En el discurso de triunfo electoral que dio para la militancia, el presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, agradeció a “todos, todas y todes”, utilizando así el denominado “lenguaje inclusivo”. Es un acto eminentemente político, que reconoce -desde el lenguaje- la lucha de los movimientos por la igualdad y diversidad de género.

Por Jorge Víctor Ríos.
Miércoles 30 de octubre de 2019. Hace poco más de un año, lo que se dio en llamar “lenguaje inclusivo” (aunque quizás “lenguaje igualitario” sea una mejor denominación) era totalmente desconocido para la mayoría de las personas. A partir de la discusión pública y mediática del proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo durante la segunda mitad de 2018, comenzó a darse a conocer su uso de la mano de jóvenes y militantes que lo incluían en sus discursos públicos y aun en los cotidianos.
Desde entonces, no sin controversias, esta forma de uso de la lengua, que implica intervenciones en el nivel léxico y gramatical, viene avanzando lenta pero sostenidamente en el habla de les más jóvenes, en las redes sociales, en algunos medios de comunicación y publicaciones editoriales, y especialmente en universidades públicas.Casi todos los meses de este año hubo noticias de universidades, incluso algunos colegios secundarios, que “habilitaron” el lenguaje inclusivo para los trabajos prácticos y, en muchos casos, para las comunicaciones institucionales oficiales.
El fenómeno del lenguaje inclusivo se viene dando como una polémica pública sobre el uso de la lengua. En ella han intervenido especialistas en lingüística, pero en verdad la materialidad lingüística (con todos sus enredos y complejidades) es solamente la punta del iceberg: se trata, más bien, de una cuestión semiótico-política.El lenguaje inclusivo, no sexista, no binario, sensible al género, igualitario es, también, un lenguaje disruptivo: desafía, desde la trinchera de la lengua, a un sistema cultural de siglos según el cual el varón se encuentra jerárquicamente por encima de la mujer y la identidad de género está atada al sexo biológico.
Es desde este punto de vista que la mención de Alberto Fernández en su discurso ganador de las elecciones toma una significación especialmente relevante para las luchas que llevan adelante desde hace décadas los movimientos sociales que bregan por la igualdad de género y la legitimación de las diversidades más allá del -culturalmente construido- binomio varón-mujer. Ese “todes” es, entonces, un contundente posicionamiento político a favor de la igualdad y la diversidad de género, que probablemente anticipe algunas de las políticas públicas del próximo Gobierno nacional.