El cambio de Alberto es el punto de encuentro entre Cristina y Macri, propone el autor de este artículo. Advierte, de todas maneras, que Cristina y Mauricio tienen problemas diferentes.

Por Kevin Morawicki

Miércoles 8 de septiembre de 2021. SI ALBERTO NO CAMBIA se va a tener que ir, entendida como una frase que sentencia, la pudo haber dicho Cristina Fernández mucho antes de que la dijera Macri.
Ese es un punto de encuentro entre ambos: el hecho de que esto tiene que cambiar. Es cierto que Cristina y Mauricio tienen problemas diferentes.
El problema de Cristina es relativamente más fácil de resolver: acelerar la entrada en la escena ejecutiva de la dupla Massa-Máximo Kirchner. Alguna función más eficiente en materia de gestión política al interior del teatro de operaciones que podría retener el control institucional. Esa eficacia se materializa en el adelantamiento de un desplazamiento: desde el Poder Legislativo hacia el Poder Ejecutivo. Mucho antes del año 23. Mientras tanto, desplazar funciones desde el Ejecutivo Municipal del Conurbano hacia el Gabinete Nacional de Ministros.
El problema de Macri, en cambio, es un poco más difícil de resolver: el hecho de que gran parte de la clase asalariada aún no logra olvidarlo. Una parte importante de la clase media-baja todavía recuerda que él, como Presidente, cambió, pero que cambió para el otro lado. A los ya convencidos, Mauricio Macri ya los reconvenció, como recupera el novio infiel a su amada: después de insistir y lloriquear como un niño malcriado que la culpa no fue suya sino de sus colaboradores que lo llevaron a la tentación adictiva del endeudamiento. El problema no es olvidar: el problema es que no se quiere olvidar. Caldo de cultivo para propuestas revolucionarias de corte liberal con reivindicación castrense, al estilo Milei, porque ese votante tampoco es retenido por un peronismo nacional, a lo sumo por frentes electorales provinciales.
La estrategia comunicacional de Macri trabaja, entonces, para que los sectores cuentapropistas y la clase media asalariada logre olvidar su propia performance presidencial. Los tiempos (recientes) cuando estuvo al mando de una amarilla psicodelia. Una psicodelia ejecutiva que bailaba al ritmo frenético de la cocaína mezclada con servicios de inteligencia ilegal, negocios financieros secretos y corridas cambiarias. El verdadero récord de Macri no fue el de haber sido el país que más bonos en dólares vendió sino el que peor combinó ese ingreso extraordinario de dólares financieros con recesión económica combinada con inflación. Secar la plaza de pesos, ingresar 100 mil millones de dólares y de todas formas tener más inflación que la que había tenido el gobierno anterior. Difícil revertir comunicacionalmente una memoria popular que siempre se resistió a olvidar.
Si Alberto no cambia, tendrá que simplemente acelerarse el ingreso de dos actores claves en el Frente de Todos. La entrada en escena de la alianza Massa-Maximo Kirchner en la gestión política del poder nacional. Para que la centro izquierda y la centro derecha peronista se vuelvan a dar la mano, al mejor estilo Néstor Kirchner.