La figura de José Sepé Tiaraju ocupa un lugar central en la memoria colectiva de Río Grande do Sul, donde es reconocido como héroe regional, símbolo de la resistencia indígena y candidato a santo de la Iglesia Católica. Su historia, vinculada a las Misiones Jesuíticas y a la defensa del territorio guaraní, permanece poco conocida en Misiones pese a formar parte de una misma matriz histórica y cultural. Roberto Maack rescata el perfil del guaraní que camina hacia la santidad.

Martes 16 de junio de 2026. En ese vasto territorio de las Misiones compartido por pueblos guaraníes, reducciones, estancias y caminos comerciales surgieron personajes que marcaron el destino de la región y que, con el paso del tiempo, quedaron fuera de los relatos más difundidos de la historia oficial. La vida de las misiones -y sus histrorias- no se redujo fronteras adentro de las actuales de Argentina, Paraguay, Brasil o Bolivia ni se limitó a donde están los vestigios de los pueblos jesuíticos guaraní que hoy forman parte del patrimonio regional.
Una de esas historias es la de José Sepé Tiaraju, conocido en Brasil como Sepé Tiaraju, un líder guaraní nacido en el ámbito de las antiguas Misiones Jesuíticas que encabezó la resistencia indígena contra la aplicación del Tratado de Madrid de 1750.
El escritor y periodista Roberto Maack rescató su figura durante una entrevista en Plural, donde planteó que la identidad misionera debe entenderse como un fenómeno regional mucho más amplio que los límites políticos actuales. «No somos solamente Misiones o Itapúa. También somos parte de una historia compartida con el sur de Brasil», señaló, cuando se habla de esta historia regional que a veces comprendemos como únicamente propia.
La vida de Sepé Tiaraju transcurrió en los pueblos guaraníes ubicados al este del río Uruguay, territorio que el Tratado de Madrid transfirió de España a Portugal como parte de una redefinición de fronteras entre ambos imperios.
La decisión implicaba que miles de habitantes de las reducciones debían abandonar sus hogares o aceptar la soberanía portuguesa. Para las comunidades guaraníes, aquello significaba dejar atrás sus pueblos, sus campos y los lugares donde descansaban sus antepasados. «Frente a esa situación, Sepé rechazó la orden».
Roberto Maack describe, entonces, que Sepé, capitán del Ejército español y referente de las comunidades misioneras, convocó a una gran asamblea de representantes de los siete pueblos orientales donde resolvieron resistir el desplazamiento, en una decisión que desemboc{o en las llamadas Guerras Guaraníticas.
La paradoja de aquel conflicto fue que España y Portugal combatieron juntos contra los mismos guaraníes que hasta entonces se consideraban súbditos de la Corona española. Los acuerdos diplomáticos obligaban a Madrid a colaborar en el traslado de la población y en la neutralización de cualquier resistencia.
Con alrededor de dos mil combatientes, Sepé enfrentó a fuerzas profesionales equipadas con caballería, artillería y armamento muy superior. Entonces, la derrota resultó inevitable.
Tras una serie de enfrentamientos, Sepé logró escapar de una de las batallas, pero fue localizado tiempo después por una avanzada militar. Durante la persecución perdió su caballo, recibió una lanzada y trató de huir montando otro animal. Según los relatos históricos, fue finalmente abatido por el gobernador de Montevideo, José Joaquín de Viana, quien se atribuyó el disparo mortal.
Luego de su muerte, la resistencia continuó bajo el mando de Nicolás Ñeenguirú. Sin embargo, las tropas guaraníes fueron finalmente derrotadas y destruidas. Las estimaciones históricas hablan de alrededor de 1.600 indígenas muertos durante la campaña. La tragedia adquirió una dimensión todavía más amarga con el paso de los años.
En el repaso histórico, Roberto Maack recordó que el Tratado de Madrid, origen de la guerra y de la matanza, nunca llegó a aplicarse de manera plena. Acuerdos posteriores modificaron nuevamente las fronteras y los territorios en disputa regresaron a la órbita española.
Para Maack, el episodio representa uno de los capítulos más dramáticos y menos conocidos de la historia regional. «Se mató a miles de personas para sostener una decisión política que después fue revertida», sintetizó.

De líder indígena a santo popular
La muerte de Sepé no puso fin a su influencia.  Por el contrario, fue el punto de partida de una construcción simbólica que lo transformó en una figura legendaria para amplios sectores del sur brasileño.
La tradición popular sostiene que poseía una marca luminosa en la frente que guiaba a sus guerreros durante las batallas. Con el tiempo, esa creencia derivó en una leyenda según la cual la constelación de la Cruz del Sur reproduce aquella señal distintiva que llevaba el líder guaraní.
Otra versión popular afirma que sus seguidores rescataron secretamente sus restos después de la ejecución y los enterraron en un lugar oculto para evitar que desaparecieran definitivamente.
A partir de esos relatos, Sepé comenzó a ocupar un lugar semejante al que el Gauchito Gil tiene en el nordeste argentino: una figura venerada por la religiosidad popular, asociada a la protección, la justicia y la defensa de los humildes.
En Río Grande do Sul su presencia permanece viva en monumentos, homenajes y celebraciones. En 2012 fue declarado oficialmente héroe riograndense y misionero por ley federal brasileña.
Además, existe una localidad que lleva el nombre de São Sepé, otra llamada Tiaraju y una importante ruta estadual bautizada en su honor, rescató Maack. De hecho, cada  7 de febrero, fecha de su muerte, lo recuerdan en Brasil como el Día del Luto de los Pueblos Indígenas.
Y comenzó el camino hacia la santidad, porque la influencia de Sepé también llegó a la Iglesia Católica, impulsada por sectores eclesiásticos de Río Grande do Sul que reunió documentación histórica y testimonios sobre su vida. A partir de ese trabajo, el papa Francisco autorizó en 2017 la apertura formal de su canonización.
Ese trámite representa el primer paso dentro del proceso que podría conducir a su beatificación y posterior santificación. Para los promotores de la causa, su muerte en defensa de su pueblo y de su territorio constituye un elemento central para fundamentar su condición de mártir.

Una historia que interpela a Misiones
Durante la entrevista, Maack vinculó la historia de Sepé con otros protagonistas guaraníes que permanecen escasamente incorporados a la memoria colectiva de la región. Se mencionó a Pablo Areguatí, gobernador misionero en las Islas Malvinas; a los ganaderos guaraníes vinculados a la organización económica de las antiguas Misiones; y a los numerosos indígenas que participaron en distintos episodios históricos sin que sus nombres quedaran registrados.
También destacó que la historia regional suele fragmentarse por las fronteras nacionales actuales, cuando en realidad los procesos sociales, económicos y culturales atravesaban el territorio de manera transversal.
Las antiguas Misiones Jesuíticas se extendían desde Paraguay hasta el actual Río Grande do Sul, integradas por una red de pueblos, estancias y rutas comerciales que abastecían de ganado, yerba mate y otros productos a buena parte de Sudamérica. En ese escenario nació la figura de Sepé Tiaraju.
Dos siglos y medio después de su muerte, Brasil lo continúa recordando como héroe, líder indígena y símbolo de resistencia. Del lado argentino del río Uruguay, su nombre todavía espera ocupar un lugar más visible dentro de la historia compartida de la región misionera.