No hubo actos multitudinarios ayer para conmemorar a Eva Perón, pero en su diversidad, más que de fragmentación, hablan de la fuerza identitaria del peronismo en la defensa y la ampliación de derechos sociales sobre todo de los más desposeídos. El odio y las pasiones que despertaba Evita por sus luchas es asociado hoy a Cristina Kirchner.

Posadas (jueves, 27 de julio) El aniversario de la muerte de Eva Perón fue conmemorada ayer a lo largo y ancho del país. La prensa gorila -nunca más oportuna la categoría ya que Evita debe ser el gorilómetro por excelencia- por supuesto encabezó las noticias dando cuenta de un hecho objetivo, es cierto, que la diversidad de actos dan cuenta de las fragmentaciones del peronismo. Y el peronismo como movimiento que diluye en su marcha las contradicciones de clase, si no está unido está condenado. Pero justamente en la existencia de actos, que reunieron de cincuenta a cinco mil personas, revelan lo que la prensa hegemónica, digamos gorila nuevamente, esconde. El peronismo no es el Pejota aunque el partido sea el templo. Hay un peronismo que en la diáspora mantiene intacto su identidad. Una identidad política que sigue siendo un desafío para la academia que encuadra las preguntas por el ser, por lo que es el peronismo, desde axiomas de los manuales clásicos de la politología europea. Ayer, tantos actos, algunos minúsculos hablan de otra categoría propia para el peronismo: “la resistencia”. Su juntan para el rito. Nadie se pregunta qué son, les alcanza con decir “aquí estamos” para analizar qué hacer. “El peronismo es un sentimiento”
Es así que los actos de conmemoración por la muerte de Evita realizados ayer tienen una significación especial que se asocia a la resistencia de los diez y ocho años que sucedieron al golpe del 55 hasta el retorno de Perón.
Aquí en Posadas, los autoconvocados en el Tokio, diríamos confirmaron esa hipótesis. Un acto que sumó a más de doscientas personas que se pasaron la cita boca a boca, o wathsap a wahtsap si se quiere, traduce el espíritu de los resistentes peronistas.
No fue casual que, tanto en el Tokio como en el local del PJ, en el patio del Concejo Deliberante, frente a la Policía de la Mujer y el realizado por el Movimiento Evita –los actos que computamos- los oradores, lejos de toda pretensión ilustrada rescataron las luchas de Eva para articularlas a las luchas de hoy. Las respuestas de Eva con las respuestas de Cristina. Por supuesto que la máxima “donde existe una necesidad nace un derecho” fue la línea argumental de los discursos de ayer. La comparación entre el amor y el odio que generaron (generan) Evita y Cristina, fue inevitable. El amor de un pueblo al que se lo reconoce como sujeto, sujeto de la historia y como personas con derechos que, desde el poder de la política se van ampliando y materializando, es comprensible. Lo más argentino es el odio al método. Del ¡viva el cáncer! a la yegua de hoy, anida una reacción desmedida que cuestiona los derechos y demoniza, antes a Evita hoy a Cristina.
Ayer, la memoria de Evita, que a 65 años de su muertes sigue despertando pasiones, fue todo sentimiento, pero los oradores dejaron espacio para el anclaje en la realidad política. Se condenó así categóricamente el avasallamiento de derechos conquistados después de la crisis de comienzo de siglo y las políticas neoliberales de Mauricio Macri. Sucede que Evita, que murió en 1952, que trascendió al mundo como líder popular y como mujer comprometida con las necesidades de los humildes, sigue en la Argentina habitando de un lado de la grieta. El poder se niega, se resiste al reconocimiento que, por ejemplo le hicieron los más talentosos artistas del mundo del espectáculo internacional.
No hay diálogo, no hay consensos ni puede haber encuentro de los argentinos cuando los derechos básicos de todos los habitantes del territorio argentino no figuren en la agenda de los grandes acuerdos nacionales. En “Mi Mensaje y Mi Voluntad Suprema” Eva Perón lo deja firmado: “Yo no me dejé arrancar el alma que traje de la calle. Por eso no me deslumbró jamás la grandeza del poder, y pude ver sus miserias; y por eso nunca me olvidé de las miserias de mi pueblo y pude ver sus grandezas. Ahora conozco todas las verdades y todas las mentiras del mundo. Tengo que decirlas al pueblo de donde vine. Y tengo que decirlas a todos los pueblos engañados de la humanidad”. Es lo que no tolera el poder permanente, el de los bancos, el del dinero que hoy a través de la concentración de los medios se propone destruir. Las denuncias de corrupción, que precisamente ayer tuvieron epicentro circense en el Congreso, exponia impúdicamente sus miserias cuando armó el show televisivo de expulsión de un ministro del gobierno anterior. Y no es casual el lenguaje. La pitonisa que tiene el papel protagónico en el espectáculo promovido por TN, dejó en claro qué es lo que intentan destruir cuando acusó al ministro de un gobierno popular, responsable de la realización de obras, de “traidor a la patria”.

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Imagen de portada: Juan Manuel Núñez Lencinas, Publicado 10th September 2012.

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