros seis meses.
Ese dato tiene una particularidad que conviene precisar: los valores de las canastas corresponden al Gran Buenos Aires y funcionan como referencia estadística nacional para la medición de pobreza. No representan el costo de vida específico de una familia de Misiones, La Rioja o cualquier otra provincia.
El último dato oficial de pobreza disponible corresponde al segundo semestre de 2025. En los 31 aglomerados urbanos relevados por el INDEC, el 28,2% de las personas estaba debajo de la línea de pobreza y el 6,3% se encontraba en situación de indigencia. El informe abarcó a 30 millones de personas y 10,2 millones de hogares.
El endeudamiento suma una presión que las estadísticas de pobreza no captan por completo. Una familia puede superar formalmente la línea de pobreza y, al mismo tiempo, destinar una parte considerable de sus ingresos al pago de cuotas. También puede registrar ingresos suficientes para cubrir una canasta y afrontar dificultades para sostener otros gastos cuando acumula obligaciones financieras.
La morosidad del crédito destinado a las familias también aumentó en los segmentos no bancarios. Un informe basado en datos del Banco Central y estimaciones de Eco Go ubicó en 23,9% la irregularidad del crédito a familias otorgado por entidades no bancarias durante enero de 2026. Ese registro resultó muy superior al 10,6% observado en el crédito bancario a familias y al 6,4% correspondiente al crédito total del sistema financiero.
La diferencia ayuda a comprender el lugar que adquirieron las fintech y otros proveedores de crédito. Estos mecanismos permiten acceder rápidamente a dinero cuando una persona queda fuera de las condiciones tradicionales del sistema bancario. El mismo acceso que resuelve una urgencia puede generar una deuda de alto costo si el hogar carece de ingresos suficientes para cancelarla.
El problema también alcanza al crédito informal. El 23,6% de las personas endeudadas que participaron del relevamiento del Instituto Periferias señaló haber recurrido a particulares. El instituto advirtió que ese circuito puede incluir préstamos con prácticas usurarias y planteó posibles vínculos con redes delictivas en algunos territorios.
Ese último aspecto exige separar el dato de la interpretación. La encuesta permite afirmar que una proporción relevante de las personas endeudadas recurrió a particulares. La eventual relación entre esos préstamos y organizaciones delictivas requiere investigaciones específicas y pruebas que permitan establecer su existencia y alcance.
Los barrios populares presentan además condiciones estructurales que agravan el impacto de cualquier deterioro del ingreso. El Registro Nacional de Barrios Populares contabilizó 6.467 barrios incorporados hasta 2023. El registro identifica territorios donde las familias enfrentan déficits de regularización dominial y acceso a servicios básicos, una realidad que se superpone con las dificultades laborales y de ingresos.
En esos territorios, una deuda puede tener consecuencias que exceden el presupuesto mensual. El atraso en el pago de un préstamo puede afectar la posibilidad de acceder a nuevo crédito, comprometer bienes utilizados para trabajar o trasladarse y obligar a recurrir a fuentes de financiamiento cada vez más costosas.
Daniel Menéndez, director del Instituto Periferias, vinculó el crecimiento del endeudamiento con las políticas económicas del Gobierno de Javier Milei y sostuvo que la pérdida de poder adquisitivo llevó a sectores populares a utilizar el crédito para sostener gastos cotidianos. También cuestionó el crecimiento de los préstamos informales y reclamó una intervención estatal.
Ese diagnóstico pertenece al Instituto Periferias y a su director. Los porcentajes del relevamiento permiten describir cuánto se endeudó la población consultada, para qué utilizó el dinero y a qué fuentes recurrió. La relación causal entre esas conductas y las políticas económicas nacionales requiere incorporar otras variables, entre ellas salarios, empleo, precios, tasas de interés y transferencias sociales.
El dato más contundente aparece en el destino del dinero. El 42,3% de las personas que se endeudaron recurrió al crédito para comprar alimentos. Esa proporción muestra que una parte del financiamiento utilizado por los sectores populares se dirige al consumo básico y no a una inversión que pueda generar un ingreso posterior.
La diferencia resulta importante para entender el problema. Una deuda destinada a una herramienta de trabajo puede generar, en determinadas circunstancias, los ingresos necesarios para pagarla. Una deuda destinada a comprar alimentos resuelve una necesidad que desaparece en el momento del consumo y deja una obligación pendiente.
Cuando esa práctica se vuelve frecuente, el presupuesto familiar comienza a trabajar para pagar el pasado. Parte del dinero que ingresa durante el mes se destina a cuotas de compras anteriores, mientras las necesidades del presente vuelven a exigir financiamiento. El hogar puede entrar así en una secuencia de endeudamiento que se sostiene mientras conserva acceso al crédito.
La situación también modifica la relación de las familias con el sistema financiero. Una tarjeta utilizada para comprar comida puede generar intereses si el titular no consigue cancelar el resumen completo. Un préstamo tomado para cubrir gastos básicos incorpora una cuota mensual. Una aplicación puede ofrecer dinero inmediato y descontar luego el pago con intereses y cargos. La facilidad para obtener crédito no garantiza que la familia tenga capacidad para devolverlo.
Por eso, el dato de endeudamiento necesita observarse junto con la evolución de los ingresos y del costo de vida. El salario promedio registró una recuperación nominal durante los primeros meses de 2026, pero la desigualdad volvió a aumentar y el costo de las canastas básicas acumuló un incremento del 17% durante el primer semestre.
El cuadro tampoco afecta a todos los hogares de la misma manera. Una familia con ingresos formales y capacidad de ahorro puede afrontar una suba de gastos durante algunos meses y luego recuperar equilibrio. Un hogar que llega al final de cada mes con el dinero justo enfrenta otra situación: cualquier aumento de alimentos, transporte, alquiler o servicios puede obligarlo a buscar financiamiento.
Ahí aparece la dimensión social del endeudamiento. La deuda puede funcionar como una herramienta financiera cuando permite administrar una compra dentro de una capacidad de pago existente. Se convierte en un problema cuando reemplaza ingresos que ya no alcanzan para cubrir las necesidades habituales.
El relevamiento del Instituto Periferias registra esa transformación en los barrios populares. Casi seis de cada diez personas consultadas tienen deudas y más de cuatro de cada diez personas endeudadas utilizaron el crédito para comprar alimentos. El dato permite observar un fenómeno que las estadísticas de pobreza y salarios muestran desde otros ángulos: el ingreso familiar y el costo de sostener la vida cotidiana mantienen una relación cada vez más estrecha con el acceso al crédito.
La cuestión central queda planteada en esos términos. Mientras una familia pueda pagar sus gastos con sus ingresos, el crédito funciona como una decisión financiera. Cuando necesita crédito para comer y luego utiliza otro préstamo para pagar el anterior, la deuda empieza a ocupar el lugar del ingreso.
El desafío para las políticas públicas consiste entonces en determinar cómo evitar que ese circuito termine en mora permanente, intereses acumulados y pérdida de bienes. Las respuestas pueden incluir regulación del crédito, límites a los costos financieros, mecanismos de refinanciación y políticas destinadas a mejorar los ingresos. Cada herramienta actúa sobre una parte diferente del problema.
El relevamiento de agosto aporta una señal concreta sobre lo que ocurre en los sectores populares. La deuda ya forma parte de la economía cotidiana de una proporción significativa de las personas consultadas y, para muchas de ellas, el destino del dinero resulta tan importante como el monto adeudado. Cuando el crédito se utiliza para comprar alimentos, la deuda deja de ser solamente una obligación financiera y pasa a mostrar cuánto cuesta llegar a fin de mes.
