El estudio comenzó en 2007. Desde entonces, detectaron el movimiento del zorrito y felinos de la selva misionera. La acción derivó en la creación de guardaparques abocados a la lucha contra la caza y a repensar el Corredor Verde creado en 1999.


Lunes 16 de agosto de 2021. La Universidad Nacional de Misiones lleva adelante el proyecto Zorro Pitoco, desde hace diez años, a través de un convenio suscrito con el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales Renovables y la Universidad de Missouri, San Luis, Estados Unidos de Norteamérica.
El estudio busca conocer la zona y los movimientos de este zorrito en peligro de extinción y con él, estudian el movimiento en la selva misionera de otras especies autóctonas, dentro de las áreas naturales protegidas y sus zonas de influencias.
En los primeros momentos, detectaron en forma paralela una cantidad superior a la imaginada de rastros de caza (ilegal).
La coordinadora del proyecto, Carina Arguelles, explicó los alcances del trabajo en una entrevista con Plural TV, programa periodístico que se emite por Canal 4 Posadas los martes de 19 a 20 horas.

-Hay varios trabajos desde la facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales de la UNaM referidos a la conservación de la selva y de la fauna ¿no?
-Exactamente. Nuestro foco de análisis son las especies endémicas en Misiones y, particularmente, estamos interesados en hacer realidad el gran objetivo último del proyecto que ya lleva más de una década: iniciamos con una prueba piloto en 2007 para ver las estrategias de análisis o las herramientas para poder estudiar la biodiversidad y el estatus de esa biodiversidad, sobre especies de carnívoros en principio, de cinco carnívoros…

-Con una estrellita: el zorro pitoco.
-Sí, empezamos por ese monumento provincial, en realidad el doctor Miguel Rinas -que trabajó en el Ministerio de Ecología a cargo del Parque El Puma- estaba interesado en saber si la especie estaba en la selva misionera, o si ya estaba extinta como se creía. Ese fue nuestro ensayo piloto, tratando de determinar si había alguna población de zorros pitocos.

-¿Quiénes y desde dónde empezaron?
-Esto fue una pregunta que se hizo el doctor Rinas, justo cuando la doctora e investigadora Karen Dematteo (de la Universidad de Missouri, San Luis, Estados Unidos de Norteamérica, se puso en contacto con el grupo de Rinas y Arguelles que realizaron trabajos sobre roedores en otras provincias), interesada en estudiar al zorro pitoco, que es una especie muy difícil de ver y que no suele estar en ambientes donde estuvo el ser humano. Son pitocos, chiquitos, como un perro chico. Se los conoce también como zorrito vinagre. Quisimos saber si estaba en nuestra selva y analizamos, todo un desafío, la estrategia para detectarlo. Usamos una herramienta novedosa para entonces, no invasiva, donde no necesitamos capturar al animal sino buscar un rastro que deje en el monte para levantarlo y analizarlo. Utilizar el material genético que queda del individuo en ese rastro para poder identificarlo. Probamos en 2007 con el primer perro detector, entrenado para identificar materia fecal del zorrito en el monte, que va dejando durante su movimiento. Los investigadores caminamos muchas horas por fuera y por dentro de las áreas protegidas, en ambientes antropizados (humanizados) para verificar el movimiento natural de esos animales. La técnica funcionó porque pudimos recuperar muestras, material genético, su ADN, que se desprende del cuerpo con la materia fecal, células del epitelio del tracto digestivo final. De esas células recuperamos el material genético para estudios. Cuando identificamos el material genético podemos determinar la especie a la que pertenece, confirmar esa muestra de caca, identificar después el individuo, como si hiciéramos un estudio forense. Y después el sexo. Con eso podemos saber el número aproximado, proporción de sexos: durante tres años consecutivos.

-¿Se extendió a otras especies?
-Surgió la pregunta: ¿Si podemos hacerlo con zorros pitocos, podremos aumentar el número de especies? Y pasamos de zorros pitocos a puma, yaguareté, gato onza y el tirica. Cinco especies de carnívoros que fuimos siguiendo durante cinco años en las zonas centro norte de Misiones, zonas de mayor selva donde tenemos las áreas protegidas más grandes. Nuestra intención era ver si salían de las áreas y si, salen. Con tres años de muestreo, con mucho esfuerzo, recogimos más de mil muestras. Descartamos también algunas porque eran añosas o con desarrollo de moho y no podríamos determinar el tiempo, o ser exitosos en la recuperación de material genético. Entonces, para 2017 modelamos un punto de partida para el Ministerio de Ecología dentro de lo que es el corredor verde, el monte que tenemos que intentar proteger.

-Recuperar y volver a fortalecerlo ¿no?
-Exactamente, ese Corredor Verde que está aprobado por ley desde 1999 en Misiones. Ese corredor verde que está en papel y que necesitamos ponerlo en la práctica. Y el proyecto Zorro Pitoco está tratando de colaborar con el Ministerio de Ecología para hacer realidad ese sueño.

