Entre el 7 de junio, que es el Día del Periodista y hoy, que es el Día del Escritor, junto justo en el medio, el viernes 10, nos dejó Esteban Abad, a sus 79 intensos años y después de una vida dedicada a múltiples oficios. De ellos, Esteban se quedó con el de periodista y con el de escritor.

Lunes 13 de junio de 2022. Imposible no despedir a Esteban Abad, el periodista y escritor que nos dejó el viernes, cerca del mediodía, a sus 79 intensos años.
Esteban fue por años el responsable del suplemento cultural del diario Primera Edición. Llegó a Misiones a fines de los 70 y entre sus múltiples oficios, se quedó con el de periodista. Primero desde el diario El Paraná y después desde el Primera Edición, donde pasó sus últimos 30 años, y visibilizó e inmortalizó las distintas disciplinas y a diferentes referentes del arte y la cultura a través de las páginas de su PuntoCrítico.
El viernes se fue. Los medios y los colegas lo despidieron sentidamente. Pero la despedida más fuerte fue la del sector cultural, de a uno, que agradeció espacios, paciencia, dedicación y sobre todo, respeto, ese respeto que Esteban les prodigó siempre.
Esteban. Abad. Viejo. Barco. Justo. Justito. Justiniano. Estabanquito. Estebarquito. Como lo quieras llamar, a veces con cariño y otras veces para molestarlo, como una suerte de venganza cuando te sometía a escuchar sus larguísimas entrevistas al lado de tu escritorio, cuando caían, siempre a la siesta, las señoras de los vestidos floreados que venían a leerle sus poesías, sus cuentos, sus historias.
Lo que lo vimos trabajar, rescataremos siempre tremenda paciencia.
Esteban, el querido Esteban, nació en Santa Fe el 30 de junio de 1942. Lo llamaron Justo Esteban Abad Barco, hijo del español Abad y de la argentina Barco (argentina).
Contaba que desde chico se fascinó por la cultura, en cualquiera de sus expresiones.

-¿Siempre viviste de esto, Esteban?
-No, también vendí ajo.

-¿Y por qué le das espacios a todos en el suplemento?
-A todos no. Algunos no quieren hablar conmigo.
-Ahora quiero saber a quiénes no?
-No importa; vos preguntaste y yo respondí.

-¿Y por qué sos tan larguero? Cuando me contás algo, no terminás más…
-A veces porque sé que te molesta; y otras veces porque estoy buscando el hilo de algún cuento.

Esas eran algunas de las charlas con Esteban. El de los ojos grandes y del respeto permanente. Nunca atacó la insolencia de los veinte o treintañeros que compartimos redacción, isla o escritorio. Entendía la chicana y la insolencia, estoy seguro.
Se fue el viejo Abad. El viernes, cerca del mediodía. Y la noticia corrió con congoja en los teléfonos de sus colegas. Fue escritor y periodista. Hacía cuentos entre siestas de cinco minutos en la redacción del diario. Pensaba, leía, escuchaba, compartía. Presidió la Sociedad de Escritores Argentinos, filial Misiones; hizo programas de radio, publicó cuentos, cubrió miles de espectáculos y nos desasnó, allá lejos y hace tiempo, sobre la muchachita que venía a cantar a Posadas y de la que nunca nadie había escuchado, pero Esteban sabía vida y obra de aquella adolescente a la que el país comenzaba a llamar el Huracán de Arequito cuando nadie recordaba siquiera su nombre: la Sole.
Querido Esteban: siempre nos quedaremos cortos al intentar despedirte. Lo único seguro es que nos dolió tu partida y que te recordaremos siempre, los periodistas, en las redacciones, pero sobre todos, esas miles de personas a las que les diste espacios en las páginas de los diarios, en tus programas de radio y en tus permanentes recomendaciones.
¡Hasta siempre, Viejo querido!
¡Hasta siempre Esteban!