El PJ de Misiones puso fecha para elegir nuevas autoridades del Consejo Provincial. Será el 25 de febrero con tiempo hasta el 26 de este mes para inscribir candidatos. Hay un consenso mayoritario para presentar lista única que sería presidida por el diputado Pereyra Pigerl aunque hay dirigentes dispuestos a pelar la interna. Sin embargo el desafío central del peronismo, que hoy se expresa en la diáspora, pasa por su capacidad de expresar la alianza de clases y sectores sociales en una sociedad fragmentada con sindicatos, y la burguesía nacional debilitados.

Posadas (jueves, 11 de enero) Los dirigentes del Partido Justicialista de Misiones convocaron a elecciones internas para el próximo 25 de febrero cuando termina el mandato de Juan Manuel Irrazábal. Se renueva el Consejo Provincial, que será integrado por un presidente, un vicepresidente primero, un vicepresidente segundo, trece secretarios titulares y cinco suplentes. El cronograma electoral establece que el 26 de este mes el 26 de enero vence el plazo para la presentación de listas, aceptaciones y avales.
En el partido se baraja la posibilidad de presentar una lista única que sería encabezada por el Héctor Pereyra Pigerl, dirigente de Oberá recientemente consagrado diputado provincial por el Frente Renovador de la Concordia ya que el PJ formalizó su participación en el Frente en 2015.
No obstante, hay dirigentes que no resignan espacios y están dispuestos a participar en las elecciones internas. Entre ellos, el ex diputado Gustavo Weirich, que no avala el Frente con la Renovación ya que estuvo trabajando con el Partido Agrario y Social. Desde una posición más purista, si se quiere, Afirmación Peronista, el legado de Humada, aspira a recuperar la centralidad del PJ en el armado de la política provinciaL. Entienden que una interna puede dilucidar y legitimar las decisiones políticas como la resuelta en 2015 por el Congreso ProvinciaL, que es la máxima autoridad del partido, cuando habilitó la conformación de un frente que mejor exprese la necesidad de “ponerle un freno a las políticas insensibles del gobierno nacional y que mejor represente a los intereses de los misioneros que quieren vivir un poco mejor”.

Todos somos peronistas

Pero esta cuestión, digamos institucional, no tiene los límites muy claros ya que el “peronismo” como identidad y pertenencia no sólo política sino cultural, se viene expresando en la provincia como en todo el país por fuera del PJ. Sin llegar al extremo de Perón cuando dijo: “todos somos peronistas”, nadie puede negar esa esencia peroniana a dirigentes tan diferentes como Ramón Puerta, o su hijo Pedro y al mismo tiempo a sindicalistas de izquierda como Aníbal Velázquez o burocráticos como Adolfo Velázquez y su hermano Ramón o claros representantes de la doctrina social de la Iglesia como Ricardo Wellbach. Es un espejo de lo que sucede en el país central. No se puede negar el peronismo de los Kirchner, ni de Graciela Camaño, ni Felipe Solá, ni de Ritondo que está en el PRO, como de los barones del conurbano o los industriales Rial y de Mendiguren o Facundo Moyano y Marco Lavagna.
Estas personalidades que expresan una gran diversidad de intereses sólo pueden converger en una síntesis que el peronismo identificó con el “movimiento nacional”. Esa categoría diferenciada de la lógica de los partidos políticos, desde la aparición del peronismo expresó la alianza de clases y sectores sociales en función del desarrollo y la integración de la Nación como esquema referencial para la toma de decisiones.

Alianza de clases y sectores

Esa alianza de clases no fue un oportunismo electoral de Perón ni después de los Frentes que tuvieron al PJ como eje en la segunda mitad del siglo XX. Paradojalmente fue Frondizi el que le dio categoría teórica. Fue la respuesta a la realidad política de sumar a los empresarios y a los trabajadores en un proyecto de desarrollo bajo las tres banderas históricas: justicia social, independencia económica y soberanía política. El peronismo fue en ese sentido la representación concreta de una resolución dialéctica del enfrentamiento estructural del Capital y el Trabajo.
El Frente nacional, primero, metodológicamente, se proponía construir la Nación. Por eso, la alianza de clases es algo constitutivo del peronismo que trasciende al PJ.
Pero este esquema no tiene anclaje en la realidad actual. Antes las clases y sectores de la sociedad tenían intereses determinados, a veces enfrentados, a veces coincidentes. Depende si fuesen objetivos, subjetivos u operados desde el poder, pero se suponía que los intereses estaban más o menos representados por sus conducciones naturales, clásicas en los sindicatos y entidades empresarias. Hoy no es el mismo contexto. El tema de las representaciones sindicales, por ejemplo no son tan categóricas ni monopolizan la representación más allá de las dirigencias. Es una cuestión objetiva. Además, los factores de poder que hasta el 2001 eran imposibles de soslayar: militares, Iglesia, empresarios, sindicalistas incluso estudiantes, hoy no son determinantes. Es decir que en el armado de representación ya no existe la estructura de poder sectorial como hasta 20 años, estructura estamental más que corporativa que se había consolidado con el peronismo. Hoy los factores de poder popular no son tan explícitos y relevantes. Se puede sostener que la sociedad está más fragmentada. La categoría de ciudadano y hasta de vecino opera con más gravitación en la construcción de identidades.
Esta conformación tiene que ver con la crisis de representación del 2001 y el que se vayan todos.

