Néstor Miguez, presidente de Federación Argentina de Iglesias Evangélicas. “Decir que Bolsonaro ganó gracias a los evangélicos es un error que le sirve a la derecha evangélica”, sostuvo en una entrevista con Enrique de la Calle de la Agencia Paco Urondo.

Por Enrique de la Calle de la Agencia Paco Urondo

APU: En primer lugar, casi como una introducción a la entrevista. ¿Qué es el evangelismo?
Néstor Miguez: En primer lugar, hay que hacer una precisión en el lenguaje. Hay que hablar de iglesias evangélicas, no de evangelismo. El origen está en las reformas luterana y calvinista del siglo XVI. Pero uno podría ubicar también movimientos anteriores, que ocurrieron en diferentes países de Europa. Algunos fueron reprimidos y otros pudieron subsistir. Son movimientos que cuestionan el poder centralizado del catolicismo imperial, en ese momento. Por razones, políticas e históricas. Se plantea volver a los evangelios. Descartamos la palabra “evangelismo” porque ismo refiere a una línea ideológica. Es cierto que hay un sector que reivindica al evangelismo como ideología. Otros reivindicamos la fe evangélica pero no pretendemos imponerla como ideología.

APU: ¿Podría resumir cuáles son las diferencias principales con la Iglesia Católica?
NM: Podríamos decir tres. Por un lado, doctrinaria. Mientras que la Iglesia Católica reivindica a la tradición y a las escrituras, las iglesias evangélicas reivindicamos sólo a las escrituras. Todo lo que implicó la tradición cristiana son elementos a tener en cuenta pero no hacen a nuestra doctrina y enseñanza. Los santos, el purgatorio, la adoración a María, son parte de esa tradición. Un segundo elemento, tiene que ver con cómo se organiza la iglesia. Para el catolicismo, hay una clara forma jerárquica. Para nosotros no. Tenemos una estructura muy abierta, horizontal, casi espontaneísta. La tercera diferencia tiene que ver con la cuestión política. Las iglesias evangélicas han tenido en claro que su función en tanto iglesias no debe confundirse con la política. En cambio, el catolicismo se ha vinculado históricamente con el Estado. En Argentina es persona de Estado.

APU: Aceptando desde el vamos el carácter horizontal y descentralizado de las iglesias evangélicas. ¿Podríamos agrupar a las iglesias en dos grandes paradigmas, el metodismo y el pentecostalismo?
NM: En realidad hay muchos paradigmas. Hay una corriente más histórica, que surge muy vinculada a las reformas de Lutero y Calvino. Después hay una corriente que está vinculada con esas reformas pero tiene una mirada más radical, como pueden ser los menonitas. Después, hay un movimiento que nació en el siglo XIX y especialmente en los Estados Unidos. Dentro de ellos, están los pentecostales, que surgen al principio del siglo XX. Después, está el fundamentalismo, que afecta a muchas iglesias. Está también el denominacionalismo norteamericano, que generó movimientos expansivos. Esto es en general, porque hay muchos matices. Es una historia muy larga.

APU: ¿Cómo esos movimientos se articulan políticamente? Siempre se identificó a algunos de ellos con posiciones muy conservadoras, de derecha.
NM: Lo que pasó fue la segunda posguerra y la aparición de la guerra fría. Se empezó a combatir al comunismo ateo. Todo un conjunto de iglesias empiezan a involucrarse en esa disputa ideológica. La figura emblemática en Estados Unidos es Billy Graham y su traductor para América Latina, Luis Palau, que luego conforma su propia institución. Uno podría ubicar en Estados Unidos a dos figuras contrapuestas como Graham y Martin Luther King. Los dos son pastores evangélicos, de la iglesia Bautista. Los dos son pastores, pero con posiciones absolutamente antagónicas, por ejemplo, en torno de la guerra de Vietnam. Eso permite dar cuenta de la complejidad del fenómeno.

