En el prólogo a Pobres, ausentes y recienvenidos, libro de Rodolfo N. Capaccio, Ana María Gorosito Kramer escribe: “…en Misiones los forasteros seremos siempre recienvenidos, especialmente porque carecemos de la capacidad para suprimir el asombro” (tal vez un efecto sonoro le haya hecho elegir la palabra –capacidad- por su semejanza a Capaccio.)

Realizada por Rodolfo Nicolás Capaccio y Rosita Escalada Salvo, después de una exhaustiva investigación recorriendo bibliotecas públicas y privadas y anaqueles escondidos, publicada por la Editorial Universitaria de la UNAM en 2014, esta es una compilación de testimonios de viajes a Misiones desde la conquista hasta mediados del siglo XX.
Los autores del libro dejan la voz de lado esta vez, ambos prolíficos escritores, y se convierten en editores, es decir lectores que eligen pasajes determinados para compartir con otros lectores. Sacando pocas acotaciones, como la presentación de cada autor compilado o de algunas notas al pie, el libro está compuesto íntegramente por material de los autores originales.
Los tres fragmentos elegidos del libro de viajes de Félix de Azara son sobre el Paraná, la Yerba y el Yaguareté. Esa selección marca un poco el espíritu del libro y los temas que más asombraron a los viajeros, el río, las plantas más profusas y la fauna exótica, además de la presencia o vestigios de antiguas civilizaciones. En un capítulo Félix de Azara describe minuciosamente el árbol silvestre de la yerba mate observando en detalle sus hojas, flores, tronco y características principales.
También hay fragmentos curiosos, como la anécdota del naturalista francés D’orbigny sobre los piques en sus pies y las dificultades para explorar y transitar la zona; “la civilización nos ablanda demasiado las plantas de los pies” parece responderle, 50 años después, Alejo Peyret, en Cartas misioneras. También son imperdibles los reclamos de Peyret hacia 1880 sobre los quince días que costaba llegar de Posadas a Iguazú que, según él, se podrían hacer en dos días; y relatos de los infaltables Ambrosetti, Bonpland, Ulrico Schmidl, y otros testimonios, impresiones, sensaciones de descubrimiento del paraíso, crónicas de periplos interminables, miradas personales.
Los autores, reconocidos docentes y escritores misioneros, también han sido viajeros en su momento, si recordamos sus biografías, expuestas en las solapas del libro: Escalada Salvo nació en San Javier, y Capaccio en Mercedes Buenos Aires. Han expresado su intención de publicar inminentemente otro libro, esta vez acerca de la comida de los viajeros.
Se convierte este libro en una lectura ideal para el viajante, para el turista, para quien recorra la provincia en verano por los mismos escenarios que recorre el libro, tal vez como guía, o para quienes se queden en sus hogares y procedan al viaje por el interior a través de estas páginas.
Los libros misioneros definitivamente no necesitan una ley para estar exhibidos en vidriera de las librerías, necesitan de calidad como la de esta producción y muchas otras que están renaciendo.