La columna de Jorge Víctor Ríos en Plural TV resalta la trascendencia política del orgullo de los colectivos de la diversidad sexual, y su papel en la construcción de una sociedad más inclusiva y equitativa. “Pienso al orgullo como un motor de la lucha política que también pueden tomar otras poblaciones que vienen luchando”, expresó.

Miércoles 22 de noviembre de 2023. En noviembre, mes que se tiñe de colores en honor al Orgullo LGBT, Jorge Víctor Ríos habla en su columna de Plural TV sobre la relevancia de esta celebración que, en Argentina, se realiza en noviembre por razones climáticas y como parte de la conmemoración de la creación de la primera asociación LGBT, Nuestro Mundo, del país. En el mundo, esta celebración comenzó como rememoración de los disturbios de Stonewall en 1969, la primera parada del colectivo frente a los abusos en aquel entonces, de la policía.
Esta fecha que celebra la diversidad, reivindica más de medio siglo de luchas por los derechos de lesbianas, gays, trans, bisexuales y no binarios, entre otros.
La reciente marcha de Buenos Aires, la número 32, adquiere especial significado en un contexto político que pronuncia y recrea discursos agresivos contra la comunidad LGBTIQ+. En ese contexto, Jorge Ríos destaca la importancia del Orgullo como dispositivo político de lucha, rescatando al activista Carlos Jáuregui para explicar que es una respuesta política en una sociedad que induce a la vergüenza y al ocultamiento de la identidad.
El análisis se extiende a teorías sociológicas como la falsa conciencia de Marx, la hegemonía de Gramsci y la interseccionalidad de Crenshaw (la académica estadounidense Kimberlé Williams Crenshaw, investigadora sobre temáticas de raza y género, acuñó en 1989 el concepto “interseccionalidad”). Se destaca el papel del orgullo en desafiar las construcciones de poder y en articular la lucha política de movimientos históricamente vulnerados, como las personas afrodescendientes.
Ríos reflexionó sobre la inclusión y representación en las industrias culturales, señalando la resistencia a cambios que buscan equidad. También resaltó la importancia de entender la marcha del orgullo como un acto que cruza distintas luchas, potenciándolas en conjunto. Ahí hay luchas y movimientos que buscan reconocer y combatir el racismo, clasismo y la heteronormatividad presente en el discurso hegemónico, en un mundo que desconoce la diversidad desde los liderazgos políticos, evidenciando así estereotipos arraigados en la sociedad.
En cuanto a la convocatoria y respuesta a la Marcha del Orgullo en Posadas, se observa cierta timidez pero también es para estacar la ausencia de agresiones en el espacio público. Jorge Ríos rescató la importancia del respaldo estatal aunque reclamó un mayor compromiso de referentes políticos en las luchas sociales.