-Ese Corredor Verde no es más que la unión de las áreas o las reservas entre sí, a través de un corredor que recupere la selva y permita el tránsito de la fauna de la zona.
-Si; ese Corredor Verde es bastante ambicioso en cuanto al ambiente que pretende, o que pretendía en su momento. Hoy sería una utopía pensar en mantener todo ese ambiente cuando la población creció y existe impacto en los suelos, en el ambiente, en el habitad que se está fragmentando. Entonces, tenemos que ser conscientes de que eso ya no es posible. Pero que hay sectores que podemos intentar recuperar, o por lo menos no seguir impactando.

-Y hay costumbres que cambiar…
-También. El proyecto tiene varias aristas, en realidad ya se convirtió en un programa. El muestreo en monte para poder detectar estas especies, que a partir de 2016 aumentamos a cuatro especies más, especies presas de estos carnívoros, porque si están las presas, están los carnívoros. Incorporamos un perro detector nuevo y en esos muestreos verificamos que la gente es consciente de que hay que preservar. Con los primeros estudios de biodiversidad hacíamos estudios de educación ambiental, colaborábamos y traíamos recursos para hacer programas de educación ambiental, sobre todo en las escuelas. Empezar por los más chicos a generar esta cultura de protección ambiental. Son conscientes de que la naturaleza tiene un punto límite que tenemos que respetar. Trabajamos en proyectos educativos, también. En uno de los años nos llamó la atención que haciendo el mismo esfuerzo de muestreo, hubo bajo número de muestras; no había evidencias de una de las especies que siempre fue muy abundante. Nos costó bastante ubicarlas. Y como en el monte se camina durante dos o tres meses, fuimos levantando también otro tipo de evidencias, entre ellas, la de la caza furtiva, que fue una de las alarmas del proyecto. Cuando volcamos esos datos en un mapa, se evalúan y se superponen, empezamos a ver la presión de caza. En conservación no solo hay que investigar sino tomar acción para generar estrategias: articulamos con el Ministerio de Ecología para ver cómo podíamos fortalecer las patrullas contra la caza furtiva, una cultura muy arraigada y también muy invadida porque la zona de frontera con Brasil permite el paso con mucha facilidad. Surgió los grupos GOS (Grupos de Operación de Selva) para la lucha contra la caza furtiva.

-Guardaparques dedicados únicamente a las patrullas…
-Si, fue una propuesta al Ministerio que la tomó rápido cuando vieron los datos en un mapa. Después tenemos un grupo de guardaparques dedicados a la interacción con propietarios, específicamente en esta zona donde vimos, como punto de partida, que debemos recuperar, o verificar si realmente hay monte, cómo podemos colaborar para mantenerlo. Interactuar con los propietarios es una parte social del proyecto que está tratando de ver ahora, en siete municipios con pequeños y grandes latifundistas que tienen intenciones de sumarse a la conservación porque parte de sus tierras están dentro del corredor. Detectamos propiedades interesantes que también estaban bajo dominio de Iprodha. Que en este momento esas tierras se están dando a colonos, pero bueno, antes de que empiecen a desforestar, ver qué estrategias podemos llevar para que puedan vivir del ambiente sin necesidades de destruir, con estrategias alternativas. En eso estamos en esta parte del proyecto. Tenemos ya siete municipios con prácticamente unas 60 mil hectáreas esperando para analizar con la provincia y los municipios algún incentivo fiscal para que mantengan el monte. A la vez, ofrecerles talleres con diferentes tipos de agriculturas. En todos esos lugares hay intenciones de reforestar, en este año de la restauración.

-¿De dónde son los perros, dónde los entrenan? ¿Es una raza especial?
-Bueno, coincide que los últimos que hemos tenido son Border Collie y uno es una especie que se trae de Estados Unidos, que es Chesapeake Bay Retriever. Son entrenados en un centro en Seattle, en PackLeader de Barbara Davenport, y tienen todo un trabajo, tiene que mostrar ciertas características. Primero tiene que ser un perro muy juguetón porque la forma de recompensarlos cada vez que encuentra la muestra es darle un premio, y ese premio en el caso nuestro es una pelota de tenis. Juegan y quedan enloquecidos por la pelota de tenis, entonces trabajan mucho. Tienen que poder marcar la muestra pero no tocarla; no marcarla, no orinarla encima. En estos momentos estamos probando el tercer perro que puede venir con Karen para fin de año. Será el tercer perro que se queda en Argentina.

-¿Hay dos acá que están trabajando?
-Dos Border Collies.

-¿Los dos en Misiones?
-Uno que está en Misiones y otro que está en Buenos Aires con otro investigador, de aquí de Misiones también, que está haciendo muestreos de Aguará Guazú.

RP – Misiones Plural