Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa compartieron una mesa con gobernadores y jefes parlamentarios en una reunión reservada que se extendió durante más de cuatro horas. El primer acuerdo fue preservar las primarias como mecanismo para ordenar la disputa interna hacia 2027. La Casa Rosada busca eliminarlas o suspenderlas y todavía no reúne los apoyos suficientes en el Congreso.
Jueves 13 de agosto de 2026. La interna que durante meses enfrentó a las distintas vertientes del peronismo tuvo el martes por la noche una pausa inesperada. Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa se sentaron en la misma mesa junto a gobernadores, legisladores y dirigentes parlamentarios para comenzar a delinear una estrategia común de cara a las elecciones de 2027. La reunión permaneció reservada durante varias horas y recién trascendió el miércoles, cuando comenzaron a conocerse los detalles del encuentro realizado en un hotel porteño.
La cumbre se desarrolló entre las 19.30 y las 23.30 en el Hotel Emperador y reunió a Kicillof, Máximo Kirchner y Massa con los gobernadores Ricardo Quintela, Sergio Ziliotto, Gildo Insfrán y Gustavo Melella, además del senador Gerardo Zamora y los jefes de los bloques de Unión por la Patria en ambas cámaras, José Mayans y Germán Martínez. Las distintas reconstrucciones periodísticas coinciden en que el encuentro se extendió durante más de cuatro horas y tuvo como eje la necesidad de coordinar posiciones políticas y electorales.
El acuerdo que permitió sentar juntos a dirigentes enfrentados durante meses fue concreto: defender la continuidad de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias como herramienta para definir candidaturas y ordenar la competencia interna. La coincidencia adquiere una dimensión política mayor porque el peronismo todavía carece de un liderazgo nacional aceptado por todas sus corrientes y porque la disputa entre el kirchnerismo y el kicillofismo atraviesa particularmente a la provincia de Buenos Aires, principal distrito electoral del país.
La defensa de las PASO funciona, en este escenario, como un punto de encuentro entre sectores que todavía mantienen diferencias profundas sobre el liderazgo, el programa político y la estrategia electoral. Una primaria permitiría que esas diferencias se procesen mediante una competencia electoral dentro de un mismo frente, en lugar de obligar a resolverlas mediante acuerdos entre dirigentes antes de que la ciudadanía tenga la posibilidad de intervenir.
José Mayans confirmó después de la reunión que Kicillof, Massa y Máximo Kirchner volverán a encontrarse. El jefe del bloque peronista del Senado destacó además el saludo entre el gobernador bonaerense y el dirigente de La Cámpora y describió la reunión como un encuentro «muy ameno». Según su relato, también se abordaron problemas vinculados con los ingresos, la energía y los salarios, además de la necesidad de ampliar la construcción política.
El gesto entre Kicillof y Máximo Kirchner concentra buena parte del significado político de la cumbre. La relación entre ambos quedó seriamente deteriorada a partir de la decisión del gobernador de desdoblar las elecciones bonaerenses de 2025, una definición que se tomó en contra de la estrategia defendida por Cristina Fernández de Kirchner. Desde entonces, el kirchnerismo y el espacio que responde a Kicillof protagonizaron una disputa por el control político del peronismo bonaerense y por la conducción futura del espacio.
La distancia llegó al punto de que Kicillof y Máximo Kirchner dejaron de mantener reuniones políticas presenciales. Según la reconstrucción de Letra P, el último encuentro entre ambos se había producido en octubre de 2025, después de las elecciones nacionales. El reencuentro de esta semana adquiere así un valor político propio, aunque los protagonistas evitaron presentar la reunión como una reconciliación definitiva.
El tercer vértice de la mesa fue Massa. El dirigente del Frente Renovador conserva canales de diálogo con los diferentes sectores del peronismo y viene participando de las conversaciones destinadas a construir una estrategia opositora en el Congreso. Su presencia permitió incorporar a la discusión a una corriente que mantiene autonomía respecto tanto del kirchnerismo como del armado de Kicillof.
Una interna que queda en pausa
El encuentro tampoco permite hablar todavía de una unidad peronista consolidada. Esa interpretación excedería los hechos disponibles. La propia reconstrucción de la reunión señala que se trató de una primera instancia de entendimiento y que los dirigentes todavía mantienen diferencias sustanciales.
Lo que cambió es el orden de las prioridades. La posibilidad de que el Gobierno modifique las reglas electorales creó un incentivo para que sectores enfrentados encuentren un terreno común antes de continuar con la disputa por las candidaturas.
La defensa de las PASO cumple precisamente esa función. Para Kicillof, Máximo Kirchner y Massa, una primaria puede convertirse en el mecanismo que permita resolver la competencia por el liderazgo sin una ruptura electoral. Para los gobernadores y legisladores que participaron del encuentro, además, representa una herramienta para ampliar la coalición opositora y evitar que la definición de candidaturas quede limitada a una negociación entre los principales dirigentes.
Mayans sintetizó esa posición al señalar que las PASO permiten que los partidos concurran con las fórmulas que consideren y definan mediante el voto cuál será la conducción electoral. El senador también planteó la necesidad de construir una alternativa amplia frente al Gobierno de Javier Milei y sostuvo que las conversaciones deberían incluir incluso a sectores que hasta ahora acompañaron determinadas iniciativas oficiales en el Congreso.
