tapa el hombre del bicentenario recorte

Como dice Sergio Chejfec hay autores que eligen, para sus libros, títulos inmediatamente asociados al protagonista o a un elemento central de la historia, y hay otros que los conciben como metáforas. Hay otros títulos que son elegidos como parodia, o como homenaje, de títulos anteriores.

Tomás Abraham respondió, en la presentación del libro La empresa de vivir, que le puso ese nombre porque Césare Pavese ya había escrito El oficio de vivir. Raymond Roussel en cierta ocasión escribió un pequeño ensayo llamado “Como escribí algunos libros míos”. Marcel Benabou publicó uno y lo nombró irónicamente “Por qué no he escrito ninguno de mis libros”
J.M. Coetzee sacó de Tolstoi la idea de nombrar su trilogía Infancia Juventud y Verano.
Dublineses, lo escribió James Joyce. Dublinesca es un libro reciente de Enrique Vila-Matas. Hay un cuento de Antonio Tabucchi llamado El pequeño Gatsby.
Acá en Misiones tenemos a Luis Ángel Larraburu quien escribió El lobizón barrial, cuyo personaje principal se llama Nazareno Kruciak. Eslavizando, con la desviación en el apellido, a la familia Cruz, de la famosa obra de Leonardo Favio.
Y acá en Misiones vivió Macedonio Fernández, autor de Adriana buenossaires, y no de Adan Buenosayres, que es de Leopoldo Marechal; y autor de Papeles de recienvenido, que tal vez haya inspirado a Rodolfo Nicolás Capaccio a escribir Pobres, ausentes y recienvenidos. Una repetición de una palabra poco corriente siempre hace pensar en un homenaje, o por lo menos en una referencia.
Tulio Halperin Donghi escribió Una nación para el desierto Argentino, mientras que Fermín A. Rodríguez: Un desierto para la nación. Eduardo Halfon, guatemalteco, escribió “Esto no es una pipa, Saturno” jugando con el título de un cuadro de Magritte.
La genialidad de tomar un clásico y tomarse libertades, deformarlo se manifiesta en Orgullo y prejuicio y zombies, novela de Seth Grahame-Smith. Tito Cossa, famoso dramaturgo, tituló una obra La ñata contra el libro. Jugando con la famosa frase de un tango. Vila-Matas escribió Historia abreviada de la literatura portátil. Tristan Tzara: historia portátil de la literatura abreviada. El título “Una novelita lumpen” (lo dijo el propio Bolaño en una entrevista), es un juego satírico con Tres novelitas burguesas del también chileno José Donoso. Alfredo Prior creó 20.000 leguas de blues submarino.
“Vidas conjeturales”, de Fleur Jaeggy, está hecho en homenaje a Vidas imaginarias de Marcel Schwob. En el epígrafe de Triste solitario y final Osvaldo Soriano devela el origen del nombre de su novela, se trata de un fragmento de El largo adiós de Raymond Chandler “hasta la vista amigo. No le digo adiós. Se lo dije cuando tenía algún significado. Se lo dije cuando era triste, solitario y final”
Influenciado por el ensayo de Raymond Roussel llamado “Como escribí algunos libros míos” un sincero acusado de plagio escribió desde la culpa Cómo escribí libros de otros. Pero el título más desconcertante al respecto que pueda encontrar en una vidriera es: Cómo escribieron libros míos. (Inconcebible trama que encontramos en El espectro de Alexandre Wolf, libro de Gaito Gazdanov. Un ruso mata a un enemigo en la guerra civil al encontrarlo en un descampado. Años después lee un libro que relata detalladamente el hecho, tal como lo recordaba, cree que nadie más podría haber visto lo sucedido salvo el supuesto matado).
El primero tradujo manuscrito hallado en una botella de Edgar Allan Poe al español fue Cortázar. Quien después escribiría Manuscrito hallado en un bolsillo, cuento publicado en Octaedro, 1974, y que en internet se encuentra gratis fácilmente.
Felipe Pigna escribió, y publicó en este 2016, El hombre del bicentenario, refiriéndose a Belgrano. Le puso el título “porque fue el primero que pensó la Patria” argumentó, colmando de realismo y contenido ideológico a un título de ciencia ficción sobre un robot que Isaac Asimov, irónicamente, presentara en 1976 para una conmemoración de los 200 años de independencia de EEUU.

Anuncios