UEFA, AFC y Concacaf cuestionaron el manejo del frustrado proyecto para incorporar capital privado a una filial comercial de la FIFA y reclamaron una revisión independiente. El conflicto excede la operación económica: tres de las seis confederaciones continentales pusieron en discusión la transparencia, el poder y el modelo de conducción del fútbol mundial.

Lunes 10 de agosto de 2026. Las confederaciones de Europa, Asia y Norteamérica, Centroamérica y el Caribe cuestionaron en una carta conjunta el manejo de Giovanni Vincenzo «Gianni» Infantino y reclamaron una investigación independiente sobre el frustrado proyecto FIFA Forward Enterprise. La iniciativa buscaba crear una filial comercial valuada en 20.000 millones de dólares y captar hasta 4.200 millones de inversores privados. FIFA retiró la propuesta después de la reacción de las confederaciones, pero la disputa ahora alcanza directamente al presidente y a la conducción política del fútbol mundial.
La crisis que atraviesa la FIFA ingresó este lunes en una nueva etapa. UEFA, la Confederación Asiática de Fútbol (AFC) y Concacaf difundieron una carta abierta dirigida a la “familia del fútbol” en la que acusaron a la conducción de Gianni Infantino de quebrar la confianza institucional mediante un proceso que, según las tres confederaciones, careció de transparencia, consulta suficiente y mecanismos adecuados de control.
La declaración fue firmada por los presidentes de UEFA, Aleksander Čeferin; AFC, Salman bin Ibrahim Al Khalifa; y Concacaf, Victor Montagliani, junto con los secretarios generales de las tres organizaciones. El documento plantea que la conducción de FIFA debe ejercerse como un servicio a las federaciones y al conjunto del fútbol y cuestiona que el poder pueda concentrarse en una persona.
La carta constituye la expresión institucional más fuerte contra Infantino desde que comenzó la crisis a fines de julio. Las tres confederaciones reclaman una revisión realizada por un tercero completamente independiente para establecer cómo se gestó el proyecto FIFA Forward Enterprise y cómo llegó a las asociaciones miembro de FIFA.
El documento no formula de manera explícita un pedido de renuncia, aunque el contenido coloca en discusión la continuidad política de Infantino. Reuters informó que fuentes vinculadas al conflicto interpretan la carta como una presión para que el presidente abandone el cargo antes de profundizar la disputa. Otros medios internacionales informaron que las confederaciones buscan que Infantino desista de su intención de presentarse nuevamente a las elecciones presidenciales.

El proyecto que desencadenó la crisis
Para entender el conflicto resulta necesario precisar qué pretendía hacer FIFA. El 28 de julio, la organización anunció FIFA Forward Enterprise, una nueva filial que concentraría actividades comerciales y operativas vinculadas con sus torneos. El esquema incluía derechos de transmisión, patrocinios, entradas, licencias y la organización comercial de las competiciones.
FIFA informó que la nueva sociedad tendría una valuación implícita de 20.000 millones de dólares, calculada por J.P. Morgan, y que buscaría captar hasta 4.200 millones mediante la incorporación de inversores externos con participaciones minoritarias y sin control. La organización conservaría el control mayoritario y afirmó que los beneficios netos serían reinvertidos en el fútbol mundial.
La propuesta contemplaba utilizar esos recursos para incrementar el financiamiento destinado a las 211 asociaciones miembro.
El programa FIFA Forward, que actualmente contempla 8 millones de dólares por asociación para el ciclo 2023-2026, pasaría a 20 millones por asociación para el período 2027-2030. Además, FIFA propuso un programa extraordinario de hasta 20 millones de dólares por federación para proyectos especiales, como estadios y centros nacionales de entrenamiento. El organismo calculaba que la nueva estructura permitiría superar los 10.000 millones de dólares destinados al desarrollo del fútbol durante los próximos ciclos.
El punto central de la controversia aparece aquí: FIFA sostuvo que el Mundial no estaba en venta. La organización planteó la creación de una filial comercial propia y la incorporación de capital privado mediante participaciones minoritarias. La autoridad sobre las reglas, las competencias, el calendario internacional y las decisiones deportivas permanecería en FIFA, según el diseño presentado por Infantino.
Las confederaciones, sin embargo, consideraron que la operación modificaba de manera sustancial el modelo de administración económica del fútbol mundial y cuestionaron el procedimiento utilizado para llevarla adelante.

