El autor de varios de los avisos y las campañas más populares de la televisión y la política de los últimos 30 años, falleció hoy -9 de julio de 2026- a los 62 años. Es el responsable de «la llama que llama», «Dicen que soy aburrido» y «Gueropa».

Ramiro Agulla murió hoy, jueves 9 de julio de 2026, a las 7 de la mañana. La noticia fue confirmada por allegados a distintos medios de comunicación. El publicista estuvo internado durante los últimos días por una neumonía. El cuadro evolucionó hacia un shock séptico, que finalmente provocó su fallecimiento. En los últimos años también había atravesado problemas cardíacos, incluida una cirugía de reemplazo valvular, una condición hereditaria de su familia.
Su histórico socio, Carlos Baccetti, resumió la noticia con una frase que rápidamente recorrió la industria publicitaria: «Un prócer que se fue un 9 de Julio. Hasta eligió bien la fecha».
Ramiro Agulla, más que un publicista exitoso fue uno de los hombres que redefinieron la publicidad argentina durante los años noventa.
Junto con Carlos Baccetti fundó la agencia Agulla & Baccetti, considerada una de las más influyentes de América Latina. Desde allí impulsó una forma distinta de comunicar: campañas cinematográficas, humor inteligente, narrativa emocional, personajes memorables y una estética que colocó a la creatividad argentina entre las mejores del mundo.
Especialistas de la industria coinciden en que, junto con otros grandes creativos como David Ratto, Hugo Casares y Carlos Pérez, Agulla integró la generación que convirtió a la publicidad argentina en una potencia creativa internacional durante las décadas de 1990 y 2000.

Las campañas que marcaron una época
Muchas de sus piezas dejaron de ser simples comerciales para convertirse en parte de la cultura popular. Entre las más recordadas aparecen:

  • «La llama que llama» (Telecom), probablemente el fenómeno publicitario más popular de la televisión argentina.
  • «Gueropa» para Renault Clio.
  • campañas para Coca-Cola.
  • Quilmes.
  • YPF.
  • OCA.
  • Banco Itaú.
  • numerosas marcas líderes de consumo masivo.

La llama que llama


Difícilmente exista otra campaña que haya penetrado tanto en el lenguaje cotidiano de los argentinos. Los personajes fueron creados para Telecom a fines de los años noventa. La historia de las llamas antropomórficas, que utilizaban el teléfono para sostener conversaciones absurdas, rompió todos los moldes tradicionales de la publicidad.
El éxito fue tan grande que generó decenas de comerciales durante varios años; vendió merchandising; produjo frases incorporadas al habla cotidiana; elevó el estándar creativo de la televisión argentina.
Muchos analistas consideran que fue el equivalente argentino de las grandes campañas icónicas internacionales.
Agulla revolucionó también la comunicación política ya que su influencia trascendió la publicidad comercial. Este hombre creativo fue uno de los pioneros del marketing político moderno en Argentina.

«Dicen que soy aburrido»


La campaña que cambió definitivamente ese terreno fue la presidencial de 1999 para Fernando de la Rúa. El spot «Dicen que soy aburrido» hizo algo inédito para la época: tomó la principal crítica contra el candidato y la convirtió en su mayor fortaleza.
En lugar de negar la percepción pública, la aceptó y la resignificó. Esa estrategia terminó siendo considerada una de las campañas políticas más influyentes desde el regreso de la democracia.

Gueropa

Gueropa, con pasaporte de la Comunidad Europea. El comercial “Gueropa” creado por la agencia argentina Agulla & Baccetti para el automóvil Renault Clio MTV comenzó un exitoso recorrido por las tandas europeas. Primero, la italiana Saatchi & Saatchi lo readaptó para Europa y, luego, Tiempo BBDO Madrid le dio un toque “español” para la emisión en su país.

Los dirigentes a los que asesoró
Después de ese éxito, trabajó para dirigentes de distintos espacios ideológicos. Entre ellos Carlos Menem, Francisco de Narváez, Sebastián Piñera, Vicente Fox y John McCain.
Cuando le preguntaban cómo conciliaba clientes tan distintos, respondía con una frase que sintetizaba su visión profesional: «Yo no soy político. Soy publicitario. Hago anuncios. Soy el chico del delivery».
La irrupción de Agulla coincidió con la globalización de la creatividad argentina. Hasta mediados de los años ochenta la publicidad local tenía prestigio regional. Con Agulla & Baccetti comenzó otra etapa.
Las agencias argentinas empezaron a competir y ganar premios internacionales de manera sistemática.
El humor sofisticado, la narrativa cinematográfica, el casting, la dirección de arte y la construcción de personajes pasaron a ser rasgos distintivos de la producción nacional.
Ese proceso abrió el camino para que luego surgieran creativos argentinos con reconocimiento global en agencias internacionales.
Su legado excede la publicidad. Antes de Agulla, un comercial interrumpía un programa. Después de Agulla, muchas personas esperaban el corte para ver el siguiente aviso. Ese cambio modificó la relación entre televisión, marcas y audiencia.
Los comerciales comenzaron a comentarse al día siguiente, a repetirse en conversaciones familiares y a convertirse en fenómenos culturales.

Un personaje poco convencional
Nació en Río Gallegos y se crió en la ciudad de Buenos Aires; estudió publicidad en la Asociación Argentina de Agencias de Publicidad. Nunca cultivó un perfil excesivamente mediático pese a su enorme influencia dentro de la industria. Quienes trabajaron con él destacaban su obsesión por las ideas, su capacidad narrativa y su convicción de que la creatividad podía cambiar el destino comercial —e incluso político— de un producto o un candidato.
¿Por qué su muerte tiene relevancia? La muerte de Ramiro Agulla representa mucho más que la desaparición de un empresario exitoso. Se trata de la pérdida del creativo que redefinió el lenguaje publicitario argentino, profesionalizó el marketing político contemporáneo y produjo algunas de las piezas audiovisuales más recordadas de la televisión nacional. Durante más de tres décadas, su trabajo moldeó la manera en que las marcas, los gobiernos y los candidatos aprendieron a comunicar con una sociedad cada vez más atravesada por la imagen, el relato y la emoción.