El paro general se está transitando en la provincia sin alteraciones. Lejos de la grieta y la polarización aquí se impone el espíritu colaborativo como motor de las relaciones entre el gobierno provincial que está en las antípodas ideológicas del gobierno nacional, pero que habilita un clima de convivencia que se traduce en la tranquilidad con que se desarrolla la medida de fuerza.

Posadas (jueves, 6 de abril) A pesar de la adhesión total de los medios de trasporte, el paro general convocado por de la CGT no se percibe en las calles de Posadas. El movimiento cotidiano se asemeja a cualquier día de semana aunque las estaciones de servicio no expenden combustibles y los bancos no atienden al público.
Es cierto que muchos alumnos faltaron a clases por la falta de colectivos, pero así y todo hay actividades en las escuelas, fundamentalmente en las de gestión privada. Con los comercios abiertos y la atención de las oficinas del Estado funcionando a pleno, la circulación de gente no deja traducir la existencia de una anormalidad.
Una recorrida demuestra que no hay calles desiertas como en otros paros generales memorables, ni hay posibilidad de informar meramente con imágenes como sucede, por ejemplo en la Ciudad Autónoma.
¿Cuál es la lectura política de esta particularidad local?
Ante todo, sería una ligereza sacar conclusiones determinantes. La sociedad misionera es parte de la Argentina y aquí se viven las mismas tensiones y efectos de las medidas económicas definidas por el gobierno nacional. Aquí también en las elecciones del 2015 se confrontaron dos modelos de Estado y dos proyectos político-económicos como en el centro del país. Resumidamente se puede sostener que aquí, en Misiones, en el escenario político se dirimen también las medidas de distribución del ingreso y sus tensiones con los procesos de inversión, luchas que están en el centro de la toma de decisiones del movimiento obrero para declarar el paro general.
Misiones no es una isla. También aquí se sienten los efectos de la recesión y la pérdida de empleos por efecto de las importaciones liberadas como herramienta de control de la inflación. El sector maderero, empresarios y trabajadores, da fe de la crisis. Como se siente en el sector docente la resistencia del gobierno nacional a convocar a las negociaciones paritarias y en el sector de la construcción la caída de la obra pública.
Sin embargo, no se puede negar que el clima social no llega a los grados conflictividad que se deslizan en el centro del país. Sería demasiado afirmar que aquí reina la paz social, pero también es cierto que desde el poder político se la proclama como objetivo y se la promueve en la práctica con el ejercicio del diálogo. Misiones, decíamos no es una isla, pero aquí la grieta como recurso discursivo para la polarización electoral sólo anida en grupos reducidos de políticos de la partidocracia.
La “normalidad” con que se transita el paro general en la provincia es una particularidad que nos diferencia de otros centros más convulsionados. Pero no es magia. Es producto de una prédica que viene desde hace ya diez años casi formulada por la conducción de la Renovación y que pudo consagrarse como propio en la más amplia representación del poder político. El espíritu colaborativo como motor de las relaciones entre el gobierno provincial que está en las antípodas ideológicas del gobierno nacional, se puede decir hoy se traduce en el clima de tranquilidad con que se vive el paro general.

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