Muestra “Busse en vivo” se realizará entre el 6 al 18 de diciembre. Se expondrán obras inéditas del artista plástico misionero en la sala Solís Museo Municipal de Bellas Artes “Lucas Braulio Areco”. La retrospectiva se trata de una especie de mural de 30m de largo x 1,5m de altura, hecho sobre papel, en el cual son todos desnudos, y un video sobre el artista y su obra. “La idea es presentar la muestra de manera que la gente para recorrerla tenga que entrar en la pintura” advirtieron los organizadores.


Por Santiago Morales
Giotto es el diminutivo de Ambrogiotto. O sea, es como decir Tito, que en este caso viene de Augustito. Era conocido así, por el apodo, como Tito Cossa, pero firmaba simplemente Busse.
Su gato se llamaba, el gato de su etapa del atelier de Gascón, se llamaba Rembrandt, pero no era negro ni claroscuro, era pardo. El gatopardo, a Busse también le gustaba el cine. Su atelier le gustaba tanto a todo el mundo que fue locación de algunas producciones audiovisuales.
En 2016 su hija Olivia, que se dedica a la pintura, sintió que había que mantener vivo el espacio y así nació El blanco. Ese era su gran atelier de su etapa de Buenos Aires, porque antes y después de eso, tuvo su etapa posadeña. Aunque nació en Santa Fé se consideraba misionero por adopción como se lo reveló a Berenice Oliveira en una entrevista en 1999.
¿A Busse qué más le gustaba? Su origen le gustaba, por eso volvió, y por eso pintó tanto a las Misiones. Le obsesionaba la piedra, por eso hizo un viaje hasta la isla de Pascua y mirando esos gigantes pétreos pensó en la piedra misionera, y empezó un periodo interminable de pintar a las piedras. Las piedras y los colores, y la figura femenina. Pintó a las guaraníes como si fuera un Gauguen misionero.
Observo la tridimensión figurativa de Polesello, el prisma de colores, una línea suspendida, me parece aburrido. En cambio, es diferente el uso que le da Busse, encontrando por dónde pasa ese arco iris en el contexto regional.
En el libro Trago de nada, Javier Chemes, hablando sobre un relato de Borges, dice: “…y tenemos aquí la idea del hombre ocupado apasionadamente en la culminación de su obra; a la hora de la muerte en lo único que puede pensar es en que si lo matan, el día en que estaba prevista la ejecución, él no alcanzará a finalizar su trabajo”
En Las nieves del Kilimanjaro, Hemingway deja entrever una idea similar: lo que dejará sin escribir un hombre que está a punto de morir. Busse pasó sus últimos años en Posadas, pintando, entre su improvisado atelier de Garupá y uno en pleno microcentro posadeño, escondido entre carteles publicitarios frente al shopping, acorazado entre miles de pinturas viejas y nuevas escuchando Jaques Loussier haciendo Bach mientras afuera transcurría el ronquido de los comercios.
El retrato de Dorian Gray: “La Academia es demasiado grande y demasiado vulgar. Cada vez que voy allí, o hay tanta gente que no puedo ver los cuadros, lo que es horrible, o hay tantos cuadros que no puedo ver a la gente, lo que todavía es peor.” La Solís era su sala preferida. Sentado en un banquito, mientras leía, se sorprendía cada vez que una persona entraba a ver una muestra suya un día que no fuera la inauguración y el vernisage.
En esta oportunidad, la retrospectiva se trata de una especie de mural de 30m de largo x 1,5m de altura, hecho sobre papel, en el cual son todos desnudos, y un video sobre el artista y su obra. “La idea es presentar la muestra de manera que la gente para recorrerla tenga que entrar en la pintura” advirtieron los organizadores.
Arte erótico, arte autóctono, inspiraciones entre Rapanuí y el guaraní, una obra para demostrar que la tierra y el cuerpo se parecen.