El Gobierno quiere cambiar las reglas antes de 2027
La coincidencia opositora tiene como contraparte la estrategia de la Casa Rosada. La reforma electoral impulsada por el Gobierno tiene entre sus principales objetivos modificar el régimen de primarias. La propuesta original contempla la eliminación de las PASO, aunque ante las dificultades para conseguir respaldo parlamentario el oficialismo comenzó a evaluar una suspensión, como ocurrió durante el proceso electoral de 2025.
La propia Casa Rosada reconoce las dificultades para reunir los votos. Un informe de Infobae publicado a fines de julio describió a la reforma como la iniciativa que más interesa a Karina Milei y señaló que el proyecto todavía carecía de apoyos suficientes. El Gobierno evaluaba entonces postergar el tratamiento parlamentario y negociar con gobernadores y bloques aliados distintas alternativas.
El problema del oficialismo es político y parlamentario. La reforma electoral requiere construir una mayoría que el Gobierno todavía no tiene asegurada, especialmente en el Senado. Por eso la negociación incluye a gobernadores cuyos legisladores pueden resultar determinantes para definir el futuro de las primarias.
En ese mapa aparecen posiciones diferentes dentro de los propios espacios provinciales. La Casa Rosada intenta sumar apoyos de mandatarios peronistas y aliados, mientras que los gobernadores negocian recursos, obras, transferencias y condiciones electorales para sus distritos. Infobae señaló que el Gobierno identificaba entre los posibles respaldos a Raúl Jalil, de Catamarca, mientras buscaba acercamientos con otros mandatarios. En esa negociación también aparecía Misiones.
Ese punto resulta especialmente relevante para la política misionera porque el eventual debate sobre la eliminación o suspensión de las PASO también tendrá impacto sobre las estrategias provinciales y nacionales de cara a 2027. La discusión excede, por lo tanto, a Buenos Aires y al peronismo nacional: el cambio de las reglas electorales puede alterar las herramientas con las que los partidos y frentes provinciales organizan sus candidaturas y alianzas.
Dos movimientos que empiezan a encontrarse
Mientras el peronismo intenta recomponer una mesa común, La Libertad Avanza también acelera su propia construcción electoral. Karina Milei retomó el diálogo con Mauricio Macri y el oficialismo comenzó a avanzar en una coordinación con el PRO, particularmente en la provincia de Buenos Aires. Este jueves habrá una reunión en la Casa Rosada entre representantes de ambos espacios para discutir la agenda legislativa y la construcción electoral hacia 2027.
El escenario empieza así a mostrar dos movimientos simultáneos. El oficialismo busca consolidar una alianza electoral capaz de ampliar su estructura territorial, mientras intenta modificar las reglas con las que se definirán las candidaturas. El peronismo, después de meses de enfrentamiento interno, empieza a reconstruir canales de coordinación precisamente alrededor de la defensa de esas reglas.
La paradoja política es evidente: una reforma impulsada para modificar el mecanismo de selección de candidaturas terminó funcionando como incentivo para que sectores peronistas enfrentados volvieran a sentarse en la misma mesa.
El objetivo inmediato es 2027, pero la disputa empieza ahora. La elección presidencial todavía está lejos, pero la discusión sobre las reglas electorales ya forma parte de la disputa por el poder. Javier Milei buscará la reelección y necesita llegar a 2027 con una estructura política y territorial más amplia que la utilizada para ganar en 2023. El peronismo, por su parte, enfrenta el desafío de reconstruir una alternativa después de la derrota nacional de 2025 y de una interna que dejó al movimiento dividido entre distintos liderazgos.
Kicillof aparece como uno de los dirigentes con mayor proyección dentro de esa discusión. Máximo Kirchner conserva la conducción de La Cámpora y una relación política directa con Cristina Kirchner. Massa mantiene su estructura propia y una posición de articulación con distintos sectores. Los gobernadores reclaman participación en una estrategia que hasta ahora estuvo demasiado concentrada en Buenos Aires y en las organizaciones nacionales del PJ.
La reunión del martes no resolvió esa disputa. Tampoco produjo una candidatura ni cerró un acuerdo programático. Lo que produjo fue algo más elemental y, por eso mismo, relevante: una mesa en la que los principales sectores aceptaron discutir juntos.
El primer punto de coincidencia fue la defensa de las PASO. El segundo será construir una mesa política que pueda sostener el diálogo. El tercero, todavía en discusión, será determinar qué peronismo quieren ofrecerle al electorado en 2027.
Por ahora, la interna quedó en pausa. La unidad todavía es una posibilidad, no un hecho consumado. Pero el reencuentro de Kicillof, Máximo Kirchner y Massa muestra que la disputa por las reglas electorales comenzó a modificar las relaciones de fuerza dentro de la oposición. Y que, frente a un Gobierno decidido a llegar a 2027 con las reglas que considera más convenientes, el peronismo entendió que antes de discutir quién debe conducir necesita asegurarse de que todavía exista el mecanismo para que esa disputa pueda resolverse en las urnas.
