La segunda vuelta presidencial mantiene al país en vilo. Los sondeos y conteos rápidos muestran una diferencia mínima entre ambos candidatos, mientras el escrutinio oficial avanza de manera desigual entre las regiones urbanas y rurales.

Lunes 8 de junio de 2026. Perú amaneció este lunes sin un presidente definido. La segunda vuelta presidencial mantiene en suspenso el resultado de una de las elecciones más ajustadas de las últimas décadas, con una diferencia mínima entre la candidata de derecha Keiko Fujimori y el postulante de izquierda Roberto Sánchez.
Según los últimos datos difundidos por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), con el 91,55% de las actas contabilizadas, Fujimori reunía el 50,33% de los votos válidos, equivalentes a 8.689.389 sufragios, mientras que Sánchez alcanzaba el 49,67%, con 8.575.759 votos. La diferencia entre ambos se reducía a 113.630 votos.
Del total de 92.766 actas electorales, 84.930 ya habían sido procesadas. Otras 6.336 permanecían pendientes de contabilización y 1.500 fueron derivadas a los Jurados Electorales Especiales para su revisión.
La distancia continúa disminuyendo a medida que ingresan resultados provenientes de regiones rurales y andinas, donde Sánchez obtuvo sus mejores desempeños durante la campaña. Ese comportamiento electoral explica por qué las consultoras privadas proyectan un desenlace distinto al reflejado por los primeros resultados oficiales.
Las estimaciones difundidas durante la noche del domingo mostraron un escenario de empate técnico e incluso una leve ventaja para Sánchez. La consultora Ipsos, en una muestra realizada para la Asociación Civil Transparencia y con un margen de error de 1,9%, proyectó un 50,3% para el candidato de Juntos por el Perú y un 49,7% para Fujimori.

Keiko Fujimori lidera por 113.000 votos, pero el escrutinio sigue abierto

Datum Internacional llegó a una conclusión similar. Su conteo rápido otorgó a Sánchez el 50,14% de los votos y a Fujimori el 49,86%, dentro de un margen estadístico que impide declarar un ganador.
La diferencia entre las proyecciones y el escrutinio oficial tiene una explicación territorial. Los primeros votos computados corresponden principalmente a Lima y a los principales centros urbanos del país, donde Fujimori concentra buena parte de su caudal electoral. En cambio, las mesas rurales, especialmente las ubicadas en la sierra y zonas alejadas del interior peruano, suelen incorporarse más tarde al conteo y favorecen mayoritariamente a Sánchez.
La tensión política llevó a ambos espacios a moderar cualquier discurso triunfalista. Desde su comando electoral, Sánchez pidió esperar los resultados definitivos y recordó que los antecedentes recientes muestran que las tendencias iniciales pueden modificarse con el avance del escrutinio.
“Nadie puede decir ya gané o ya perdí. Ahora empieza el conteo de verdad”, afirmó el candidato ante sus seguidores.
Del otro lado, Fujimori también evitó proclamarse vencedora. La dirigente de Fuerza Popular reconoció públicamente la existencia de un empate técnico y llamó a sus simpatizantes a mantener la calma.
“Hasta el momento no hay ningún ganador en esta contienda. Sería irresponsable definir el resultado en base a una muestra”, sostuvo durante un breve mensaje difundido tras conocerse los conteos rápidos.
La elección vuelve a colocar a Fujimori frente a un desenlace ajustado. En 2016 perdió la presidencia frente a Pedro Pablo Kuczynski por apenas 41.000 votos. Cinco años después, en 2021, fue derrotada por Pedro Castillo por una diferencia cercana a los 44.000 sufragios tras semanas de controversias y recursos judiciales.
Esta vez la historia parece repetirse. La hija del expresidente Alberto Fujimori busca alcanzar la presidencia en su cuarto intento, mientras que Sánchez procura convertirse en el primer mandatario de izquierda elegido tras la crisis política que siguió a la caída del gobierno de Castillo.
Más de 27,3 millones de peruanos fueron convocados a las urnas para definir quién conducirá el país entre 2026 y 2031. La elección se desarrolla en un contexto de fuerte fragmentación institucional: Perú tuvo ocho presidentes en los últimos diez años, entre destituciones, renuncias y crisis políticas que profundizaron la desconfianza ciudadana hacia el sistema.
Con miles de actas todavía pendientes de procesamiento y una diferencia que continúa reduciéndose, el resultado permanece abierto. Perú sigue contando votos y la definición se resolverá en las próximas horas, o quizás en los próximos días.