Triple Frontera es el nombre de la película que se estrena la primera quincena de marzo en Netflix. Un grupo de populares actores de la industria encarnan a exmilitares que realizan actividades ilegales en Sudamérica. Con clichés y estigmatizaciones, el criterio impuesto desde Washington intenta sobreponerse a una realidad diferente. Quieren instaurar la idea de que la triple frontera es una zona sin presencia de leyes. Apelan nuevamente a la industria cultural como campo de batalla.

Posadas (jueves, 20 de febrero de 2019) En marzo la plataforma Neflix estrena Triple Frontera, una película que muestra el accionar fuera de la ley de un grupo de exmilitares estadounidenses en Sudamérica. El proyecto -pospuesto por el fuerte rechazo de funcionarios argentinos y paraguayos en 2010- tiene fecha de estreno. Su criterio falaz y estereotipado al presentar la vida en la región fronteriza, deja ver los intereses de fondo.

De Washington surge la denominación de Triple Frontera, con mayúscula como les gusta, para fomentar la construcción de una zona sin ley, sin presencia del Estado y dominada por mafias terroristas. El modus operandi de Estados Unidos de Norteamérica es una sucesión de acciones casi calcadas de otros lugares que llamaron su atención por intereses financieros, a los que convirtieron en víctimas de una dinámica aprendida y perfeccionada con el paso del tiempo. Los rojos, los árabes, terroristas, drogas y cárteles mafiosos son todas excusas para erigirse como gendarmes del mundo occidental, civilizado y cristiano.

Moldean el ideario mediante la industria cultural y ganan terreno para la aceptación de los ciudadanos en futuras acciones concretas. Tiempo y dinero no le son escasos en el proceso, más a su favor si el apoyo viene de parte de los gobiernos locales.

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Patricia Bullrich y su look de combatiente (foto: Internet)

La imagen de la Ministra de Seguridad argentina, Patricia Bullrich, disfrazada con ropa de fajina al recorrer el norte misionero, reafirma el mensaje de carácter combativo; es el corolario de la comunión del Gobierno de Mauricio Macri con las líneas del Departamento de Estado.

En 2016 la situación se volvió turbulenta con el rumor de la instalación de bases norteamericanas en Misiones, que, sumado a las puestas en escena de Bullrich, obligó a los funcionarios provinciales a salir al cruce. Fue el ministro de Gobierno, Marcelo Pérez, el primero en cuestionar el fomentado ideario. Después, el propio Hugo Passalacqua se manifestó al respecto y en distintos ámbitos sobre el erróneo criterio de la rutina de aquellos que viven, trabajan y comparten la triple frontera.

Por parte del gobierno nacional cesaron las demostraciones deliberadas respecto al desembarco del Comando Sur en el territorio, pero mantienen la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo como algo central en su discurso. Y en ese panorama la triple frontera es un punto de mira constante. Pasaron cuatro años en los que la política regional giró en favor de los intereses de Estados Unidos y si hay algo que el país del norte sabe hacer es no desaprovechar las oportunidades. Quizás estos años fueron pocos para instalar sus bases para el control de los recursos naturales, pero la seducción es constante y un claro ejemplo es la superproducción “Triple Frontera”. Mostrar a los buenos, alineados y honorables soldados del Tío Sam, contra los desfachatados, abyectos y desalmados delincuentes sudamericanos.
El tráiler promocional de la obra escrita por Mark Boal y Jeffrey Chandor, ambos con experiencia en narrar para el cine las operaciones estadounidenses en la captura del líder de Al Qaeda y las guerras en Irak y Afganistán, muestra al cuidado grupo de actores enfrentando a traficantes violentos. Si bien hay referencias directas a la frontera compartida por Argentina, Brasil y Paraguay, las locaciones fueron Colombia, Hawai y California, como suele pasar en producciones donde refieren a un lugar pero se muestran en otros. El ritmo vertiginoso no da tiempo al espectador para hacer foco en las incongruencias de los paisajes, mucho menos si se los desconoce. Una selva en los alrededores de Bogotá simula ser la Selva Paranaense. Pero nada de eso importa, dado que el mensaje que subyace es claro, conocido y eficaz. En la selva viven los traficantes, que tienen dinero, armas y viven al margen de la Ley y del norte caen del cielo los héroes los salvadores.
La estigmatización no es nueva; Centroamérica sufrió por años el protagonismo negativo de las pantallas. Colombia tuvo su momento y aún tiene, a modo de ejemplo en Sudamérica. Lo nuevo es el foco puesto deliberadamente en la triple frontera, que pasó de estar en los informes del Departamento de Estado a formar parte central de las tramas cinematográficas. El proceso avanza a paso constante.

AR – Misiones Plural