Herederos de las tradiciones del radicalismo y el peronismo, María Losada y Pedro Puerta se han convertido en actores de la política misionera, de hoy, del futuro. Se postulan al Congreso de la Nación por fuera de las estructuras de los viejos partidos, paradójicamente para preservar la identidad partidaria. Sus padres, Mario y Ramón la vieron venir cuando en 2001 la crisis de representación fue aprovechada por la antipolítica. Los dos expresan las tensiones de hoy entre las organizaciones y la ideología.

Posadas (Martes, 8 de julio) Losada y Puerta son dos apellidos ilustres de la política misionera. Se diría que desde los años 30 cuando “don Mario” se levantó en armas contra la dictadura de Uriburu. Gobernador en los 60. Años de proscripciones y desencuentros en la Argentina, del mayo francés y deconstrucciones, de la muerte del sujeto. Posiblemente don Mario haya sido el último caudillo. Linaje de una forma de hacer política que, paradojalmente está volviendo a valorizarse cuando se habla de estar cerca de la gente para romper el cerco de los medios, la dictadura de los medios concentrados. Esta es una historia que algún día habrá que contarla. Sin ir tan lejos, el apellido Losada remite, como el apellido Puerta, al proceso de democratización iniciado en 1983. Mario Losada, Marito para ser más precisos, y Ramón Puerta fueron dos protagonistas de los primeros veinte años de este andar por el esforzado camino alumbrado por las instituciones constitucionales. Fueron dos hombres de Partido. Recordemos: Se cruzaron por primera vez en la diputa indirecta por una banca del Senado de la Nación en 1989. Antes de la reforma los senadores eran designados por los parlamentos de las provincias. Aunque la UCR había sido categóricamente derrotada por el peronismo en todo el país, en Misiones la mayoría de la Cámara era todavía ucerreísta. El número se impuso y Losada fue al Senado. Se enfrentaron por última vez en las elecciones, ya directas de senadores, en el 2001. Ganó Puerta y Losada revalidó por la minoría, un invento de la Constituyente. Por esas cosas del destino los dos fueron presidentes por un día. Pero esa es otra historia. Lo que rescatamos hoy son sus convicciones. Eran hombres de partido. Y alertaban sobre los riesgos de despartidizar el armado de frentes o alianzas electorales. Cada uno desde la cosmovisión que conforman las ideas fundantes del radicalismo y del justicialismo. Los nombres denotan, presentan un significado primario y básico, común a los hablantes por estar ausente de subjetividad. La Unión Cívica sumó el aditamento Radical, para dar significación progresista a la unidad ciudadana al que el mitrismo no le hacía asco. Se era radical en la aplicación de los derechos constitucionales, en la voluntad de renovar la clase dirigente y cambiar el rumbo de las políticas de Estado. Fueron las raíces del alfonsinismo, de Renovación y Cambio. Y allí estuvo Marito. Ya desde 1968 cuando en Setúbal, los jóvenes que serían después alfonsinistas adecuaban la rebelión del mayo francés a la realidad argentina. El Partido Justicialista, que nació de una movilización anárquica de la clase proletaria en ascenso en 1945, tuvo en el sello Laborista, que le dio institucionalidad electoral, su marca identitaria.
Losada y Puerta, desde sus respectivas improntas la veían venir. Hoy los nombres de los frentes y alianzas no tienen sustancia. Renovar, Cambiar, Avanzar, Cumplir, no dicen nada. Pueden cambiar las derechas, se pueden renovar las izquierdas y se puede avanzar en cualquier dirección. Son nominaciones genéricas. Desideologizadas. Como el frente para la Victoria. Todos quieren ganar.
Losada y Puerta la vieron venir. Losada incluso en 1993 hizo una convocatoria, el famoso discurso del Teatro Español, a todos los partidos a unirse en defensa de su propia existencia sin necesidad de fundirse en un espacio difuso. Pelear sobre bases y reglas claras. Curiosamente fue más receptivo Puerta que gobernaba en esos años que los directivos de la UCR, que desde la Verde todo lo teñían de disputas internas. Son historias que deben ser contadas. Ahora es suficiente con rescatar la actitud de Losada cuando en 2003, tiempos en que los dirigentes de su partido huían como ratas él aceptó integrar la fórmula presidencial con el único objetivo de que la UCR no desparezca del tablero político. Una actitud similar tuvo Puerta cuando se despegó del kirchnerismo y desde su interpretación de la doctrina justicialista armó una oferta electoral desde fuera de las estructuras del pejota.
Pudieron no haber interpretado en su real dimensión el estallido de 2001, que tuvo como base la pérdida de la confianza en los dos partidos. Fue una real crisis de representación. Y quizá por eso la nueva forma de hacer política los fue relegando a un margen. Pero tienen su legado.
María Losada y Pedro Puerta son herederos de esas tradiciones. María es radical hasta la médula, como Pedro peronista. La tradición es el conjunto de ideas y comportamientos culturales de lo radical y lo peronista. Es lo que se transmite de generación en generación dentro de la comunidad política. Es lo que forma parte de la identidad. Pero hablar de tradición, muchas veces se asocia a visiones conservadoras. El conservadurismo aboga por mantener intactos los hábitos disociando los valores de los cambios que se registran en las sociedades. María y Pedro son herederos de las tradiciones del radicalismo y el peronismo, sin embargo las funden en el tiempo histórico y la rescatan, precisamente, porque las mantienen actualizadas para mantener su valor y utilidad. Las tradiciones radicales de María y las peronistas de Pedro están vivas porque adquieren nuevas expresiones sin perder su esencia.
Losada y Puerta se postulan hoy como candidatos al Congreso Nacional. Pueden ser electos, puede que no le alcancen los votos, pero ya han ganado al levantar en el debate electoral las ideas del radicalismo y el peronismo. La defensa de los derechos humanos y constitucionales, de niños y desamparados, la lucha contra los abusos de poder constituyen una impronta en el discurso y la práctica legislativa de María Losada. Pedro Puerta que irrumpe en la escena política con la candidatura a diputado nacional, ya en poco tiempo construye su imagen con propuestas coherentemente elaboradas en función de un plan de desarrollo. Son actores del presente y más allá del pronunciamiento popular en las urnas se proyectan como protagonistas del futuro.

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