#GlobosamarillosPozosazules

Por Santiago Morales. 

Jueves 6 de junio de 2019. Se dice que cuando el Presidente recorrió en helicóptero el norte de la provincia de Santa Fe, hace unos meses, para ver los efectos desastrosos de las inundaciones, bajó en una localidad a la que Casa Rosada le cambió el nombre. El parte de prensa de Casa Rosada anunciaba que “…el encuentro tuvo lugar en el Parador Ayala, en el departamento de Vera”. Un lugar fantasma. Un lugar inexistente para la cartografía. El helicóptero había bajado en la casa de la familia Ayala, en el pueblo de Intiyaco (-en quechua-, que paradójicamente significa Agua de sol) donde lo esperaban ansiosos y hundidos algunos productores rurales reclamando respuestas.
Capricho –en el original italiano, capriccio– es el nombre que recibió en la historia del arte el paisaje que no es reflejo de un lugar real sino resultado de la fantasía del artista. El artista argentino Max Gómez Canle montó una exposición de sus pinturas bajo el título “El salón de los caprichos”, donde exhibe sus obras que son paisajes inventados. Más allá de que el error oficial no tuvo mayores consecuencias, a los de Intiyaco, como a cualquier ciudadano, no les causó mucha gracia que, encima de las pocas soluciones recibidas, los ninguneen de esa manera.
Hay ciudades que fueron diseñadas, dibujadas y luego construidas, como La Plata; otras quedaron estampadas en los papeles eternos de la literatura. Algunas de estas últimas fueron creadas en un contexto existente que le otorga verosimilitud a la urbe imaginada. En Las ciudades invisibles Italo Calvino confeccionó su mapa artificial;
Yoknapatawpha County es un condado ficticio imaginado por Faulkner; Macondo podría ser la ciudad más turística de los países irreales; Obaba es donde situó Bernardo Atxaga sus más atroces creaciones; Castle Rock es un pueblo ficticio usado en varias novelas de Stephen King. En un reportaje a Juan Carlos Onetti le preguntaron si viviría en Santa María si pudiera, a lo que contestó: -Santa María no existe más allá de mis libros. Si existiera realmente, si pudiera vivir o viviera allá, inventaría una ciudad que se llamara Montevideo. Interzona es la ciudad donde transcurre Almuerzo al desnudo de William Burroughs; Fresán inventó Canciones tristes, nombre insólito para un pueblo; Javier Marías fue más allá, creando el Reino de Redonda. A Dino Buzatti no le alcanzó con inventar un pueblo y fundó imaginariamente, en su novela Bárnabo de las montañas, toda una cordillera a la que llamó San Nicola. En el libro Sobre los acantilados de mármol, Ernst Junger inventa un pueblo para hablar tranquilo de Alemania y de Occidente en general.
Alain Bublex llevaba más de una década diseñando la ciudad de Glooscap, realizando sobre su espacio urbano mapas, pinturas de personajes famosos, cartas postales, libros, creando su historia y costumbres, su geografía, sus habitantes, su mitología y su arquitectura, en fin, todo tipo de documentos. Paul Bowles inventó no una ciudad sino varias, estaciones de un ferrocarril imaginario, incluso pautó los horarios en que pasaría el tren por cada lugar. Tlön es un mundo ficticio creado por Borges en su relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Costaguana, un país de América Latina en la novela “Nostromo” de Joseph Conrad. Adanbuenosayres, personaje del libro homónimo de Leopoldo Marechal, inventó la ciudad de Cacodelphia; y al final llegamos a Villa Obtusa, pueblo fantasma de la magia del narrador misionero Luis Ángel Larraburu.
En el corazón de Misiones, a 44 kilómetros de San Pedro, había una vez un lago por el cual corría agua tan clara, tan pura, tan poco teñida por la tierra colorada, que los troperos que paraban en ese paraje, tal vez por la existencia de piedras preciosas en el fondo, tal vez por el reflejo del cielo en el agua, bautizaron Pozo azul. Otras versiones apuntan a enfrentamientos políticos y colores de pañuelos. El hecho es que en diciembre de 2017 aquel paraje, Pozo Azul, es declarado Municipio de la Provincia; en junio de 2019 el pueblo elige por primera vez a su intendente, resultando electo Edgar González.
Mientras en Misiones, el Gobierno le da un marco legal a un pueblo ya existente, a una comunidad de personas de verdad, como la de Pozo Azul, y se lo constituye como el 76º municipio, en la Casa Rosada por el contrario, desconocen, borran del mapa o niegan el nombre de Intiyaco y sus pobladores reales, de carne y hueso y no de una novela fantástica.