Los precios en Brasil para este verano, al menos duplican los valores del año pasado. En la Costa Atlántica argentina piden que los aumentos no superen el 30 por ciento anual pero no hay valores de referencia: un diario indica que en Mar del Plata ya se habla de que alquilar una carpa durante la temporada estival, puede costar entre 24 mil y 60 mil pesos. De Posadas a Floripa, en auto, hay que invertir entre 10 mil y 13 mil pesos sólo en combustible.

Posadas (Miércoles 10 de octubre). ¿Dónde veranear? La pregunta que comienzan a hacerse sobre todo los misioneros no tiene respuesta inmediata. Pasar las vacaciones en las playas del Brasil, las más cercanas a dónde se llega en auto con toda la familia, costará al menos el doble que el año pasado.
Veranear en la costa atlántica argentina, por ahora, también tiene precios inciertos aunque una revista especializada en turismo dio a conocer que “el verano argentino, por lo menos en lo que refiere a destinos de playa, ya cuenta con su primer golpe al bolsillo. En Mar del Plata ya se habla de que alquilar una carpa durante la temporada estival, puede costar entre 24 mil y 60 mil pesos”.
Los primeros indicios hablan no solo de un leve aumento en reales, respecto del año pasado sino también que en valores en pesos, los costos duplican a los del verano 2018, sobre todo en las playas ubicadas en el litoral catarinense, las preferidas de los misioneros, donde Barra Velha (al norte de Santa Catarina) y Garopaba (al sur del mismo Estado).
Es que las reservas que se hicieron en septiembre de 2017 para pasar el verano en Brasil se hicieron a un dólar a 17,34 pesos y el real a 5,44 pesos. En estos días de octubre, esas monedas cotizan mucho más: el dólar estadounidense está en los 37,22 pesos (cerca de un 130 por ciento más) y el Real anda por encima de los 9,90 pesos (cerca de un 80 por ciento más). Con estos valores, el combustible, los vuelos, el alojamiento y la comida ronda entre un 80 y un 130 por ciento más que el año pasado, aproximadamente.
Un relevamiento del diario Clarín entre aerolíneas y agencias de viajes mostró, a fines de septiembre, que una pareja con dos hijos pequeños necesita entre $ 85 mil y $ 100 mil solo en pasajes en avión, ida y vuelta, de Buenos Aires a Florianópolis.
En combustible, desde Posadas, ida y vuelta a Florianópolis (unos 2200 kilómetros, sin recorridos internos) supone un costo de entres diez mil y trece mil pesos sólo en combustible: de 4,53 a 6 reales el litro de combustible, pagados con tarjeta de débito –al cambio oficial de hoy, 10 de octubre de 2018-, supone un costo promedio de 45 a 60 pesos por litro (son valores aproximados orientativos, promedio, para un consumo de 10 litros de nafta súper por cada cien kilómetros).
En cuanto a los alojamientos, siempre tomando cifras de referencia promedio, las inmobiliarias más conocidas de Florianópolis piden, por una habitación para cuatro personas, ubicada cerca del mar, al menos 25 mil pesos por quincena si está en la playa Ingleses y un poco más, unos 30 mil pesos, en Canasvieiras. Con dos dormitorios, en este último balneario preferido por los jóvenes, los precios arrancan en 36 mil pesos.
Mayor impacto
No sólo los costos de Brasil impactarán en los veraneantes argentinos a causa de la devaluación del peso frente al dólar y al real. También, la falta de financiación y planes de pago que el año pasado eran más favorables: los medios especializados en turismo dan cuenta que por la fuerte suba de las tasas, los planes de cuotas sin interés se redujeron al mínimo. Y abonar en doce pagos puede implicar recargos mayores al 50%.

