Myriam Duarte aborda, con profundidad, el impacto de la revolución tecnológica en las infancias, con pantallas que moldean mentes y maquinarias que redefinen y desplazan habilidades humanas esenciales. En ese marco, destaca la complejidad de ceder a las máquinas la capacidad de pensar, aprender y tomar decisiones, enfocándose en el impacto en la esencia humana. Subraya el papel crucial de la educación en establecer un vínculo consciente con las tecnologías, destacando la preocupación sobre la excesiva focalización en robótica y programación en detrimento de la comprensión general de la relación humano-artificialidad: “la falta de conciencia al ceder este potencial es percibida como una pérdida fundamental de lo que nos distingue como especie”, enfatizó en Plural TV.
Domingo 3 de diciembre de 2023. En una nueva columna en Plural TV, Myriam Duarte retoma el tema del papel de las tecnologías en la construcción de la ciudadanía y su influencia en la psique humana. La conversación gira en torno a la seguridad ontológica, un concepto que se vincula con la capacidad de separarse del cuerpo materno y desarrollar la autoconciencia a través de lo que se denomina objeto transicional. En ese sentido, la columnista traza un recorrido por la evolución de estos objetos transicionales, que tradicionalmente eran almohadas, mantas o peluches con el olor materno. Sin embargo, en las últimas dos décadas, señala un cambio significativo en países como el nuestro, donde las pantallas digitales fueron reemplazando progresivamente a estos objetos e incidiendo en el proceso de formación de la personalidad de los niños. Plantea, en la exposición, el impacto psicológico de estas pantallas, que no solo ocupan el tiempo de ocio, como en generaciones anteriores, sino que también desempeñan un papel crucial en la salud mental. Hace eco a las preocupaciones expresadas por expertos sobre el contenido alarmante y apocalíptico que se transmite a través de estas pantallas, afectando la esencia más íntima de la personalidad de quienes las consumen. Duarte se adentra en el terreno de los cambios tecnológicos a lo largo de la historia, desde las primeras herramientas desarrolladas por humanos hasta las complejas máquinas actuales. Y resalta la manera en que el ser humano, al delegar tareas a las máquinas, pierde gradualmente su experiencia técnica para permitir que el manejo de las máquinas y algoritmos adquieran el nuevo estándar de habilidad. Un ejemplo ilustrativo es el proceso de fabricación, donde las máquinas sustituyen funciones específicas de los trabajadores, fragmentando el conocimiento técnico humano. Si bien este desarrollo tecnológico generó una inmensa riqueza, también exacerbó la desigualdad económica, recordó. Myriam Duarte aborda la necesidad de regulación y reflexiona sobre cómo algunos países ya están tomando medidas, como la reducción de la jornada laboral y la imposición de responsabilidades a las empresas en la producción y mantenimiento de sus productos. También destaca la importancia de la educación para comprender la relación del ser humano con la artificialidad y cuestiona la orientación actual de centrarse solo en la robótica y la programación, sin abordar la relación más profunda con la tecnología. Duarte también plantea una pregunta crucial sobre las capacidades que cedemos a las máquinas y algoritmos, especialmente cuando les otorgamos la capacidad de pensar, aprender y tomar decisiones, dijo, para destacar la importancia de la conciencia sobre la delegación de habilidades y conocimientos a las máquinas, subrayando que perder esa conciencia implica renunciar a una de las características fundamentales que nos define como especie. En este análisis, Duarte invitó a reflexionar sobre el futuro de la relación entre la humanidad y la tecnología, planteando preguntas esenciales sobre la identidad y el impacto de las decisiones en la evolución humana.