APU: En Argentina: ¿Cómo se dio esa historia?
NM: Sin bien los evangélicos se “pusieron de moda” ahora, estamos presentes desde antes de la revolución de Mayo. Un dato: el himno nacional se canta por primera vez en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson. Ese Thompson era un inglés evangelista. La asamblea del año 13, por ejemplo, establece la libertad de vientres, que es lo que todos sabemos. Pero también estableció la tolerancia de cultos, que es lo que menos se sabe. Lo que quiere decir que se reconocía que había otros cultos además del catolicismo. Durante la historia hay mucho otros ejemplos. ¿Qué quiero decir? Que hay un largo recorrido de las iglesias evangélicas en el país (y en la región) desde hace mucho tiempo. Te recuerdo otro caso: el obispo de la iglesia metodista Carlos Gattinoni fue parte de la CONADEP. La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos no hubiera tenido la presencia que tuvo sin la participación de varios pastores metodistas. Todas esas participaciones tenían un punto en común: no hacían alardes de ser evangélicos. No pretendían transformar esa fe en un factor de influencia política. Eso cambió a partir de los años 70.

APU: ¿Por qué?
NM: Aparece todo un sector muy influenciado por el movimiento evangelista norteamericano. Eso se da después de una visita de Rockefeller a América Latina. Cuando vuelve a su país, muestra su preocupación por los sacerdotes católicos y evangélicos que están participando de los movimientos revolucionarios de izquierda. Todo lo que tiene que ver con la Teología de la Liberación. Me gusta hablar de casualidades concurrentes (risas). A partir de ahí empiezan a intensificarse las “cruzadas evangelistas” de la derecha norteamericana. Es una línea muy vinculada con una política anticomunista.

APU: ¿Hubo iglesias evangélicas vinculadas a las organizaciones armadas?
NM: Te diría: hubo evangélicos que participaron en los movimientos políticos de izquierda, en el peronismo y en el PRT. Las iglesias en tanto tales no, aunque en algunos hubo cierta cercanía de parte de algunos miembros, especialmente jóvenes. No solo en Argentina, eso pasó en todo América Latina. El movimiento cristiano por el socialismo fue muy importante en toda la región. Hubo izquierda evangélica en Perú y en Colombia, por ejemplo.

APU: Lo traigo al país y a la actualidad. ¿Cuántas iglesias hay en Argentina?
NM: Es difícil de responder, por las mismas características del movimiento evangelista. Las registradas son alrededor de 4500. Entre las anotadas hay iglesias de 80 personas que, tal vez, hoy ya no existan más, porque se dividieron en dos nuevas iglesias. Es difícil de determinar.

APU: ¿Uno podría decir que hay dos grandes agrupamiento de iglesias evangélicas? ¿La Federación Argentina de Iglesias Evangélica (FAIE) y la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA)?
NM: A grandes rasgos, sí. Pero hay que tener en cuenta, por ejemplo, que hay iglesias que participan de los dos agrupamientos.

APU: ¿Cuál es la más representativa?
NM: Habría que definir “representativo”. Si hablamos de la cuestión numérica, ACIERA reúne a la mayor cantidad de iglesias (el 70/80%). Si hablamos de lo teológico, FAIE saca ventaja. Tiene otro desarrollo histórico. Las posiciones de FAIE están más sustentadas en la tradición evangélica y en la lectura integral de la Biblia. No pasa eso con las posiciones de ACIERA, que son menos fundamentadas teológicamente. Hay que decir algo más sobre la relación entre fe y política. No todos los miembros de una iglesia que integra ACIERA votan a la derecha. Capaz que muchos votan al peronismo, no lo sé.

APU: Ese vínculo se puede resumir así: ¿el evangélico vota mayoritariamente al peronismo?
NM: Hay muchos más evangélicos que están volcados al peronismo (en cualquiera de sus variantes) de lo que los líderes evangelistas están dispuestos a aceptar. Hay iglesias que han estado con los pañuelos celestes que están mucho más cerca del peronismo que de otra posición.

APU: ¿Qué rol cumple la Iglesia Universal del Reino de Dios?
NM: Para nosotros y para ACIERA la iglesia Universal no es evangélica. Es un movimiento de otras características. En términos teológicos, sus definiciones están afuera de lo planteado por las iglesias evangélicas, más allá de alguna coincidencia que puedan tener con ciertas iglesias pentecostales. La Iglesia Universal nace en Brasil en los años 80 con Edir Macedo, un pastor de perfil carismático. Ellos tienen una fuerte impronta política. De hecho, José Alencar fue vicepresidente de Lula y pertenecía a esa confesión.