Qué pasa en la costa argentina

Con el dólar a esta altura del año al doble de lo que cotizaba en el verano pasado, los principales destinos de la Costa Atlántica aguardan no sólo a los fieles turistas de cada temporada, sino también a aquellos a los que esta vez las fronteras les resultarán económicamente infranqueables. Los operadores creen incluso que las estadías, como no ocurre hace años, se estirarían y alcanzarían un promedio de siete noches.
Pero para que esto ocurra saben que deben ser cuidadosos al fijar tarifas. Y, ante la posibilidad de que las buenas expectativas impulsen subas desmedidas, los operadores de turismo piden que los aumentos no superen el 30 por ciento anual. En las comunas, en tanto, buscan incluso promover una pauta más cercana al 25 por ciento.
“Pensamos que el aumento que se puede manejar es aquel que el empleado recibió en el año, no importa si la inflación es el doble”, sintetiza Oscar Gonnet, al frente de una inmobiliaria con una vasta cartera de alquileres de temporada en Mar del Plata, y concluye: “Nosotros sugerimos un 25% de aumento”.
La recomendación fue aceptada por los propietarios de departamentos más viejos, “estándar en pleno centro”, dice el martillero a Clarín, “pero los departamentos premium, con amenities y con ubicaciones de privilegio, están incrementando su valor un 30% de un año a otro”.
Para congelar el valor, a algunos les piden cancelar ahora el total de la reserva; a otros les toman hasta el 40% de seña y les conceden pagar el resto al ocupar la propiedad.
En promedio, en estos días se paga por un departamento en el centro de la ciudad, por una quincena de enero, unos $ 20.000 para cuatro personas y con cochera.
En Pinamar ocurre algo similar. La sugerencia de las inmobiliarias es “no trasladar a un alquiler temporario el índice inflacionario”. Germán Gómez, de Balmoral Propiedades, dijo a los medios que la mayoría acepta una suba en una franja del 25 al 30%, pero hay quienes “a rajatabla quieren aplicar el famoso 42% que se anuncia de inflación anual”, y otros que, para no quedarse atrás ante una eventual devaluación, prefieren publicar en dólares. “No es lo recomendable y de hecho son las propiedades que no están siendo solicitadas: al ver el signo ‘US$’, el interesado huye”.
En Pinamar, por el alquiler mensual de una casa en enero se piden hoy $ 120.000, o $ 66.000 la quincena. Es una casa de tres habitaciones con dependencia y cochera, para ocho personas, a una calle del centro y a cuatro de la playa.
Para sus localidades satélites, Ostende y Valeria del Mar, así como el exclusivo bosque de Cariló, el alza de los alquileres ronda el 25%. El turista que elige Pinamar o Cariló no suele ser aquel que espera el aguinaldo para cancelar pagos. Por eso, a quienes ya en estos días pretenden fijar el valor de la propiedad les exigen una seña y la cancelación 15 días después. Eso está dándose, sin quejas.
Los operadores coinciden en que la próxima temporada será fuerte. “Va a ser buena, por lo menos con más público, con mayor ocupación, sin períodos vacíos en el medio. Acá tenemos que ganar con mayor ocupación, no con precios altos y sin castigar al turista”, según consta en un informe del diario digital El Once.

En Mar del plata no hay precios de referencia

El periódico turístico El Mensajero, en tanto, asegura que el verano argentino, por lo menos en lo que refiere a destinos de playa, ya cuenta con su primer golpe al bolsillo. En Mar del Plata ya se habla de que alquilar una carpa durante la temporada estival, puede costar entre 24 mil y 60 mil pesos.
Las carpas son el leit motiv de muchas familias que visitan Mar del Plata y tienen por tradición instalarse durante los meses de verano en alguno de los balnearios que se encuentran allí. Los precios varían de un sitio a otro, no sólo por ubicación y servicios, sino que este año no cuentan con una tarifa sugerida por las cámaras que nuclean la actividad.
Según el sitio La Capital de Mar del Plata, Desde la Cámara Empresaria de Bares, Restaurantes y Afines de esa localidad explicaron que este año no darán a conocer los precios de referencia debido a la gran dispersión existente entre los balnearios, ya que varían de acuerdo a los servicios que ofrece cada uno.
En zonas más accesibles, como Punta Mogotes, se puede encontrar una tarifa relativamente más baja, que en por ejemplo La Perla, donde el promedio supera los 45 mil pesos por temporada o en Playa Grande, cuyo promedio de alquiler oscila los 60 mil pesos.

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