El reclamo por la falta de consulta
La reacción comenzó pocas horas después de que FIFA hiciera pública la propuesta. Concacaf señaló que había conocido el proyecto a través de informes periodísticos y posteriormente mediante una comunicación de FIFA. La confederación expresó preocupación por la falta de debido proceso y por el plazo reducido para analizar una iniciativa de semejante magnitud. AFC también cuestionó la forma en que se había presentado la propuesta. UEFA se sumó a la ofensiva y convocó a sus asociaciones miembro para discutir una respuesta institucional.
La controversia se agravó cuando las asociaciones recibieron información sobre un plazo para pronunciarse sobre el proyecto y sobre fondos extraordinarios vinculados con la iniciativa. La propuesta contemplaba hasta 20 millones de dólares de financiamiento extraordinario por asociación, además del incremento del programa FIFA Forward. UEFA cuestionó que el mecanismo pudiera funcionar como incentivo para obtener respaldo al proyecto. La discusión dejó rápidamente de ser financiera.
Para UEFA, AFC y Concacaf, el problema pasó a ser la gobernanza de FIFA: quién puede impulsar una transformación de esa magnitud, qué órganos deben intervenir, cuánto tiempo deben tener las asociaciones para analizarla y qué mecanismos de control deben aplicarse antes de avanzar.

FIFA retiró el proyecto
La presión tuvo efecto. A comienzos de agosto, Infantino comunicó que FIFA Forward Enterprise no seguiría adelante. El presidente sostuvo que la iniciativa había generado divisiones que impedían alcanzar el objetivo original de aumentar los recursos destinados al desarrollo del fútbol y que, después de escuchar las posiciones expresadas por las asociaciones y las confederaciones, correspondía abandonar el proyecto.
FIFA también pidió disculpas a sus 211 asociaciones miembro por la manera en que había gestionado la propuesta. Infantino y el secretario general Mattias Grafström reconocieron problemas en el proceso de presentación y comunicación de la iniciativa.
El retiro evitó una votación potencialmente conflictiva, pero no reconstruyó la relación entre la presidencia de FIFA y las confederaciones opositoras.
Ese es el punto que explica la carta difundida este lunes. “Un error de juicio” que las confederaciones consideran más profundo
UEFA, AFC y Concacaf rechazaron la explicación centrada en problemas de comunicación. En la carta sostienen que una propuesta de semejante magnitud presentada con un plazo reducido, sin una consulta suficiente y con una fecha límite que restringía el análisis de las asociaciones representa un problema de conducción institucional.
Las tres confederaciones califican el episodio como una ruptura de confianza y cuestionan la idea de que el conflicto pueda resolverse mediante una disculpa por la forma de comunicación.
También reclaman que la revisión del proceso sea realizada por una entidad completamente independiente de FIFA. Para las organizaciones firmantes, una investigación conducida por la propia institución carecería del nivel de independencia necesario para determinar qué ocurrió y establecer responsabilidades.
La diferencia entre ambas posiciones resulta decisiva. FIFA presentó el episodio como un proyecto retirado después de un proceso de consulta que generó divisiones. Las tres confederaciones lo interpretan como un problema de gobernanza y de confianza en el presidente.

El episodio de Marruecos
La disputa también se extendió a una reunión de dirigentes realizada en Marruecos durante la semana pasada. Las confederaciones cuestionaron que el encuentro se haya desarrollado fuera de Zúrich y con una representación limitada de los integrantes de la estructura directiva de FIFA. En la carta, ese episodio aparece como otra señal del estilo de conducción que las organizaciones consideran problemático.
Reuters informó que la reunión fue convocada para gestionar las consecuencias de la crisis provocada por FIFA Forward Enterprise y que posteriormente FIFA ratificó su respaldo a Infantino.
La discusión sobre el encuentro tiene una importancia política particular porque muestra que el conflicto ya excede al proyecto comercial. La pelea ahora se concentra en los mecanismos de decisión y en el liderazgo presidencial.
El peso de la declaración resulta considerable. UEFA representa a 55 asociaciones nacionales; AFC agrupa a 47 y Concacaf a 41. En conjunto, las tres reúnen 143 de las 211 asociaciones que integran FIFA. Ese número convierte a la alianza en una fuerza electoral de enorme peso, aunque las posiciones de las asociaciones miembro no necesariamente coinciden de manera automática con las de sus confederaciones.
La fractura tampoco alcanza a todo el fútbol mundial.
La Confederación Africana de Fútbol expresó su respaldo a Infantino. En abril, las asociaciones miembro de CAF habían acordado por unanimidad apoyar su reelección para el período 2027-2031.
Conmebol también había respaldado la continuidad de Infantino. El Consejo de la confederación sudamericana aprobó por unanimidad en abril apoyar su reelección, en una reunión en la que participó Claudio Tapia, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino.
Ese antecedente ubica a la dirigencia sudamericana en una posición diferente de la adoptada por UEFA, AFC y Concacaf.
La AFA, además, mantiene una relación política estrecha con la conducción de FIFA. Su presidente participó de la reunión de Conmebol que respaldó la reelección de Infantino. Por lo tanto, la crisis abre también una discusión de alineamientos dentro del fútbol internacional que alcanza directamente a la Argentina.