APU: ¿Esos sectores ahora apoyaron a Jair Bolsonaro?
NM: En Brasil pasa como en Argentina. Hay que hacer muchos matices para comprender lo que ocurre. En primer lugar, decir que hay muchos pastores que apoyaron, y lo siguen haciendo, posiciones progresistas. Por ejemplo, Marina Silva pertenece a una iglesia pentecostal. A veces se simplifica mucho la mirada sobre las iglesias evangelicas. Esta idea de que Bolsonaro ganó las elecciones gracias a ellas es un error tremendo, porque le sirve a la derecha evangelista.

APU: ¿Por qué?
NM: Con suerte, los evangélicos que pudieron votar a Bolsonaro representan el 12%, quizás el 15% con mucha suerte, y hay que ver además qué se considera evangélicos. Después hay un sector evangélico que no votó a Bolsonaro. Pero él sacó el más del 50% de los votos. No es un triunfo de los evangélicos, sino de la derecha. Ahora, si vos decís que todos los evangélicos son de derecha, vas a terminar agrupándolos en la derecha. Hay que señalar que los evangélicos están tan distribuidos políticamente como los católicos, los ateos o los judíos. Los únicos que tienen un posicionamiento claro son los que tienen la religión del dinero. Ellos no tienen dudas.

APU: ¿En Argentina pasa lo mismo?
NM: Claro, tenés al intendente de Junín que es Pentecostal y fue candidato del PRO. En Casteli, Chaco, tenés a un misionero metodista que fue dos veces intendente por el Frente para la Victoria. En el plano sindical tenés a los Moyano, que son evangélicos. O tenés a Segovia de los Metrodelegados. Tenés concejales evangélicos en varias ciudades, algunos que son derecha y otros de izquierda, para decirlo de modo torpe. Decir que las iglesias evangélicas son de derecha es torpe hoy y también lo es históricamente. Desde sus comienzos hasta 1980, el movimiento evangélico en Argentina estuvo ligado mayormente a los sectores progresistas.

APU: ¿Cuántos evangélicos hay en el país?
NM: Según un estudio del CONICET, sería evangélico alrededor del 10% de la población. Es un trabajo de hace 10 años. Debe haber crecido el número, pero no mucho. Llegará al 15%, como mucho viento a favor. Y hay que ver qué se define como universo evangélico.

APU: ¿Cómo se dieron los posicionamientos de las iglesias evangélicas durante el debate por el aborto?
NM: ACIERA se manifestó a favor de las dos vidas. FAIE, no. Nosotros dijimos que la sociedad debe contemplar una multiplicidad de factores. El proyecto de ley habla del derecho de la mujer a decidir pero nosotros entendemos que no se tuvo en cuenta el entorno. Nadie decide fuera de un determinado entorno social, cultural, económico o religioso. Nosotros decimos que la prohibición no soluciona el problema, pero tampoco decir ‘vení, abortá y andate’. Llegamos a esa postura después de un fuerte debate interno.

APU: Muchos evangélicos se movilizaron en contra del proyecto de aborto legal.
NM: No lo voy a dudar. Pero también hubo mujeres evangélicas con los pañuelos verdes. Uno ve el debate en el Congreso: hay exposiciones evangélicas que se manifestaron a favor. En el Senado, hay una sola senadora que se reivindica evangélica. Si uno mira como se compusieron los votos ,no se puede hablar de un triunfo evangélico. Eso quieren hacer creer los sectores conservadores del evangelismo. Por eso es necesario dar cuenta de la complejidad del mundo evangélico. Recordar que muchas leyes de avanzada se hicieron gracias al aporte de evangélicos. Que tenemos una larga historia de mirada progresista. Por ejemplo, en relación a la emancipación de las mujeres. Nuestras iglesias tienen pastoras, como no pasa en el catolicismo. El programa evangélico tiene que ver con la paz, la educación, con las buenas nuevas a los pobres. No puede ser jamás un programa de represión o de gatillo fácil. No se puede ser evangélico y defender el gatillo fácil. Jesús fue víctima de la represión, no represor. Jesús vivió entre el pueblo y para el pueblo. Jesús fue de alguna manera un “populista” que se enfrentó a los poderosos y a los mercaderes del templo. Un populista hecho y derecho. No puedo ser evangélico y enfrentarme a los que viven cerca del pueblo, a quienes constituyen el pueblo humilde del país. Por eso es muy peligroso decir que todos los evangélicos son de derecha.