Humberto Schiavoni, candidato a gobernador de Misiones, difundió un documento que resume los tres años del gobierno de Macri. Tiene la virtud de encuadrar un debate racional y lejos de las agresiones. Sin embargo es polémico en sus afirmaciones que niegan: en economía la recesión y los indicadores y en lo político los avances sobre el Poder Judicial. Revela también la ideología que ata las políticas internacionales con el plan económico.

Posadas (Viernes, 22 de marzo) Humberto Schiavoni difundió ayer a través de las redes un documento que informa sobre los tres primeros años del gobierno nacional de la Alianza Cambiemos. El objetivo constituir marcos de referencia para el debate la elaboración de propuestas y la construcción de planes de gobierno de un eventual segundo mandato presidencial.
De esta manera, Schiavoni, que además de presidir el PRO nacional es candidato a gobernador de Misiones, demuestra su disposición a cumplir con promover una campaña electoral sin agresiones y poner en debate modelos de provincia en forma constructiva.
El documento nacional, que fue escrito por los equipos técnicos de la Fundación Alem, la Fundación Pensar y la Coalición Cívica, ya desde su introducción, donde resume los objetivos, se abre a discusiones. Empieza diciendo que “en diciembre de 2015, el Gobierno de Cambiemos se propuso fortalecer las instituciones democráticas y mejorar la convivencia política, iniciar un proceso de inserción política y productiva de la Argentina en el mundo, detener el avance y hacer retroceder al narcotráfico en todo el país, normalizar la economía, incluido el sector de la energía, que estaba en una situación dramática, y ejecutar un ambicioso plan de obras (rutas, puertos, aeropuertos, Internet) para empezar a solucionar el enorme retraso en infraestructura que tenía el país, entre otras iniciativas”
Y a renglón seguido sostiene que “en todas estas áreas, los primeros tres años de gestión del Gobierno muestran avances notables. En algunos casos con logros visibles, como la energía, la libertad de expresión y la lucha contra el narcotráfico, y en otros por haber puesto con mucho esfuerzo las bases para solucionar problemas estructurales de la Argentina, como en la economía, donde el Gobierno está resolviendo cuestiones pendientes desde hace décadas, como el equilibrio de las cuentas públicas, la inflación y la inserción internacional de su sector productivo”.
Entre los logros agrega que en lo político se ha dejado trabajar con independencia al Poder Judicial y se dejó de influir con la pauta oficial en el trabajo de la prensa.
Las afirmaciones que se formulan en la introducción son hipótesis que intentan demostrarse en el desarrollo del documento pero que deberán, no sólo confrontar con la lectura de las oposiciones políticas y los movimientos sociales sino también con los indicadores objetivos de la economía y acciones como la del propio presidente Mauricio Macri cuando en un programa de TV pide la destitución de un juez.
La ideología subyacente 
Los capítulos que ponen en la superficie la identidad neoliberal de la gestión son los capítulos referidos a las políticas económica e internacional que están estrechamente ligadas.
Destaca el documento que “la estrategia de inserción internacional reemplazó un modelo de aislamiento o alianzas improductivas, que veía al escenario internacional con recelo y desconfianza, por un modelo más abierto, que busca oportunidades y reserva un rol positivo para la Argentina en la escena global. Este cambio ya ha producido beneficios concretos para el país, no sólo por el apoyo de los principales líderes internacionales al proceso de reformas iniciado por el Presidente Macri, sino también por las oportunidades comerciales obtenidas para las empresas argentinas. En estos años la Argentina recuperó prestigio y protagonismo en el diálogo internacional, ejemplificado en su exitosa presidencia del G20 pero también en su participación en el Grupo de Lima, que contribuyó a consolidar la condena regional a las violaciones de los derechos humanos en Venezuela”.
Agrega que “en lo económico, el rumbo del Gobierno fue siempre el mismo: ordenar los desbalances económicos heredados –no sólo de la administración anterior– y sentar las bases para crecer de manera sostenida, con el objetivo de disminuir la pobreza, su principal objetivo. Para eso se eligió un camino gradual pero firme en la reducción de la inflación y el déficit que fue exitoso durante dos años y medio, hasta que una serie de shocks imprevistos, combinados con la fragilidad histórica de la macroeconomía argentina y del proceso en el que estábamos, nos dejaron sin el financiamiento necesario y nos obligaron a acelerar algunas de nuestras metas. Por eso estamos convencidos de que la economía de 2019, a pesar de las dificultades de los últimos meses, es más sólida que la de 2015 porque tiene pilares estables donde apoyarse. Ya no hay controles de cambios, comenzamos un sendero gradual de baja del gasto y de los impuestos, este año nuestras cuentas públicas estarán equilibradas, desde hace varios meses que exportamos más de lo que importamos, el Banco Central ya no financia al Tesoro, tenemos un tipo de cambio flotante y competitivo y dimos vuelta la situación de la energía, que en 2015 estaba al borde del colapso, entre otros avances”.
Son palabras que reafirman el rumbo. Explican por ejemplo las razones por la cual el mismo día en que sesiona en Buenos Aires la Cumbre de las Naciones Unidas para la Cooperación Sur – Sur, el Presidente viaja a Chile para adherir a la estrategia de Washington para recrear en la región el libre comercio a través de la creación de un organismo con eje en Santiago y Bogotá. Es el Prosur, denominación que introduce un matiz partidista a la unión que termina de sepultar la fallida Unasur, pero que desde su matriz, pretendidamente pacífica (por el Océano, no por adhesión a paz alguna), se muestra inviable ya que la unión de los pueblos latinoamericanos deben forzosamente ser liderados por Brasil, México y la Argentina debido a su peso económico y la extensión de sus territorios. Pero este es un tema para ser ampliado desde el debate. Es la virtud del documento, encuadrar un debate racional y desalentar la guerra de consignas propias de las campañas electorales.
Economías regionales esperando el derrame
Aunque el resumen de los tres primeros años de Gobierno hace una lectura nacional, tiene un capítulo dedicado a las economías regionales. No se registran políticas específicas sino que sus desarrollos quedan atados a la suerte del plan económico dice el documento, “sigue siendo el mismo: ordenar los desbalances económicos heredados –no sólo de la administración anterior– y sentar las bases para crecer de manera sostenida, con el objetivo de disminuir la pobreza, el principal objetivo del Gobierno. Es lo que estamos haciendo. La economía de hoy, a pesar de las dificultades de los últimos meses, es más sólida que la de 2015, porque tiene pilares estables donde apoyarse. Ya no hay controles de cambios, comenzamos un sendero gradual de baja del gasto y de los impuestos, llegaremos al equilibrio primario en 2019, el Banco Central ya no financia al Tesoro, tenemos tipo de cambio flotante y dimos vuelta la situación de la energía, que en 2015 era dramática, entre otros avances”
Esto encuadra el proyecto para las economías de las provincias. “En este camino, la innovación en biotecnología, agricultura de precisión, tecnologías de la información y maquinaria de nicho representan una posibilidad de exportación de conocimiento vía patentes, servicios y productos de alto valor agregado intensivos en conocimiento”.
Se detiene después en el desarrollo ganadero y lechero, justo cuando los precios de la carne están por las nubes y la leche desaparece de la oferta en góndolas.
Las referencias al sector turismo son las más alentadoras para Misiones. Sostiene que “tiene la capacidad de llegar a todos los puntos del país, reactivar las economías regionales por su rol redistribuidor de recursos y generar empleo con arraigo”.