El Mundial como escenario de una disputa por el negocio
El episodio tiene una dimensión económica que explica buena parte de su importancia.
El Mundial constituye el principal activo comercial de FIFA. La organización vende derechos de televisión, patrocinios, licencias, entradas y hospitalidad a escala global. FIFA Forward Enterprise pretendía reunir esas actividades dentro de una estructura empresarial con una valuación inicial de 20.000 millones de dólares y utilizar la incorporación de inversores para obtener capital inmediato.
El modelo ofrecía una ventaja evidente para FIFA: disponer de una suma extraordinaria para financiar el desarrollo del fútbol sin depender exclusivamente de los ingresos futuros de cada ciclo mundialista.
Al mismo tiempo, abría una discusión sobre la transformación de una parte de los activos comerciales de la FIFA en una estructura con participación privada.
FIFA aseguró que los inversores tendrían participaciones minoritarias, sin control, y que el organismo conservaría el dominio de la compañía y de las decisiones deportivas. Las confederaciones cuestionaron el proceso mediante el cual se pretendió poner en marcha esa estructura y la escasa participación institucional previa.
Por eso, la controversia excede la pregunta sobre cuánto dinero podía recaudar FIFA. La cuestión central pasó a ser quién decide sobre los activos económicos que genera el fútbol internacional.

El riesgo de un boicot
La crisis también comenzó a amenazar la competencia deportiva.
UEFA había advertido que sus asociaciones podían adoptar medidas de no participación en competiciones de FIFA si la propuesta avanzaba y si la organización no ofrecía garantías suficientes. La retirada del proyecto eliminó el principal motivo inmediato del conflicto, pero UEFA sostuvo que el problema institucional permanecía.
Reuters informó que UEFA, AFC y Concacaf también comenzaron a explorar la posibilidad de organizar competiciones alternativas si la disputa escala. La idea se encuentra en una etapa preliminar y carece todavía de una estructura deportiva concreta, pero su sola aparición marca un cambio significativo en el escenario internacional.
Un quiebre de esa naturaleza afectaría el calendario de selecciones, los derechos audiovisuales, los patrocinadores, las competencias juveniles y femeninas y la propia organización de los Mundiales.
La posibilidad de una ruptura competitiva todavía aparece como una hipótesis. El conflicto institucional, en cambio, ya es un hecho.

La elección de 2027 queda en el centro
La crisis llega cuando Infantino busca su reelección. El presidente de FIFA anunció oficialmente en mayo que será candidato para las elecciones de 2027. Su objetivo es permanecer al frente de la organización durante el período 2027-2031.
Las reglas electorales de FIFA establecen que un candidato necesita dos tercios de los votos de los miembros presentes y habilitados en la primera ronda. Si resulta necesaria una segunda votación, alcanza con una mayoría simple de los votos válidos. El dato permite dimensionar el peso de la rebelión.
UEFA, AFC y Concacaf reúnen 143 asociaciones, aunque sus dirigencias continentales carecen de capacidad automática para ordenar el voto de cada federación nacional. CAF y Conmebol, por su parte, ya expresaron respaldo a Infantino. El resultado dependerá, por lo tanto, de la capacidad de cada bloque para sostener sus alineamientos y atraer asociaciones de otras regiones.
La crisis tampoco significa que Infantino haya perdido la elección. El apoyo institucional que conserva en África y Sudamérica constituye una base política relevante. Pero la confrontación con tres confederaciones de enorme peso modifica las condiciones en las que deberá buscar su continuidad.

La disputa que queda después de FFE
FIFA Forward Enterprise quedó fuera de carrera. El dinero previsto para el proyecto y la nueva estructura empresarial tampoco constituyen hoy una operación en marcha. Lo que permanece es una disputa por la conducción de FIFA.
Las tres confederaciones exigen transparencia, consulta y una revisión independiente. Infantino conserva el respaldo de sectores importantes del fútbol mundial y mantiene su candidatura a la reelección.
En ese escenario, el conflicto dejó de girar exclusivamente alrededor de una filial comercial. La discusión se instaló sobre el modelo de poder que tendrá FIFA durante los próximos años.
La carta conjunta de UEFA, AFC y Concacaf establece una línea política que difícilmente pueda ignorarse: las tres organizaciones sostienen que el fútbol pertenece a una comunidad institucional y que la presidencia debe ejercer autoridad como mandato colectivo.
El proyecto que pretendía convertir parte del poder comercial de FIFA en capital privado cayó en cuestión de días. La discusión sobre quién decide, quién controla y quién representa al fútbol mundial quedó abierta.
Y esa disputa tendrá su próxima gran prueba en las elecciones de FIFA de 2027.

Giovanni Vincenzo «Gianni» Infantino.