Un análisis sobre el quiebre generacional que atraviesa a jóvenes y adultos en Misiones, en un contexto atravesado por la ansiedad, el agotamiento y la desconexión. A partir de episodios recientes en escuelas, el texto interpela el rol de las familias, la educación y el Estado frente a una crisis que expone vínculos debilitados y nuevas formas de malestar social.

Domingo 20 de abril de 2026. En medio de la conmoción por amenazas en escuelas misioneras, el docente Luis González propone una lectura crítica del presente: jóvenes atravesados por la ansiedad digital y adultos agotados por la autoexigencia conviven en una sociedad que perdió referencias, autoridad y tiempo para el encuentro real.

Por Luis González (*)

Apenas estamos saliendo del shock de estos días atrás, provocado por las pintadas con mensajes de amenazas de tiroteos en distintas escuelas de la provincia de Misiones, y podemos permitirnos pensar un poco.
No escribo para cambiar a alguien… sólo para que no me cambian a mí. Emulando a Haidt1 en su libro “Una generación ansiosa” y a Han2 “La sociedad del cansancio”, quiero aproximarme a este complejo escenario social que estamos transitando. La generación nacida después del año dos mil nos dice a nosotros, adultos nacidos en el siglo pasado: “con tanta información, no sé lo que quiero, pero lo quiero ya”. Si alguien del siglo anterior al que nacimos, viniera con ganas de enseñarnos algo ¿Qué haríamos? En estos tiempos, nos cuesta accionar, solo reaccionamos, porque estamos cansados; vamos detrás de la ola, sin darnos cuenta, que la siguiente ya nos está mojando la oreja.
Algunas de las características de los jóvenes de estos tiempos según Haidt son:
Alta prevalencia de ansiedad y depresión: Desde 2010, se observa un aumento global drástico en tasas de depresión, ansiedad, autolesiones y suicidios (por ejemplo, duplicadas en algunos grupos), afectando más a niñas por comparaciones sociales constantes en redes.
Privación social y aislamiento: Pasan menos tiempo en interacciones cara a cara (50% menos desde 2012), lo que genera soledad y desconexión, priorizando lo virtual sobre lo real. Y cuando se juntan, el mayor tiempo se pasan mostrándose videítos o hablar sobre ellos.
Problemas de sueño y atención fragmentada: Uso excesivo de pantallas causa privación de sueño y dificultad para concentrarse, debido a interrupciones constantes y algoritmos adictivos. Se duermen después de la medianoche, imposible estar atentos a la mañana siguiente hasta una séptima o octava hora de clases.
Adicción digital y retraso en la madurez: Dependencia de dopamina de apps y juegos (más en niños con pornografía y gaming), lo que impide actividades adultas como conducir o independencia, dejando cerebros subdesarrollados en habilidades sociales reales.
Sobreprotección real vs. desprotección virtual: Criados por padres temerosos con supervisión constante offline, pero expuestos sin filtros a ciberacoso, contenido tóxico y predadores online. Éstas entre otras características.
Por otro lado, en la generación de ADULTOS que debemos acompañar en la aventura de vivir a estos adolescentes y jóvenes, según Han, prevalecen estas características:
Auto explotación voluntaria: A diferencia de la sociedad disciplinaria (Foucault), donde el poder externo oprimía, ahora el individuo se impone exigencias infinitas bajo la ilusión de libertad y autorrealización («puedes lograrlo»). Esto genera una explotación interna más perversa que la externa.
Cansancio patológico y burnout: El agotamiento no es solo físico, sino existencial: un «no poder más» derivado de la hiperactividad constante, multitasking y la persecución obsesiva del éxito, que colapsa en depresión cuando el sujeto percibe su fracaso.
Ego hiperactivo e incapacidad para el aburrimiento: Pierden la tolerancia al hastío, la contemplación profunda o la escucha del otro. Todo es acción, optimismo forzado («sí-se-puede» «Yes We Can”) y estímulos excesivos, eliminando la reflexión o el silencio esencial para el alma.
Depresión como fatiga del sí-mismo: No es melancolía externa, sino agotamiento narcisista: el sujeto saturado de sí mismo, aislado y sin apertura a la otredad, se deprime al no poder sostener su hiperproductividad ilusoria.
Vida sin negatividad ni límites: La positividad tóxica rechaza lo negativo (fracaso, pausa, muerte), acelerando la fragmentación social, el individualismo y la pérdida de comunidad, donde el descanso es solo recarga para más rendimiento.
¿Y ahora, qué? Solo me surgen preguntas… para pensar juntos:
En nuestra casa: ¿Cómo ser padre o madre, si todavía no dejé de ser hijo? ¿Cómo ser adulto responsable, si la autoridad misma está desdibujada o suplida por un youtuber? ¿Cómo volver a generar un vínculo mapadre/hijo, si a los cinco o seis años le regalé un celular, sin control de tiempo y acceso a los “videítos”? ¿Por qué exigirle a la escuela lo que no pude hacer en mi casa?
El rol del estado en la educación: ¿Por qué se decide desfinanciar a uno de los lugares de aprendizaje por excelencia y desarrollo integral del ser humano, más en estos tiempos con los jóvenes, que detrás de cada pintada, nos piden “atiéndanme, mírenme, necesito un adulto auténtico, no virtual”? La educación y el conocimiento es un bien público, no es un producto de mercado, que si no entra en el carrito de la compra del mes, me da lo mismo. ¿Por qué controlar y castigar en vez de dar más independencia a las instituciones educativas, con respecto a la aplicación de las trayectorias de aprendizajes, favoreciendo un paradigma homogéneo? ¿Por qué no alentar programas de Aprendizajes en Servicio y trabajos comunitarios en las escuelas? Los estudiantes pasan el mayor tiempo de los cinco años de secundaria en un espiral sin fin de “pizarrón-carpeta-examen”, necesitan encuentro vivo con la realidad social y los problemas de su entorno.
Estos “adolescentes y jóvenes ansiosos” seguramente seguirán levantando su voz de distintas maneras para convocarnos a mirarlos, a trabajar acuerdos de convivencia en comunidad, a resolver conflictos juntos. Nos están convocando a vivir la vida con valentía, a que como adultos, aunque cansados, tengamos “gestos y palabras auténticas”, para abrazarlos y construir juntos un mundo nuevo.

1. HAIDT Jonathan, 2024, La generación ansiosa. Por qué las redes sociales están causando una epidemia de enfermedades mentales entre nuestros jóvenes.
2. HAN Byung-Chul, 2026, La Sociedad del Cansancio.

(*) Profesor docente Luis Alberto González
Profesor en Ciencias Sagradas y Doctor en Pedagogía de la Religión
Correo: luisalbertodis49@gmail.com