Elegir la relectura procede de varias razones menores como el aburrimiento, el olvido o la discontinuidad de una biblioteca y a veces de una intención mayor como la de mantener en valor lo leído y contribuir a la construcción de la identidad, como en el caso de los mitos regionales.

Releyendo el libro Releyendo mitos, publicado en 2012 por Lavalle, nuestro Jorge Luis, me encontré que el epígrafe elegido es la definición de fantasma que usa James Joyce en Ulises.  Esta interesante analogía, (si uno lee la frase, y ni hablar si uno lee ese Ulises irlandés) hace pensar en la preservación de las costumbres de nuestra zona y en lo palpable que deviene la antropomorfización del monstruo.
Los mitos sobreviven reescribiéndolos y releyéndolos. Mostró la hilacha se llama el cuento que recrea la leyenda del  lobizón, recreada del antiguo mito universal de la licantropía. Cuento en el cual la mujer ignora la leyenda, casada con un octavo hijo que sale todos los viernes de luna llena y no quiere tener hijos. Ella no sospecha nada. Ni siquiera después de ser atacada. No es supersticiosa.  De personajes así, novedosos, de diferentes matices, está hecho el libro que contiene varias historias del mismo género que se vincula con otros géneros. La dama blanca sucede en un baile en el Parque  Japonés, ahora Paraguayo, inmediaciones del anfiteatro. (Tal vez el mismo mito, sobre esta dama misteriosa, les es relatado a un grupo de estudiantes que acampan en el Piray Guazú una noche de luna llena en un cuento de terror de Marta Luisa Eichelberger). El relato dedicado al payé es un policial. El abuelo me contó es un cuento que sintetiza la idea de trasmisión oral de toda esta carga simbólica que carga un pueblo: los mitos y leyendas. Como el título lo anticipa unos nietos escuchan de su abuelo esta vez una anécdota referente al yací en la siesta, un precedente del peligro acechante que funciona de amenaza y de seguro para un buen dormir.  En cambio no hay amenaza explícita, ni moraleja necesaria, en Perdiendo la inocencia, que se desarrolla en 1936. La joven virgen de dieciséis años tiene un supuesto ataque de histeria durante la siesta, el curupí se presenta y provoca el conflicto. Ella sale a tomar aire al patio y queda embarazada. Abre la incógnita de si se ha presentado el hombre a quien ella esperaba, si la magia del mito se realizó o si es falso el diagnóstico. El relato funciona con la simpleza de una buena estructura como la tiene todo el libro: un relato seguido de la explicación del mito seguido  de una ilustración trazada por ilustres ilustradores como el dibujo final, la coda, del mainumbi (ya lo dijo Ramón Ayala el mito viviente) y Arguindegui, que bien podría ser la tapa de una futura reedición.

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