Jorge Ríos en Plural TV


-¿Con qué tema venís hoy, Jorge?
-Estamos en noviembre, y en este mes vemos más colores en todos lados porque estamos en el Mes del Orgullo LGBT, de la diversidad sexual y de género, que en el mundo se conmemora en junio, rememorando los disturbios de Stonewall de 1969. Ya son más de 50 años de ese hito que marcó el inicio de todo el movimiento por los derechos de las personas lesbianas, gays, trans, bisexuales y no bienaries. En Argentina se viene haciendo la marcha en noviembre por una cuestión climática, ya que en junio suele hacer mucho frío. En las primeras marchas en Argentina había muchas personas que se habían contagiado de VIH y, en ese momento, no se contaba con los tratamientos con los que contamos hoy en día, así es que había que proteger la salud frágil de esas personas, por lo que se decidió hacerla en noviembre. Este año se hizo la marcha número 32. La fecha está relacionada a la creación de la primera asociación LGBT de la Argentina que se llamó Nuestro Mundo. Esas son las dos razones de por qué en Argentina tenemos las marchas del orgullo en noviembre. La marcha de Buenos Aires de este año fue una marcha multitudinaria, lo que probablemente tenga que ver con el escenario político en el que estamos, ya que los referentes de una de las fuerzas políticas que van a competir en el balotaje vienen teniendo discursos bastante agresivos respecto de la población LGBTIQ+, atacando las conquistas logradas, como la Ley de Matrimonio Igualitario, la Ley de Identidad de Género, que en algunos casos cuando son interpelados tienen una actitud de aceptación o tolerancia, pero siempre terminan haciendo construcciones discursivas que en realidad son violentas, como cuando comparan ser gay con tener piojos, “después no te quejes si la gente no quiere estar con vos, podés hacerlo pero hacete cargo”, o “si querés podés estar con un elefante”, dicen; lo llevan al plano de lo ridículo y en definitiva, en este escenario es quizás más importante que nunca la Marcha del Orgullo. Yo quiero hablar del orgullo como dispositivo político de lucha, porque pareciera que mucha gente no entiende este concepto de orgullo, y dicen “¿Por qué orgullo? Yo soy heterosexual y no veo que haya un día del orgullo heterosexual”. Como lo dijo Carlos Jáuregui -que fue un activista gay argentino muy importante en los años 80, junto a su hermano Roberto, también activista- “el orgullo es una respuesta política en una sociedad que nos educa para la vergüenza, el closet, no revelar tu verdadera identidad”. Entonces el orgullo debe ser entendido como una respuesta política, decir no tengo vergüenza, no me voy a esconder en un closet, y es lo que permite al movimiento hace más de 50 años articular la lucha política. El orgullo es no reconocer la mirada y el discurso del opresor hegemónico, dominante. Con decir esto estamos rastreando un montón de teorías sociológicas, empezando –si quieren pueden googlearlo, como diría un candidato (risas)- con el concepto de falsa conciencia de Carl Marx, que así explicó por qué el proletariado no tenía una conciencia real de sus condiciones de vida y no se rebelaba ante la burguesía, su opresor, podríamos decir. Eso también fue estudiado por Antonio Gramsci, que con el concepto de hegemonía explica que uno puede no someter a alguien por la fuerza, uno puede convencerlo por otros medios sutiles, -algo muy utilizado a lo largo de la historia-; por eso también hubo otros filósofos como Althusser, que habló de los aparatos ideológicos del Estado, entre los cuales ubicaba a la familia, la escuela y los medios de comunicación. Si miramos y hacemos un recorrido sociológico más moderno encontramos también el concepto de interseccionalidad , que ya hemos abordado en esta columna, que desarrolla la filósofa afroamericana Kimberlé Crenshaw, ya que ella misma encarna un ejemplo de lo que propone de manera teórica considerar no solo un eje de opresión, sino que en general cada persona encarna distintas combinaciones de ventaja o de opresión, según la pertenencia a distintos grupos sociales; por ejemplo, considerar que si una persona es de género masculino va a detentar algunos privilegios por eso sobre el eje de género, pero si no es heterosexual, sobre el eje de la orientación sexual va a estar en una posición subalternizado, de desventaja respecto de las personas heterosexuales; así se pueden ir recorriendo distintos ejes como la condición migratoria, la clase social. Y como veníamos diciendo en esta columna, las desigualdades no son solo materiales o económicas, sino que esas mismas desigualdades materiales o económicas se basan en otro tipo de desigualdades que se van creando a partir de ver diferencias que después se terminan convirtiendo en relaciones de poder asimétricas. Este concepto de orgullo permite al movimiento LGBT articular una lucha política por los reconocimientos y por el respeto y que también es extrapolable en esta mirada interseccional a otras poblaciones históricamente vulneradas. Pensemos en la lucha que vienen llevando adelante las personas afrodescendientes.

-Que recién ahora empiezan a tener un poquito de visibilidad en nuestra zona…
-Así es, incluso en nuestro país, que manejan otros dispositivos conceptuales como endorracismo y autorracismo, es decir, personas racializadas que ejercen racismo sobre otras personas también racializadas, o sobre ellas mismas cuando, por ejemplo, tratan de parecerse a una persona de ascendencia europea, es decir, ocultan sus rasgos afrodescendientes maquillándose u ocultando sus rulos, por ejemplo. Esto es el equivalente a los que sería la homofobia internalizada.

