Las denuncias de irregularidades en los escrutinios de la estudiantina se están haciendo habituales. No es casual en un contexto nacional ganado por la metodología de poner todo bajo sospecha que utiliza Clarín y sus creaciones como Carrió.

Posadas (Martes, 15 de noviembre) Desde el Ministerio de Educación se informó hoy que no hubo ni una presentación formal que avalaran las denuncias mediáticas contra la arbitrariedad e irregularidades en el escrutinio final de la estudiantina.  Es muy probable que esta semana se ratifique el resultado y se proclamen ganadores a los ya anunciados.
Como sea, el ganador es una anécdota, la fiesta ya fue estropeada. La sospecha instalada por los denunciantes no desparecerá fácilmente. Cumple el propósito de arrastrar a todos al mismo barro.
La estudiantina en Posadas ha trascendido a las escuelas. Sin profundizar en abordajes sociológicos, es incuestionable que es constituyente en la formación de los estudiantes. Abre espacios de participación y de autonomía. Se puede abundar en observaciones sobre la evolución de su teatralidad y su ocupación del espacio público y al mismo tiempo de su significación en la formación del estudiante que no siente el mismo compromiso en las tareas académicas. Pero, más allá de estas formulaciones, lo que se debe destacar es el hábito de la denuncia y la sospecha que ha ganado el escrutinio final para consagrar ganadores en las distintas categorías.
Con tristeza y quizá angustia, se puede deducir que los jóvenes, en su mayoría entre 15 y 17 años, son víctimas de la prédica disociadora y mala onda del discurso instalada por los medios monopólicos como Clarín y sus creaciones como Carrió. Los colegios, la estudiantina, los estudiantes y sus padres no son una isla. Todo el día son bombardeados permanentemente por denuncias de corrupción perpetradas desde la Presidencia, las empresas y todo político que proponga transformaciones sociales.
El denuncismo, con todo su vacío existencial y generador de la cultura de la sospecha, del hombre lobo del hombre, evidentemente penetra en las subjetividades a lo largo y ancho del país. Ni los estudiantes de Posadas se mantienen a salvo de esta prédica perversa. Se llegó al punto que parece utópico que al final de la fiesta se junten todos a festejar la vida y no a pelear por un premio.

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