Una atenta lectura al resultado electoral de Córdoba descubre que, a pesar de la contundente consagración de Schiaretti, hubo poco corrimiento de lealtades con relación al voto de 2015. Si Cambiemos perdió 5 puntos, el peronismo perdió 3. No marca tendencia para octubre. El fracaso de Mestre inclina la Convención de la UCR en favor de los aliancistas. ¿Qué es el peronismo republicano sino una mera construcción simbólica de diferenciación con el kirchnerismo?  Aunque no habló de cordobesismo refuerza la potencial unidad de las provincias en el Congreso.

Martes, 14 de mayo. El pronunciamiento popular que consagró a Juan Schiaretti en Córdoba tiene lecturas que el poder hegemónico lo fue acomodando con en el correr de las horas. Nadie esperaba la contundencia del resultado electoral y muchos quedaron desconcertados. Pero ante todo refuerza la unidad de las provincias en el Congreso.
Sin embargo, en la conciencia del ciudadano común, no habrá retórica alguna que pueda ocultar “la paliza histórica” como tituló Crónica y la serie de derrotas del macrismo en las elecciones provinciales “ocho al hilo” al decir de Página 12. Ya más sutiles son las operaciones indisimuladas que se descubren hoy en Clarín y la Nación para marcarle la cancha al “Gringo”: “Tras el triunfo en Córdoba, el PJ Federal apura su armado para salir de la grieta”. No vaya a ser que se deje seducir por Alberto Fernández. Pero el pronunciamiento cordobés en las urnas es un voto castigo aunque no quede claro si es contra el rumbo de las políticas económicas o más bien contra el descalabro de la recesión generada por la gestión del gobierno nacional y algunos incumplimientos como restablecer retenciones.
Los números analizados finamente pueden abonar esas dudas.
No hubo corrimiento de votos
En las legislativas de 2017, Cambiemos había obtenido el 48,5% de los votos, Unión por Córdoba 30,5% y el kirchnerismo alrededor del 10%. Es decir que estaba claro que los cordobeses venían respaldando, digamos el planteo del ajuste y el rumbo de las políticas económicas del gobierno nacional. Es un dato. Córdoba, es industria pero históricamente tuvo una economía con base agraria ligada a los intereses de la pampa húmeda lo que quedó demostrado en 2008 cuando hasta el peronismo cordobés se puso del lado de las patronales del campo y los exportadores. Y está escrito en la historia de las luchas federales anteriores a la organización nacional, Córdoba nunca lideró y por el contrario enfrentó la confederación del interior. Vale la mención en función de rescatar el espíritu del ser cordobés que puede tener el orgullo de las sierras pero intereses ligados al centralismo porteño. De todos modos, la consagración de los gobernadores que se diferencian de los mandatos de Buenos Aires alienta la tendencia a la conformación de interbloques en el Congreso con el propósito de defender los intereses federales de las provincias.
Volviendo a los números objetivos, más claridad surge de la comparación del resultado del domingo con el resultado electoral de las elecciones generales provinciales de julio de 2015. Es la que vale. Entonces, Schiaretti obtuvo el 40%, Cambiemos que postuló a Oscar Aguad el 33,7% y el candidato del kirchnerismo, Accastello llegó a 17,17%.
Estos datos algo están revelando. Se advierte que no hay mucho corrimiento de lealtades en el pronunciamiento del electorado ya que el resultado de ayer domingo, el 54% para Schiaretti es la suma de los dos peronismos menos 3% que se perdieron. Y a la inversa, los votos de Cambiemos se dispersaron entre los alineados con la Casa Rosada y los rebeldes de la UCR. Si se suman los porcentajes de Negri, 17,8 y los de Mestre, 10,9 se llega al 28,7%%. Es decir 5% menos que en 2015. No sería tanta la factura cuantitativamente hablando.