-¿Con qué tema venís hoy Myriam? -Vamos a retomar lo que estuvimos charlando el último encuentro con respecto al rol de las tecnologías en el ejercicio de la ciudadanía, que se relacionaba con la manera en que se conforma la psiquis humana desde la seguridad ontológica, aquello que nos permite desprendernos del cuerpo de nuestra madre, darnos cuenta de que somos un ser distinto, y cómo influye en esa constitución de la personalidad, de la autoconciencia lo que se denomina objeto transicional. Yo hice como un derrotero de lo que implicaba lo transicional, que es aquel pequeño objeto que en el caso de la primera infancia estamos acostumbrados a que sea, por ejemplo, la almohadita, la mantita, un peluche para que cuando el niño llora, se pone nervioso o tiene miedo, le de seguridad porque tienen el olor de la mamá. Se trata de un objeto que le permite despegarse de la madre sosteniendo esa seguridad ontológica. Y lo que dijimos es que en los últimos 20 años, en nuestro país al menos –en otros países pasó hace mucho más tiempo porque hay canales de televisión específicos para bebés, por ejemplo– estos objetos transicionales están siendo y han sido reemplazados por pantallas. En primera instancia, la tele, y cuando el niño puede sostener con sus propias manos un objeto, con el fin de que se entretenga, de que se distraiga, para que no llore, para mantener su atención captada por un cierto tiempo, son las pantallas. Entonces lo que planteábamos es que esas pantallas pasan a tener un rol muy destacado, no en el uso del tiempo de ocio, como era para nosotros que crecimos con otras características en nuestras infancias, sino que actualmente esas pantallas tienen una característica de gran incidencia psicológica. Prestaba atención a lo que comentaba mi compañero de columna, Nicolás Adorno, con respecto a las problemáticas de salud mental en los últimos tiempos y me preguntaba en qué medida lo que uno recibe de manera cotidiana por medio de ese elemento que ya es constitutivo de su personalidad, como mensajes tremendistas, apocalípticos, de miedo, termina incidiendo de manera negativa en la salud mental de las personas que ven afectada la cuestión más íntima de su personalidad. A su vez, me parece importante puntualizar cómo va operando la proyección de los cambios tecnológicos en la vida de los seres humanos, que me parece que es algo que tenemos que reflexionar seriamente -también siempre hago mucha insistencia en los roles del sistema educativo-. En los albores del desarrollo tecnológico el ser humano pudo empezar a desarrollar sus primeras herramientas a partir de una condición que es la del pulgar oponible, que le permite sostener y maniobrar elementos que después constituye en herramientas, y esas herramientas, a su vez, le permiten desarrollar otras herramientas que son más elaboradas, que a su vez van ocupando roles; es decir, como decimos siempre en tecnología, que cada vez que un dispositivo reemplaza una función que realiza el ser humano, le saca esa expertise, ese saber técnico que tiene, que es el hacer. Cuando se van desarrollando las máquinas en el transcurso del tiempo pasa algo similar, máquinas que conjugan en la mayoría de los casos distintos tipos de herramientas, reemplazan una o varias funciones de seres humanos y a su vez esos seres humanos van perdiendo esa expertise, porque ahora la expertise es manejar la máquina, no manejar la herramienta.
-Como la escritura a mano… -Así es. Un profesor de posgrado pone siempre como ejemplo el pelapapas. Cuando lo usás, tenés una herramienta que tiene una hoja que tiene un ángulo, una inclinación muy específica que permiten que no necesites hacer ningún esfuerzo especial para pelar la papa, excepto raspar la superficie; con esa pequeña herramienta técnica perdés la expertise de hacer el seguimiento de la superficie de la papa. Así como con eso, va ocurriendo lo mismo con los distintos desarrollos técnicos. Siempre ponemos como ejemplo la fabricación de objetos que en la etapa de la manufactura, si bien había herramientas –el zapatero hacía todo el zapato, conocía de punta a punta todas las etapas del proceso de producción de un zapato–, cuando eso se va mecanizando y pasa a producirse en una línea de producción, cada operario en una empresa sabe hacer una parte de lo que después va a ser un zapato, pero ninguno sabe hacer un zapato entero: entonces se pierde una expertise técnica que es propia del ser humano. Es decir, si bien vamos delegando esos roles, esas máquinas que tienen hoy la capacidad de hacer esos zapatos no podrían ser tales si el ser humano no les hubiera transmitido, transferido de alguna manera a ese saber. Para que una máquina pueda realizar eficientemente esa tarea, hay personas que están enseñando y monitoreando cómo se hace mejor, más rápido, más barato, cómo se hace con mejores materias primas o con