Es imposible no ver que la comunicación oficial busca confundir y apartar la atención del creciente deterioro de la trama económica y social en el país. Por ello, más de un perplejo ciudadano se pregunta: ¿el Presidente y sus imaginativos funcionarios, son o se hacen?

Por Alberto “Tito” Hedman

Posadas (viernes 8 de febrero). En los inicios de la gestión de Cambiemos, el joven periodista y filósofo Dante Augusto Palma dio a conocer el libro denominado El Gobierno de los cínicos. La publicación, que se puso a disposición de los lectores el 15 de diciembre de 2016, a un año exacto de desembarco de Cambiemos en el poder, aparentemente no consiguió muchos puntos de venta en el contexto de la ola de optimismo ligth y censura de medios y opiniones que se implantó desde el comienzo de la era macrista, (una muestra actual es la noticia de que la AFIP le acaba de frenar la creación de una cuenta bancaria destinada a pagar sueldos al grupo C5N, el único canal de tinte opositor aún no expurgado de la grilla de medios televisivos nacionales).
El título del libro del autor de “El quinto poder”, sin embargo, bien puede reclamar un tenor profético por su temprana elección del cinismo como síntesis y rasgo distintivo de las políticas de Cambiemos; algo que con el tiempo ratificarían una y otra vez con hechos y declaraciones constantes los miembros del Ejecutivo nacional y la usina política de la alianza de gobierno.
Las mentiras seriales de la campaña, durante la que el actual presidente y sus funcionarios negaron enfáticamente las medidas que aplicarían decididamente una vez en el Gobierno; entre ellas nada menos que la entrega del comando de la economía argentina al FMI; o los argumentos falaces que se invocan para desfinanciar la Anses y hacer caer los ingresos de los jubilados, son hechos significativos y conocidos por todos.
También lo es la creatividad para sustituir la comunicación política genuina con operaciones de marketing que, a menudo, derivan en verdaderos happenings, (por usar el término de moda en las muestras vanguardistas del Instituto Di Tella en los años sesenta y setenta), como lo fue –entre otras- la foto de Macri y sus principales funcionarios viajando en un colectivo de línea que -después se sabría por demostraciones fehacientes- no era más que una representación estática montada para dar una imagen de gobierno popular.
Los trolls y las “fakenews” que adulteran el flujo comunicacional en las redes sociales, y en los que, como lo admitió el propio Jefe de Gabinete Marco Peña, se gastan millones; o frases como la de la gobernadora Vidal, afirmando que la creación de universidades en barrios populares no se justifica “porque todos saben que los pobres no llegan a la Universidad”, son desgraciadamente moneda de todos los días en el país ficcional que construye Cambiemos ayudado, día a día, por los medios hegemónicos, y los voceros del capital concentrado local y multinacional.
Pasados ya tres años de gestión, empero, sería lógico pensar que las puestas en escena de Macri y su inquieto gurú Durán Barba, a fuerza de repeticiones, agotaron su capacidad de sorpresa. Una foto que hizo circular el Gobierno nacional el jueves, en el marco de la visita del presidente a Santiago del Estero, parece probar lo contrario. Conociendo la gran dedicación del presidente al acting publicitario, y el calificado staff de asesores de imagen que tiene a su mando; más de uno se sorprendió al ver en los medios una foto del presidente sentado al comando de una tradicional máquina de coser Singer. ¿Nadie le recordó al mandatario –antes de que se autorizara la difusión de la foto- que a principios de 2018 la empresa que hacía 64 años fabricaba en el país estas emblemáticas máquinas cerró sus puertas a causa de las políticas económicas del gobierno de Cambiemos? Como si esto fuera poco, el mismo día en que Macri sonreía para la foto, dos también reconocidas empresas del rubro textil anunciaban el cierre de sus plantas y el despido de los trabajadores. La industria textil, lo demuestran las estadísticas, es una de las primeras industrias nacionales en ser puesta peligro de extinción, debido a las políticas de apertura irrestricta a los capitales y productos extranjeros del gobiernonacional.
En tanto, la desaparición de la Singer, que fue orgullo de nuestras abuelas y madres durante décadas, es el símbolo más palpable de que, en plan económico de Cambiemos, las políticas de destrucción del tejido industrial nacional son políticas de Estado. Ante la repetición de hechos como el que motiva este comentario cuando, al mismo tiempo, los cierres de empresas Pyme y los despidos son cosa de todos los días en este inicio de año; es imposible no ver que la comunicación oficial busca confundir y apartar la atención del creciente deterioro de la trama económica y social en el país. Por ello, más de un perplejo ciudadano se pregunta: ¿el Presidente y sus imaginativos funcionarios, son o se hacen?