Hay otro dato, por ahora secundario, pero podría estar marcando tendencias. Los votos que perdieron el peronismo y el macrismo fueron a parar a partidos vecinales que juntos casi llegan al 6% que es mucho si se tiene en cuenta que estaba en juego la Gobernación. Se puede sostener que son respuestas locales, bien locales, a los problemas globales.
¡Por Dios! ¿qué es el peronismo republicano?
Estos datos objetivos subyacen a cualquier interpretación desde la superestructura política. La elite porteña, como se dijo, ya empezó a operar, y transformar la realidad de los números en una paralela realidad virtual. No tienen límites. Ya hay operadores, sin límite algunos, que ligan el resultado de Córdoba con la suerte de Roberto Lavagna y Miguel Pichetto. ¡¡Por favor!!
Es necesario entonces seguir los pronunciamientos del propio Schiaretti que habló sin mediaciones a través de su cuenta en twitter, que es una forma ya habitual de evitar las manipulaciones de las mediaciones, precisamente de los medios.
El que más repercusión nacional tuvo, porque fue música para los oídos del poder hegemónico y de los predicadores del antikirchnerismo, fue el mensaje noveno en orden de aparición, emitido a las 21:00 después de ocho de agradecimientos de rutina y generalidades habituales. Escribió: “estamos convencidos de que no habrá república en Argentina sin peronismo. Y no habrá peronismo si no es republicano”.
Schiaretti sabe bien que de esa manera alimenta el relato elaborado desde las usinas del antikirchnerismo en la oposición al gobierno de CFK, consigna que no es nueva en las construcciones discursivas de las elites contra los gobiernos populares. Si ser republicano es respetar formalmente la división de poderes no puede Schiaretti, sin caer en cierta complicidad, imputarle a Cristina acosar a los jueces si al mismo tiempo no denuncia el desenfado con que el gobierno de Macri aprieta jueces y fiscales con espías y servis de una manera obscena. Si ser republicano es gobernar con leyes, no puede Schiaretti imputarle desvíos a Cristina si a la vez no denuncia los DNU de Macri. Y así.
¿Qué es el peronismo republicano como categoría de diferenciación al interior del movimiento?
En una entrevista con el director de Perfil, el año pasado Schiaretti adelantaba ya estas categorías de diferenciación. Decía: “los gobernadores vamos a ser actores centrales, bajo los preceptos de un peronismo democrático, republicano, que respete la división de poderes y que mantenga en alto lo que nos caracterizó en todos estos años, ser el movimiento que expresa la producción, el trabajo, la justicia social, que, ratificamos, la hace el Estado. No hay teoría del derrame de la economía que crece que garantice la justicia social. Con ese espíritu vamos a las elecciones y estamos convencidos de que luego, porque todo el peronismo viene de diversas experiencias, va a ser el momento de reordenarlo y ahí veremos cómo queda”.
De cualquier manera, Schiaretti no dice lo mismo que Carrió cuando habla de República. El concepto de República para un peronista siempre está vincularla a lo popular y a lo democrático.
Después de la aparición de Menem el mito del peronismo republicano se alimentó exaltando la figura de Antonio Cafiero y ahora que está muerto se le agrega de la Sota, que para muchos cordobeses no resiste un archivo en su fe republicana.
Pero la cuestión republicana ya estaba en los debates del peronismo desde su aparición en la escena política argentina. La definición ideológica del movimiento peronista, que llegó al poder en 1946, estaba vinculada con fuerza a las palabras de Perón, pero su figura no bastaba para delimitar los alcances del fenómeno. Como un movimiento polifacético que reconocía en su seno diferentes tradiciones e inclinaciones ideológicas y políticas, que se amalgamaban, a veces contradictoriamente. Por eso se hizo difícil su caracterización definitiva que Abelardo Ramos sintetizó en el concepto de bonapartismo. Entre esas tradiciones político-ideológicas que anidaban dentro del primer peronismo existía una vertiente fascista innegable y una vertiente republicana que puede ser asimilada a la labor parlamentaria de John William Cooke.
