Miguel Thomas renunció hoy a la Dirección General de Rentas después de 20 años ininterrumpidos en el cargo. Referente insoslayable de la política fiscal de la Renovación, resumida en la consigna “el que más gana más paga”, su alejamiento no implica un cambio en el esquema tributario ya que es uno de los pilares de la Renovación desde 1999 cuando Carlos Rovira le arrebató las banderas del equilibrio fiscal a las derechas, pero sosteniendo recursos a través de la recaudación e iniciando el proceso de desendeudamiento que devolvió potestades soberanas al Estado.

Martes, 3 de diciembre de 2019. Después de 20 años de gestionar la política fiscal de la Renovación, el contador Miguel Thomas renunció a la Dirección General de Rentas. Su alejamiento no implica un cambio de rumbo en las políticas tributarias que constituyen uno de los pilares del proyecto de la Renovación ya desde antes de su conformación como espacio político en 2003. Desde que asumió en 1999, Carlos Rovira le arrebató las banderas del equilibrio fiscal a las derechas, que habitualmente en la Argentina pregonan déficit cero, pero nunca realizan en profundidad las transformaciones necesarias en el Estado. La Administración de Mauricio Mari es paradigmática: con el cuento del equilibrio fiscal, reduce los gastos primarios pero incrementa el financiero hipotecando al Estado con una deuda que ya alcanza a un PBI.
Rovira cuando asumió el primer mandato se propuso alcanzar el equilibrio fiscal atacando simultáneamente los dos frentes, el primario y el financiero. En los últimos 20 años el desendeudamiento es uno de los logros indiscutibles del rovirismo. De asumir con una deuda en dólares que condicionaba la toma de decisiones hoy la deuda pública afecta menos del 5% del Presupuesto anual. También es indiscutible el haber logrado el equilibrio fiscal sin ajustar los gastas sino aumentando los recursos con recaudación propia. 
Thomas que se acogió al retiro voluntario, de todos modos fue el que puso el cuerpo, fundamentalmente ante los empresarios que estaban habituados a una política fiscal laxa y que en los 90, de acuerdo con los criterios del neoliberalismo se concebía desde la teoría del derrame. Fueron años de alícuota cero para varios rubros, que no derramaron nada. Thomas dio la cara además en los debates parlamentarios cuando en la Comisión de Presupuesto era interpelado por las oposiciones con el cuento de que las empresas dejaban la provincia para radicarse en Corrientes.
Con datos objetivos refutó las críticas y defendió las políticas aun enfrentando a los grandes estudios jurídicos.
No se va, como se informa porque el gobernador Hugo Passalacqua le haya ordenado derogar una resolución que aplicaba retenciones por pago a cuenta a productores primarios monotributistas de la zona sur. Tampoco porque la Ley de Presupuesto 2020 le haya devuelto facultades al Parlamento y al Ministerio de Hacienda que la DGR manejó en la emergencia. Hay una cambio de época. Deja una impronta política vehemente que quizá era necesaria en los años de combate con las grandes empresas y una vara bien alta en el celo recaudatorio.

Como se está diciendo en las redes sociales ni bien conocida su renuncia: “fuera de toda subjetividad, fue un gran recaudador. Con fuerte apoyo político un puntal para juntar los que otros gastan”.