Mientras Macri recibía el respaldo de la Renovación en el Congreso y convocaba a Passalacqua y gobernadores para sumar poder político ante la embestida del poder real con la corrida cambiaria, aquí el diputado González de la UCR desde la lógica de la partidocracia propuso cambiar la ley electoral que pomposamente llama “reforma política” sin entender que el cambio en la política es el respeto institucional a las mayorías, base del acuerdo Macri – Passalacqua.

Posadas (Jueves, 10 de mayo) Corrida cambiaria, inflación, rendición ante el Fondo Monetario, parálisis de la obra pública, tarifazos, pérdida de ingresos de los hogares, cierre de pymes y desempleo, constituyen un cuadro de situación complicado que, desde lo económico se trasfiere a lo político.
Mientras la vieja partidocracia considera el momento como una oportunidad ya que Mauricio Macri pierde popularidad y su gobierno confianza, la dirigencia que aprende de la historia es consciente de que cuanto peor no hay nada mejor sino que todo es peor. El dogmatismo que sostiene que las crisis son oportunidades no tiene en cuenta que, en la Argentina, de las hiperinflaciones y los desplomes como el del 2001 se sale descargando el costo sobre los sectores más desprotegidos de la sociedad, incluso la clase media asalariada. El corralito y la pesificación asimétrica de 2002 es el horizonte a evitar.
Se puede argumentar que son las insuficiencias estructurales de la economía argentina que genera ciclos que parecen inevitables. Y es cierto que son determinaciones de lo económico. Por eso la salida es desde lo político.
Es el contexto en el que hay que ponderar la convocatoria que hizo el Presidente a los gobernadores y la disposición de Hugo Passalacqua de asistir a la Casa Rosada. Más que un gesto, un compromiso que además quedó plasmado en el Congreso con el voto negativo de los renovadores a la ley que pretende retrotraer el precio de los servicios a valores del año pasado.
Hay en el entendimiento una férrea apuesta a la defensa de la institucionalidad y a poner en valor la política como instrumento de la voluntad popular. Son los grandes desafíos de la historia que la vorágine del día a día relega como lectura de fondo.
Esas actitudes cobran mayor dimensión en el contraste con la politiquería que mueve a la vieja partidocracia que muchas veces tiene como actores a jóvenes que reiteran las prácticas en función de la sobrevivencia en el partido.
Mientras Macri convocaba a Passalacqua, ayer el diputado Gustavo González, como ajeno a la gravedad del momento defendió en Comisión un proyecto de modificar las leyes electorales que pomposamente llama “reforma política”. Si bien la iniciativa es revestida con argumentos que apelan a la vida de la república, pronto queda al descubierto la jugada: restringir la posibilidad de rebeldía al interior de la UCR. Pero no sólo por eso le fue mal en la movida sino que la cayó encima el contexto. ¿En qué anda pensando el diputado cuando su presidente está sufriendo los embates del poder real que no tiembla ni reconoce a propios cuando se proponen negocios? ¿En qué mundo vive? Fueron preguntas retóricas que lo dejaron sin respaldo aún de los propios correligionarios. Pero si el proyecto es inadecuado en esencia, choca además con el desconocimiento implícito a los derechos de las mayorías. “La Renovación –le explicaron- no está dispuesta a cambiar las reglas de juego cuando el tema no está en la preocupación de la gente, hoy angustiada por la inflación, las tarifas, la caída de sus ingresos y el desempleo”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

foto: ENFOQUE

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