El 30 de noviembre se conmemoró el nacimiento de Andresito. ¿Por qué escribir sobre alguien el día de su nacimiento? para ordenar. Para elegir un criterio. Festejar que fue dado a luz un ser tan importante. Además cuya fecha de fallecimiento es incierta. Para hacer  historia. Luis Chitarroni leyó en Barthes: la historia es histérica, solo se constituye cuando se la mira.

Pesado, grave, serio, se impone el nombre del héroe al ser despojado del habitual diminutivo como eligen los autores Jorge Francisco Machón y Oscar Daniel Cantero para el título del libro llamado Andrés Guacurarí y Artigas.
Un libro ya reseñado y recomendado en severas ocasiones por diversos medios, pero no por eso desechable. El verdadero estupor está hecho de memoria, no de novedad. Anotó Césare Pavese en su diario un 2 de agosto.
Hay que pensar que Andresito no es un invento, si se lo rescata, discute y impone en la agenda es porque estaba guardado en un cajón. Muchos libros sobre él salieron antes del boom actual, estaban ahí, publicados, leídos por pocos (otros no, se escribieron en la vorágine andresitista)
En el primer párrafo de la introducción de dicho libro se examina la sobrevaloración y exagerada impronta de próceres. Solemnidades. Endiosamientos que alejan al hombre de los hombres. Tal vez la paradoja de un historiador sea intentar humanizar un inmortal, bajarlo del mármol, recordar que la persona ha sido de carne y hueso, poner al héroe al nivel de los lectores, o a los lectores al nivel del biografiado.
Luego hay que atender el mapa elaborado por el Padre Cardiel en 1771 en el cual señala, atravesando el centro de la provincia, “bosques en que hay varias frutas silvestres” y divisiones limítrofes que luego fueron adulteradas.
Otra gran pregunta, de difícil respuesta, asoma entre estudios ¿son los grandes héroes los que cambian la historia o es el contexto histórico el que determina el surgimiento de estos personajes y condiciona su accionar? Surgen ejemplos de Alejandro Magno,  Napoleón, San Martin y Bolívar.
Los misioneros Andresito y San Martín nacieron en Sao Borja y Yapeyú. Antes Misiones, hoy Brasil y Corrientes. Datos no casuales, que develan el carácter espurio de los límites en nuestra zona.
Andrés G. Artigas nació cuando expulsaban a los jesuitas, a fines de 1700. Se enfrentó a paraguayos, portugueses y porteños, por todos lados querían apoderarse de nuestro lugar.
Pareciera como si 1810 significara, entre otras cosas, que Misiones se aleje definitivamente de su hermano pueblo Paraguayo. Ya que al no reconocer Asunción la Revolución de mayo, se dividió en dos jurisdicciones y se mandó al abogado Belgrano a convencer a nuestra región de los ideales de la revolución.
Belgrano organizó las milicias en Misiones. Donde luego se destacó Andresito. “Mis palabras no son las del engaño ni alucinamiento”  le dijo a los guaraníes, convenciendo sin embargo no a todos. Siguiente paradoja: Si Paraguay no se retobaba Belgrano no venía, y Andresito no surgía.
Versión a: Belgrano no conoció a Andresito.
Versión b: al fracasar en Misiones Belgrano es destinado a Uruguay, y se lleva 30 soldados. Guaraníes misioneros que él mucho no quería porque trasladaban a toda su familia, y en vez de 30 terminaban siendo 150. Pero uno de ellos se destaca, el que escribía y leía mejor (todos eran letrados), llamado Andrés Guacurarí.
Andresito peleó en Uruguay, después volvió, cuando artigas lo nombra comandante en 1814.
Artigas, en carácter de hierofante,  que es maestro de nociones recónditas, -exhórtelos a la unión- le dice sobre los paraguayos. Que adiestrados  por Gaspar de Francia, querían invadir. “…Venganza contra invasores que hollaron nuestra heredad…” dice un poema de Manuel Antonio Ramírez sobre Andresito.
El proyecto artiguista es lo más importante. Unir Misiones, Paraguay, Uruguay y los pueblos de periferia, dominados por los porteños. Artigas, a diferencia de otros héroes, no quería las monarquías. El Federalismo era propuesto como equilibrio entre centralismo y separatismo. Las provincias tienen que ser autónomas pero no separarse. Con federación significa “Unir federaciones”.
Es interesante el abordaje de temas contextuales como los motivos del descenso demográfico de guaraníes, provocado por mezcla de cosas: se fueron los jesuitas, cambió todo, el progreso, desarrollo, más explotación, miedo, enfermedades, los misioneros que emigraron a la pampa, búsqueda de trabajo, esclavitud, nuevas grandes estancias, inserción. Muy pocos volvieron a la selva a internarse, perderse.
Había sido que de los gauchos famosos de las pampas, también algunos eran guaraníes! Ya que algunos guaraníes, los evangelizados y llamados “Guaraníes misioneros” muchos eran soldados, se integraron a la vida social no-guarani, y se hicieron buenos jinetes, con caballos que les traían de Europa. Y eran sedentarios. Con lo que emigraron muchos hacia la pampa. Y se mezclaron con el gaucho.
Estas consideraciones no son un corte y pegue del libro de Cantero y Machón sino el resultado de interpretaciones y reflexiones que despierta la lectura de este libro como el de Juan González llamado, curiosamente, de la misma manera. El mejor homenaje para el 30 de noviembre ha sido leer (o releer) estos libros fascinantes, leer otros, comparar, pensar, sacar conclusiones propias desde la perspectiva historiográfica popular y federalista, a diferencia de la historiografía tradicional de corte liberal, heredera de la historia oficial extranjerizante, porteñista y elitista que se escribió al fin de las guerras civiles. Conocer la historia del pueblo que es la historia de uno mismo.
Ana Kosiuk

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