En un formato íntimo de bajo, guitarra y voz, las prestigiosas figuras uruguayas mudaron la esencia de su tierra a la sala Horacio Quiroga. Una velada marcada por la fusión de géneros y la improvisación ante una sala colmada de referentes de la cultura local. Con la generosidad de los grandes y despojados de egos, los músicos convirtieron su presentación en el Centro Cultural Vicente Cidade de Posadas en un encuentro histórico para la plaza cultural de la región.
Por María Álvarez
Miércoles 30 de septiembre de 2026. Hay conciertos que no se miden por el eco de una sala llena sino por la pureza de lo que ocurre sobre el escenario. El domingo por la noche, la sala Horacio Quiroga del Centro Cultural Vicente Cidade recibió a dos grandes referentes de la música rioplatense: una cita marcada por el virtuosismo y la hermandad como protagonistas de la velada. En un formato íntimo, los artistas uruguayos superaron con creces las expectativas al fundir el candombe con la libertad del jazz, la canción popular y el bolero.
La versatilidad de este dúo y su capacidad para comunicarse a través de los instrumentos es única, y el público presente tuvo el privilegio de escuchar a dos figuras de calibre internacional. Por un lado, Daniel Maza, bajista y cantante galardonado con el prestigioso Premio Konex, cuyo bajo ha acompañado a leyendas como Celia Cruz, Mercedes Sosa y Luis Salinas. Por el otro, Leonardo Amuedo, ganador de cinco premios Grammy, actualmente residente en Río de Janeiro, poseedor de un recorrido extraordinario que lo llevó a grabar y compartir escenarios estables grandes figuras de la talla de Ivan Lins y Caetano Veloso, así como con Sting, Stevie Wonder y Barbra Streisand. Ver juntos a este dúo en el litoral es, sencillamente, un lujo histórico.
Las luces se apagaron por completo y en la penumbra absoluta, un pulso profundo y magnético —el bajo de Daniel Maza— interrumpió el silencio del auditorio. Al encenderse los reflectores, la atmósfera nocturna le cedió su lugar a la síncopa indomable con los primeros acordes de “Dedos”, el clásico de Rubén Rada y Eduardo Mateo. La elección de la apertura funcionó como una declaración de principios y un homenaje necesario. Al finalizar la interpretación, Maza tomó el micrófono y verbalizó lo que ya flotaba en el aire: «No se puede hablar de candombe sin pensar en Rada. Cada vez que quiero componer un candombe, Rada ya lo hizo. Nunca más va a pasar eso; no hay un momento de conversación en que él no aparezca». Con esa mística instalada, los uruguayos mudaron la esencia de su tierra a Posadas en una calurosa noche de domingo.

Lo que siguió fue un catálogo de madurez instrumental y libertad. El dúo presentó 12 días, pieza compuesta por Leonardo Amuedo en 12×8. El repertorio continuó con una variación de Garota de Ipanema y abrió paso a un juego de cuerdas descontracturado. Maza ejecuta el bajo como al pasar, como si no costara, y por momentos el instrumento parece hablar, balanceándose entre líneas complejísimas y matizando el show con un sutil sentido del humor. Tras cada tema, la interacción con la platea fue constante, trayendo a escena anécdotas que dejaban con la duda de si hablaban en serio o en broma. Promediando la noche, la propuesta abrazó una profunda entrega de boleros de colección con versiones de Se te olvida y La puerta, antes de dar paso al clímax con una impresionante interpretación de Seminare en bajo (Serú Girán), que sirvió como introducción para Slow Motion —otra composición de Amuedo— y el pulso de Partida diferente perteneciente a otra de sus conformaciones de lujo, el Cuarteto Oriental.
La química de la dupla se sostiene en un contraste atrapante, despojado por completo de egos, donde el verdadero motor es la profunda admiración mutua: mientras Maza encarna la picardía rioplatense, Amuedo mantiene el perfil observador. Ambos dialogan con las cuerdas como si estuvieran en el patio de su casa. En un momento, el silencio de la sala se vio interrumpido por el sonido de un teléfono celular que sonó tres veces! justo cuando Maza explicaba la génesis de Candorina (el candombe para Karina) La situación se disolvió con el oficio de los grandes; rápido de reflejos, Amuedo lanzó: «Pueden atender tranquilos, eh», desatando risas antes de que Maza aprovechara el clima para bromear y saludar a su amigo, el pianista local Chungo Roy, presente en las butacas. Aunque el espectáculo merecía una sala colmada, la platea se convirtió en un refugio de creadores atentos, entre quienes se destacaron figuras de la escena misionera como Pato García y Cacho Bernal, junto a otros músicos locales.
Al finalizar el concierto, consultado sobre la intensa compenetración en el escenario, Leonardo Amuedo desnudó la trastienda del ensamble: «Lo que pasa es que somos muy amigos, tocamos juntos con el Cuarteto Oriental y nos conocemos mucho», explicó el guitarrista, esclareciendo la fluidez técnica que se percibió desde el auditorio.
Para el cierre, el compás candombero regresó con Ayer te vi y la respuesta del público fue inmediata al sostener el ritmo con las palmas.
En tiempos de sobreproducción, este fue un espectáculo fino y elegante.
Dos de las mentes más brillantes de la música contemporánea le regalaron al litoral una noche inolvidable de esas que atraviesa el alma, y nos recuerda la importancia imperiosa de habitar nuestros teatros.