Es cookiano Schiaretti entonces cuando demanda más republicanismo al interior del peronismo. ¿Y dónde queda la columna vertebral que es el movimiento obrero hoy expresado no sólo en los sindicatos sino también en los movimientos sociales? ¿Y dónde queda Evita y la calle que se expresa fuera de palacio?
¿El cordobesismo existe?
Después de marcar la cancha como diciendo “soy peronista”, recién Schiaretti tuiteó: “Sin dudas el mensaje que dejó el pueblo cordobés en las urnas es que esta elección nada tiene que ver con las elecciones nacionales. Por eso es apresurado sacar conclusiones nacionales”. Pero fue inútil. Todos ya estaban sacando conclusiones nacionales. Pero en realidad el gobernador reelecto ayudó con el mensaje siguiente: “El otro mensaje es que los cordobeses queremos la moderación. No queremos la grieta que tanto daña a la Argentina. Hoy Córdoba también demostró que no sirve para ganar elecciones”. No se puede hacer el distraído, alentaba con esas palabras expectativas a la alternativa a Macri y CFK. Decía que no estaba nacionalizando, pero se deslizaba en el mensaje categorías del debate nacional.
Recién en el decimosegundo tuiteó dijo: “Córdoba es parte de la Argentina del interior profundo. De la Argentina federal que quiere igualdad de oportunidades en todos los rincones”. El sentido del cordobesismo queda así diluido más si se recuerda que de la Sota, cuando fue consagrado en 2007 subrayó con todas las letras el cordobesismo como identidad del partido que estaba enfrentado al PJ nacional.
El recuento globular
La “victoria aplastante” de Schiaretti tiene manija nacional por la gran diferencia con el segundo que tuvo el respaldo de la Casa Rosada. Y no es para menos ya que los resultados son contundentes. Pero volviendo a los datos duros mencionados más arriba, vale rescatar un método de análisis que remite a las elecciones constituyentes de 1957 cuando el balbinismo con el respaldo de la dictadura de Aramburu derrotó en las urnas al frondizismo. La UCR se había fracturado cuando Frondizi que era presidente del partido propuso hacer el Frente con el peronismo proscripto. Aunque su posición ganó en la Convención de Tucumán, la Justicia Electoral le dio una mano a Balbín y le habilitó la utilización del nombre del partido. Así la Unión Cívica Radical del Pueblo le ganó a la Unión Cívica Radical Intransigente. El resultado de las elecciones deprimió a los frentistas al punto de la desesperación. En el semanario Qué, Rogelio Frigerio, el abuelo del actual ministro, y uno de los artífices del pacto Péron – Frondizi publicó un artículo titulado: “El recuento globular”. Brevemente: anticipó la consagración de Frondizi en las elecciones de febrero de 1958 con el simple método de analizar la composición del voto en blanco en las constituyentes.
Pues bien, el recuento globular del pronunciamiento popular de Córdoba habilita tres pronósticos:

1. Confirma la tendencia de los últimos años de conformar en el Congreso interbloques para defender los derechos de las provincias. Es una circunstancia histórica paradójica dada porque ningún partido tiene mayorías en la Cámaras.
2. La UCR ya quedó ligada a la suerte de la alianza con el PRO. El tercer lugar de Mestre condicionará la Convención y el putch de Federico Storani junto a Ricardo Alfonsín para dejar Cambiemos como también condicionará la aventurada ocurrencia de Cornejo de ampliar la alianza al peronismo republicano. Ya es tarde.
3. A pesar de la espectacularidad del triunfo de Schiaretti, los cordobeses se movieron poco en relación a lo que votaron en 2015. Cuando el gobernador reelecto dice que nada tiene que ver con lo nacional, en realidad está midiendo el alcance del voto castigo. Como dijimos Córdoba nunca jugó con el interior ya que tiene su economía ligada a la producción pampeana.