La sociedad implicada

La fotografía (que comentó el diario Página 12), en la que el primer mandatario se promociona operando una máquina de coser que sus políticas borraron del mapa, con una sonrisa seductora en los labios, parece no dejar dudas. Palma tenía razón, estamos ante “el gobierno de los cínicos”. En la antigüedad, comenta el autor del libro, que no se limita a la experiencia argentina, “se llamaba cínico a quien, desde su insolencia plebeya, desafiaba al poderoso y, con esa actitud, ponía en riesgo la vida. Con los siglos el término se reservó a aquellos que mienten aviesamente sin pudor o que, con distintos recursos, defienden lo que es difícil de defender”.
El subtítulo de la obra de Palma indica que su cosmovisión no se limita a glosar la experiencia argentina, sino que busca dar cuenta de un fenómeno mundial y que afecta a los dos polos de la representación política, las élites gobernantes rendidas a los poderes fácticos y la sociedad civil que las elige y sostiene, y en ocasiones también las desaloja del poder antes de tiempo. El subtítulo del “Gobierno de los cínicos” es más que indicativo: “idiotas, poscapitalismo y sociedad de la iluminación”.
En la definición actual de cinismo apuntada, Palma señala la amplia problemática que se abre en torno de estos fenómenos de las sociedades que algunos teóricos actuales del pensamiento latinoamericano definen como transmodernas: “Pero el cambio más relevante –acota Palma desarrollando el sentido actual del término “cínico”- fue que la insolencia del que nada tiene devino prepotencia del que lo tiene todo y el cinismo se transformó en el rasgo distintivo de una cultura atravesada por un capitalismo que exalta el tiempo presente y ofrece antidepresivos a quien no pueda sobrellevar la obligación de ser feliz. Asimismo, nos horroriza el Estado “Gran Hermano” que todo lo vigila, pero nos entregamos a una sociedad de la iluminación en la que voluntariamente exponemos la intimidad y donde ser reconocido es acumular seguidores en las redes sociales. Este marco es el ideal para las “democracias idiotas” en las que se celebra que los administradores de la cosa pública sean aquellos que desprecian lo público, a pesar de que, en la Atenas de Pericles, estos sujetos eran considerados peligrosos por renegar de su ciudadanía.
Así, aquel cartel que, en una protesta en Madrid, rezaba “Nunca subestimes a un idiota, un día puede ser tu presidente”, parece hoy una advertencia con destino universal. El análisis de Palma, en lo que hace a la crítica de las sociedades de la transparencia y de los efectos es coincidente con el del filósofo coreano-alemán, ByungChung Han, autor de obras como “Psycopolítica”, entre otras en las que somete a una aguda crítica a las actitudes y pautas de las sociedades conformadas en relación al impacto de Internet en los últimos decenios. El intento de comprensión filosófica de Palma se vuelve imperativo en el escenario actual; con fenómenos como la ascensión al poder del fanático derechista Bolsonaro en Brasil y de Donald Trump en Estados Unidos.
Los desvelos promocionales de Macri, a la luz de estos análisis, no son un hecho aislado, y su paradójica relación con la verdad de los hechos no es una anécdota más, como no lo era –salvando las distancias- la frivolidad farandulera de Menem, ambos exponentes de las metodologías de colonización simbólica de la globalización neoliberal en estas tierras. El riojano se dio el lujo, años después de dejar el poder, de confesar que había mentido a propósito al electorado. “Si decía lo que iba a hacer no me votaban”, dijo en tono picaresco. ¿Se animará Macri a esta muestra de honestidad brutal en el futuro? Difícil saberlo, pero es claro que la sofisticada parafernalia mediática de esta época, que Palma, -tentativamente- define como poscapitalismo o sociedad de la iluminación, requiere de un debate profundo de toda la sociedad. El principal insumo para recuperar la delantera para el campo popular tiene que pasar, necesariamente, por la inteligencia que devele los mecanismos de estas “democracias idiotas”.

cinicos
Portada del libro de Dante Palma.