-Existe un nuevo movimiento en los medios y en las redes que son los marrones…
-Exactamente, tiene que ver con reconocer que todavía ese discurso hegemónico dominante tiene mucho de racismo, de clasismo, de heteronorma, por eso traía este análisis interseccional, que se ve reflejado en definitiva en, por ejemplo, los liderazgos políticos. La regla es que tengamos líderes políticos que son varones, de clase media o alta, con patrimonio, heterosexuales; todavía hay un estereotipo bien marcado y las poblaciones que históricamente vienen siendo vulneradas, estigmatizadas e invisibilizadas aún hoy no encuentran liderazgos políticos fuertes. Que haya una mujer lidereza fuerte en nuestro país es la excepción más que la regla, todavía no tenemos líderes políticos muy fuertes que sean del colectivo LGBT o que sean afrodescendientes, podemos comprobar que lo sistemático de esto se termina materializando en los candidatos que están en carrera por la presidencia de nuestro país, por ejemplo.

-De hecho, al país que se autopercibe como el más moderno del mundo le costó mucho tiempo tener un presidente negro: hablo de Estados Unidos…
-Exactamente y aún no ha tenido una presidenta mujer. Sin ir más lejos, en la provincia de Misiones aún no hemos tenido una gobernadora mujer, pero esto no quiere decir que solo pase en Misiones, claramente es un ejemplo local de una regla que se da en la mayor parte de nuestras sociedades. Me pareció interesante poder pensar en el orgullo como un motor de la lucha política que también pueden tomar otras poblaciones que vienen luchando; por ejemplo, para que una persona racializada pueda ser parte de la lucha contra la discriminación, contra la violencia, los crímenes de odio raciales, primero tiene que autopercibirse como tal, enfrentarse a ese discurso que le dice que debe tener vergüenza por tener un tono de piel oscuro, poder autoconvencerse de que eso no es así, y en este sentido estar orgullosa de lo que es. Un poco es lo que nos pasa, si vamos a otro eje, con las centralidades, a veces pretenden que tengamos vergüenza de ser misioneros, misioneras, misioneres, y como misioneros en general nos posicionamos en un lugar de estar orgullosos de serlo.

-La televisión nacional mucho tiempo utilizó a la misionera, a la chaqueña y a la formoseña como la “empleadita” en las novelas argentinas…
-Exactamente, las industrias culturales también reflejan estas cuestiones. Por eso también hemos hablado de cuestiones relacionadas a quiénes protagonizan y desde qué punto de vista aparecen esos personajes y quién está representado en las ficciones. Hemos hablado de literatura, del cine, de las series, y también en ese sentido, de lo que se conoce como la supuesta “inclusión forzada”, que hemos caracterizado no como una inclusión forzada sino como una exclusión sistemática, histórica, que cuando intenta dejar de serlo obtiene resistencias por parte de aquellos sectores que pretenden mantener las desigualdades como están porque probablemente se benefician de eso.

-¿Se empieza a entender qué implica una marcha del orgullo en funciones de lo que estás diciendo?
-Creo que de a poco se empieza a entender. Estos cruzamientos entre distintas luchas vienen a potenciarlas a todas ellas por separado y también en conjunto, debido a que es una lucha por tratar de saldar esas brechas tan grandes, que de hecho se van agrandando. En todo esto, el Estado viene teniendo un rol más activo con lo que desde esta columna denominamos políticas de equidad o las acciones afirmativas.

-¿Cómo fue la convocatoria a la Marcha del Orgullo en Posadas, y cuál fue la respuesta del posadeño?
-En general todavía hay un poco de timidez al momento de sumarse, de apoyar, pero en general no se ven agresiones, no se ve una reacción en la calle, en el espacio público; en las redes sociales se ve otra cosa. Por supuesto que, de nuevo, resalto la importancia del Estado presente, cuanto más acompañamiento tienen estas marchas, esto ayuda a entender que se trata de una cuestión de derechos y de convivencia democrática. En adelante sería muy bueno ver más presencia de referentes políticos, funcionarios, acompañando no solo discursivamente, sino poniendo el cuerpo en las luchas sociales.