materias primas que cuiden el ambiente, que no sean tóxicas y demás. Una serie de cuestiones que son los saberes técnicos que los seres humanos que saben hacer, delegan a las máquinas; van enseñándoles por medio de algo que hoy denominamos algoritmos. Vamos cargando información en esas máquinas para que puedan tomar ciertas decisiones e ir optimizando los productos. Cuando gran parte de nuestro sistema productivo está a su vez mediado por herramientas no solo tecnológicas, sino digitales, muchas de las expertise técnicas que venimos transfiriendo a las máquinas se van diluyendo también, porque actualmente el algoritmo aprende de máquinas a las que ya se le ha enseñado antes. Es muy difícil explicar qué es un algoritmo, pero es un pequeño desarrollo matemático, una concatenación de conceptos que dice, por ejemplo, si se abre la puerta, entonces se enciende el aire acondicionado; si cruza una persona por este lugar se va a accionar una alarma. Esa línea escrita dice qué pasará si pasa o no pasa cierta cosa; va aprendiendo de la práctica, de los datos que van acumulando y entonces ya no es el ser humano el que está transmitiendo esa información, sino son máquinas que retroalimentan su información de otras máquinas. Teniendo en cuenta lo que decíamos al principio, hasta qué punto inciden esas tecnologías digitales sobre las que ya desconocemos sus procesos de desarrollo, cómo llegaron a ser lo que son. Sin embargo, tienen una incidencia altísima en nuestra psiquis. Pensando en esa preocupación que manifestaba Nicolás Andorno con respecto a las cuestiones de salud mental, entiendo que hay un proceso que necesitamos y estamos a tiempo de recuperar, que es el cómo se llega a desarrollar todo ese proceso y ese elemento técnico que es un algoritmo. Decimos en tecnología que los artefactos son la producción humana, pero un algoritmo pasaría a ser algo así como un artefacto inmaterial, porque a su vez no tiene materialidad, pero produce cosas, genera resultados.
-¿La preocupación de quién? -Eso también tiene mucho que ver con las discusiones con personas que han sido mis docentes y son mis colegas en el ámbito de la educación tecnológica, relacionadas con recuperar la información, la historia y la estructura del conocimiento que nosotros -como seres humanos- fuimos cediendo a distintos tipos de máquinas a través del tiempo, algunas por necesidad, otras por condición de posibilidad; por ejemplo, ciertas herramientas o robots que pueden entrar hoy a una mina a tomar muestras donde antes se metían a niños porque no cabía una persona adulta por esos lugares y que muchas veces implicaba la muerte de ese niño en ese lugar. Hay ciertas cuestiones del desarrollo tecnológico que uno puede valorar como positivas, pero la verdad es que lo que no podemos perder nunca de vista es que el desarrollo de las máquinas nunca tuvo que ver con hacer mejor o más barato un trabajo, o con apoyar al ser humano en hacer una obra mejor.
-¿No tiene que ver con hacer más barato el trabajo? -No en un principio. Cuando se plantean a nivel internacional las disputas entre los dueños de las fábricas y los trabajadores, en relación a los salarios, a la división del trabajo, a los horarios de trabajo y demás que conllevan huelgas, el desarrollo de las máquinas tiene como primer objetivo reemplazar las funciones técnicas de los operarios, porque las máquinas obviamente no se cansan, no se enferman y no reclaman salarios. Eso a mediano plazo empieza a aumentar exponencialmente las ganancias de los empresarios y todo lo relacionado a la evolución digital hace que hoy, en este momento, estemos generando el mayor nivel de riqueza que ha producido la humanidad en toda su historia. Sin embargo, tenemos países y sectores que hoy tienen 80% más de toda la riqueza mundial, de lo que tenían hace 50 años. Entonces hablamos también de que ese desarrollo tecnológico permitió una plusvalía, una mayor ganancia a un sector que no ha significado que los trabajadores trabajen menos ni trabajen mejor. Una discusión que hay en gran parte del mundo y que también alguien ha introducido nuestro país es quién se queda con esa plusvalía mientras no conseguimos rebajar las horas de la jornada laboral, por ejemplo, que sería interesante porque no son necesarias tantas horas de trabajo, porque la plusvalía se está generando de todas maneras y de una manera abrumadora.
-Pero «ganarían menos…» -No sería necesario ganar más si los niveles de ambición de algunas personas no fueran tales. Pero esos niveles de ambición no van a depender nunca ni de herramientas técnicas ni de cuestiones personales éticas, porque de lo contrario el mundo sería distinto, siempre van a requerir la regulación de alguna autoridad que establezca cuál es el modo de relación, bajo qué parámetros, con qué condiciones y de qué obligaciones estarían exentos una y otra parte.
