Christian Humada y Marcelo Giménez, autoridades electas en el PJ misionero, proyectan un partido competitivo en 2027 y fijan prioridades inmediatas: “Ordenar, convocar y reconstruir”. Descataron la ilusión del peronismo misionero por reactivarse, a partir de recorrer la provincia durante la campaña. «Esto recién empieza», dijo Humada.


Martes 21 de abril de 2026. Un día después de las elecciones partidarias, la lista ganadora que aún no fue proclamada, ya tiene el foco político puesto en el nuevo liderazgo del Partido Justicialista de Misiones en lo que viene a futuro. Christian Humada y Marcelo Giménez, presidente y vicepresidente segundo electos insisten con la intención de lograr que el PJ vuelva a ser una opción real de poder en 2027. No fueron planteos declamativos sino como el resultado de una secuencia de tareas concretas que arrancan apenas se confirme la proclamación y se formalice la asunción, prevista entre el 11 y el 15 de mayo.
En esa proyección, el punto de partida es interno, según explicaron este lunes en Plural, programa periodístico de Canal 4 Posadas. Ordenar el partido implica, primero, asumir el control efectivo de una estructura deteriorada, con problemas administrativos, edilicios y de padrón. “Hay que saber qué tenemos, qué se debe y en qué condiciones está todo”, explican. Sobre esa base, la conducción electa plantea una convocatoria amplia, sin distinción de líneas internas ni de sectores que hayan quedado por fuera del proceso electoral. La intención es cerrar una etapa de fragmentación que, según reconocen, debilitó al peronismo provincial durante años.
A partir de ahí aparece el segundo movimiento: ampliar la base, tanto en términos cuantitativos —más afiliados— como cualitativos. El diagnóstico es claro: el padrón actual, cercano a los 55.000 afiliados, está compuesto mayoritariamente por personas mayores de 50 años. La apuesta es recuperar presencia entre los jóvenes y también en sectores que, en los últimos años, migraron hacia otros espacios políticos o sociales. No se trata solo de sumar nombres sino de reconstruir capacidad de militancia.
El tercer eje es político en sentido estricto. Humada lo sintetiza en una frase que condensa tradición y táctica: “Somos frentistas por definición, pero primero hay que saber desde dónde partimos”. La reconstrucción del PJ, entonces, no se piensa aislada, sino como plataforma para futuros acuerdos. Pero esa discusión queda para una segunda etapa. Primero, insisten, hay que ordenar la casa.
Ese posicionamiento interno se conecta con una lectura nacional que reconoce a Cristina Fernández de Kirchner como conductora del espacio y referente mientras ubica a Axel Kicillof como figura con proyección, sobre todo con la candidatura a la presidencia del país. En paralelo, endurece el discurso contra el gobierno de Javier Milei. Humada lo plantea en términos directos: “Está haciendo daño. Hoy los abuelos tienen que elegir qué remedio comprar”. Giménez completa la idea desde el papel histórico del peronismo: “Tiene que volver a ser una herramienta para mejorar la vida de la gente”.
En ese marco, hay un dato que ambos destacan y que consideran un insumo político: el clima que encontraron durante la campaña. En recorridas por la provincia, aseguran que no predominó la lógica del reclamo material. “Nadie pidió nada». Al contrario, ofrecían compartir y lugares para quedarse, relataron. La síntesis de Humada es más contundente: “La gente quería participar, no pedir”. La afirmación, más allá de su carga simbólica, es la muestra de que existe una base disponible para reactivarse.
Ese diagnóstico se apoya en lo ocurrido en la elección. Con una participación cercana a los 7.000 afiliados —alrededor del 13% del padrón—, el proceso marcó el regreso del voto interno después de 27 años. La lista encabezada por Humada obtuvo unos 3.900 votos, frente a poco más de 3.050 de la oposición, una diferencia superior a los 800 sufragios.
El resultado, sin embargo, quedó atravesado por el proceso de impugnaciones. La lista opositora objetó inicialmente 12 urnas y luego amplió el planteo a 18, lo que derivó en la revisión completa de las 112 urnas habilitadas. Según detalló Giménez, no hubo inconsistencias entre actas ni diferencias sustanciales en los registros. “Las planillas coincidían. Hubo observaciones, pero no cambian el resultado”, afirmó. Incluso en el escenario más desfavorable, aseguran, la ventaja se mantiene.
La elección también dejó expuestas limitaciones operativas. Escasa movilidad para trasladar votantes, demoras en la apertura de algunos centros y situaciones logísticas resueltas sobre la marcha. Aun así, desde la conducción electa remarcan un dato: la participación fue voluntaria y sostenida por la decisión de los afiliados de votar.
La campaña que desembocó en ese resultado fue breve e intensa. Se organizó en poco más de 30 días, con recorridas constantes por el interior. En ese proceso, el peso simbólico jugó un rol determinante. Humada reconoce la influencia de la figura de su padre, Julio Humada, exgobernador y dirigente histórico del PJ. “Donde íbamos, el recuerdo era muy fuerte”, señaló. Giménez aporta un recorrido similar desde su propia historia familiar dentro del peronismo: su padre, Justino «Tino» Giménez, también fue una figura reconocida en el peronismo misionero.
De todas maneras, ambos reconocen que el capital simbólico no alcanza para resolver el estado actual del partido. El diagnóstico interno es concreto: caída del padrón —de unos 120.000 afiliados en los años 90 a menos de 55.000 hoy—, irregularidades en registros, sede partidaria en malas condiciones y órganos institucionales desactivados.
Por eso, la agenda inmediata combina gestión y política. Toma de posesión de la sede, relevamiento administrativo, convocatoria a los órganos partidarios y lanzamiento de una campaña de afiliación y reafiliación que, estiman, podría sumar entre 5.000 y 10.000 nuevos inscriptos en el corto plazo.
El vínculo con la oposición interna aparece, por ahora, en un plano tenso. Desde el espacio ganador cuestionan la continuidad de las impugnaciones y la instalación de denuncias de fraude. “No lograron revertir la voluntad de la gente”, apuntó Giménez. Aun así, reconocen gestos puntuales, como el saludo de la exdiputada Cristina Brítez que llamó a Humada para reconcoerle y felicitarlo por la victoria.
Más allá de esa disputa, ambos dirigentes coinciden también en que la elección reactivó una base que estaba inactiva. Hablan de miles de afiliados que volvieron a participar y que pueden convertirse en estructura política si el proceso se sostiene.