El peronismo en la Renovación

Aquí en Misiones, el primero en interpretar el sentido de esa crisis fue Carlos Rovira cuando rompe con la lógica de los partidos tradicionales y funda el espacio de la Renovación como expresión del sentimiento de pertenencia última de una sociedad que si se estaba disgregando nacionalmente se aferraba a lo misionero como sentido. Por eso se lleva el voto peronista desde 2003. Hay quizá tres momentos claves que van consolidando esa transferencia del voto peronista a la Renovación:
-el mismo 2003 cuando arma la Renovación y se consagra gobernador frente al PJ tradicional que postulaba a Ramón Puerta y Carlos Menem en la Nación.
-el 2007 cuando logra consolidar el proyecto Renovador frente a las presiones del partido nacional y, la Casa Rosada que apoyaron las candidaturas de Tschirsch, Viana y Lozina, para recuperar la tradicional pejotista.
-el 2015 cuando el Consejo Provincial del PJ formalizó el ingreso al Frente Renovador de la Concordia
El PRO de Mauricio Macri es también en el orden nacional heredero de esas rupturas sociales. La bisicenda, el metrobus, la recolección de la basura, urbanización de las villas, el agua potable fueron abordajes de la política desde las urgencias del vecino, a los que punteros como Ritondo aceitaban el clientelismo en los barrios. Aunque lejos de las propuestas emancipatorias su conservadurismo logró así un anclaje en las demandas populares. Atomizados y desclasados, pero reconocidos como individuos.

Organizaciones sociales

Hace poco leíamos documentos de los curas de la opción por los pobres. Revelaban que veían que en las villas, la penetración del narcotráfico ganaba a los chicos ofreciéndoles una perspectiva económica. Enseguida, decían, se nota quiénes entran en el negocio por las zapatillas y las motos que se compran además del consumo diferenciado. Denunciaban que la crisis de la esperanza en los barrios marginales iba de la mano de la crisis del PJ, aquí sí del partido. Señalaban que hasta pocos años, la participación política les abría los horizontes que ahora sólo encuentran el negocio de las drogas.
Pero la crisis de los partidos es objetiva y concreta. Es el contexto en el que la política debe escuchar a la Iglesia que está en los barrios. Es el marco en que Juan Grabois, sostiene que las organizaciones sociales tienen un doble rol: denunciar la naturaleza destructiva e injusta del modelo neoliberal, pero fundamentalmente “hacer lo que esté a nuestro alcance para resolver los problemas cotidianos y construir puestos de trabajo en la economía popular. Tenemos que evitar la depresión, la drogadependencia y el alcoholismo, tres síntomas del deterioro extraeconómico. Tenemos que combatir la malnutrición y las muertes por gatillo fácil. Todas estas son tareas del aquí y el ahora. No podemos esperar. Por eso, aunque tengamos proyectos antagónicos con el Gobierno hay que convivir. Necesitamos ejercer la tolerancia y el respeto aun en contextos de enormes diferencias. Los discursos extremos entre políticos que en definitiva no se plantean la superación del capitalismo y tienen diferencias de modelo y de modales pero no de sistema son para la gilada. A veces sirven para estupidizar a la militancia, para que no tenga pensamiento propio, y nos ahoguemos en un vaso de agua. Acusarnos de “dialoguistas” en términos peyorativos es tonto. Construyeron un mito alrededor nuestro y se olvidaron de la importancia que tuvieron la Ley de emergencia social que impulsamos o el relevamiento nacional de barrios populares. En una etapa defensiva como la presente, todas las victorias son parciales, todas se construyen con la lucha, pero también con la negociación y el diálogo”.
Este es el contexto en el que la interna del PJ en Misiones debe considerar para evitar caer en las luchas fratricidas de la partidocracia

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