-¿Crees que alguna Nación lo va a hacer? -Hay países que lo están haciendo en muchos sentidos. Pensaba, por ejemplo, en países que están en este momento ensayando la reducción de la jornada laboral, porque ya también, y en este sentido, un poco gracias a la pandemia, se dio el proceso de que el trabajo realizado de manera remota (el home office), ha permitido constatar que mientras en mejores condiciones y con menos estrés labora el trabajador, produce productos de mejor calidad que redundan en mayor crecimiento para las empresas, en algunos casos, que se relaciona otra vez a la dependencia de los medios tecnológicos. Por otro lado, hay países en este momento que ya están legislando que las empresas que producen ciertos electrodomésticos -en realidad hay por lo menos dos países que producen todos los electrodomésticos, Alemania es uno de ellos- para poder seguir fabricando, tienen que comprometerse a fabricar también los repuestos para esas máquinas, y a su vez tienen que garantizar que van a proveer servicio técnico. Esto implica que la línea de producción se amplía porque ya no producís solamente lavarropas, sino que tenés que ocuparte de producir los elementos para poder reparar ese lavarropas y tenés que capacitar personal especializado de tu marca para que pueda hacer ese trabajo, con lo cual se amplía ese mercado laboral. Esto se hace teniendo en cuenta también otro factor relacionado con el crecimiento económico de muchas empresas, que es la obsolescencia programada, aquella cantidad de cosas que el mundo produce, que ya no necesita y que tiramos prácticamente intactas al poco tiempo de haberlas comprado. En la tecnología hay muchísimas herramientas para mejorar las condiciones económicas en todos los órdenes, pero necesitamos una escuela que pueda poner sobre la mesa este vínculo del ser humano con su producto artificial. Es una discusión que tendría que estar hoy sobre la mesa en todas las escuelas de nuestro país y de nuestra provincia. Por último, me quiero preguntar ¿cuáles son las capacidades que cedemos a las máquinas y a los algoritmos como dispositivos no tangibles, cuando les cedemos la capacidad de pensar, aprender y desarrollar criterio para la toma de decisiones? Y si bien esto, en algunos aspectos, simplifica las vidas, estamos cediendo esa capacidad de la misma manera que cedemos siempre expertise y saberes cuando delegamos cualquier función en un aparato o en una máquina. Esta pregunta, respecto a nuestra capacidad humana de conocer y de tomar decisiones es algo muy propio y característico de la evolución humana, ceder eso a alguna máquina implica ceder básicamente aquello que nos caracteriza como especie, algo de lo que no podemos ser inconscientes. El rol de la escuela entonces, es ayudarnos a crear ese vínculo con el dispositivo artificial, sea lo que sea, para hacernos consientes de cuál es el expertise, el saber hacer y los conocimientos que estamos cediendo cada vez que delegamos esas funciones a una máquina. Dentro del movimiento nacional de docentes de educación tecnológica la preocupación es que la educación se centre en la robótica y en la programación sin que todavía haya habido un desarrollo intelectual, cognitivo general sobre la relación del ser humano con toda forma de artificialidad. Por eso puse como ejemplo el pelapapas, que es algo muy simple y que no implica nada, pero sirve para mostrar que cualquier herramienta técnica sustituye una función que antes desarrollaba un ser humano, con otra técnica. La preocupación es esa, que si con un objeto técnico visible, tangible cuesta comprender esta delegación de funciones y de saberes, cuánto más va a ocurrir con un objeto técnico que no es tangible como un algoritmo, como un software, un objeto técnico inmaterial. Para la filosofía de la técnica es uno de los meollos de todo el análisis filosófico porque se supone que es el ser humano, con su capacidad de desarrollar tecnología, quien se va atribuyendo mayor nivel de independencia para pensar y desarrollar nuevas cosas, nuevas tecnologías, para hacer máquinas que hacen otras máquinas, o sea que hay una intrínseca relación entre el ser humano y el ser técnico; ahora, si nosotros cedemos todo ese potencial que tenemos y lo delegamos sin ser conscientes de lo que estamos delegando, perdemos una de las condiciones fundamentales que nos distinguen como especie. Así es como está la filosofía de la técnica en este momento.