Los movimientos de Mauricio Macri en Misiones como parte de las marchas del #SiSePuede probarían que, más que su reelección, vino a consolidar su liderazgo y a respaldar la candidatura de Alfredo Schiavoni además de mostrar las obras en el aeropuerto de las Cataratas que es un logro de su gestión. Las marchas son respuestas a la gente que tomó la iniciativa en defensa del espacio político que expresa el anti-peronismo y defiende la libertad del individuo que le teme al pueblo como sujeto histórico y la concepción del ser humano arrojado al mundo como unidad bio-psico-social. He ahí la grieta en su profundidad.

Jueves, 10 de octubre 2019. No hay analista político que ponga en duda la consagración de Alberto Fernández en las elecciones del 27 de octubre. Hasta el Washington Post y otros medios como Financial Times o Bloomberg dan por finalizada la experiencia de Mauricio Macri.
¿Por qué entonces las marchas del #SiSePuede que encabeza el Presidente que viene recorriendo el país bajo la consigna “se puede dar vuelta”, cuando todos saben que el resultado electoral es irreversible?
Hemos destacado desde estas columnas, que la decisión de salir a ganar la calle fue iniciativa de la gente. Paréntesis, decimos gente y no pueblo porque constituyen categorías diferenciadas que si bien es necesario remarcarlas no es el espacio adecuado para desarrollar las diferencias. Basta con identificar las diferencias filosóficas de las categorías, gente está ligada a la concepción de la persona como individuo y pueblo a la de sujeto social.
Retomando el argumento, fue la gente, la que entiende que la libertad individual es el valor supremo a defender, la que sacó a la dirigencia de la Alianza Cambiemos, hoy Juntos por el Cambio, del estado depresivo pos-paso. La movilización espontánea del 24-A convocada por referentes como Campanella y Brandoni por las redes es lo que inspiró las marchas del #SiSePuede.
Es ese sector de la sociedad argentina que, individuo más individuo, suman el 33% de la ciudadanía, la que sale a la calle en defensa propia. En campaña electoral se unen en el “se puede dar vuelta”, pero la significación política de las movilizaciones no se queda en el domingo 27, sino el lunes 28. O si se quiere en el 11 de diciembre.
Macri en campaña tiene que subirse a su propia consigna: se puede dar vuelta. Vuelta el resultado electoral claro, aunque la Alianza cambiemita ya haya elaborado el duelo y piense en lo que viene el 2020.
Precisamente, pensando en el día después, cuando la Alianza que gobernó desde 2015 pase a ocupar el lugar de oposición, está la verdadera militancia de Macri, que pareciera estar ya en la oposición por el tono de su narrativa.
Si Macri se la cree o no que la puede dar vuelta, es tema para psicólogos o periodistas que hablan de síndromes de los presidentes. Desde lo político, no interesa la condición psicológica del ser humano que preside el Poder Ejecutivo, si tiene miedo y lo disimula con enojo, padece de ansiedad, desesperación, inseguridad, aburrimiento o tenga ganas de desertar.
Desde el análisis de la política como disputa del poder, una interpretación después de su visita a Posadas e Iguazú, es que Macri sale a revalidar su liderazgo ante esa suma de individuos, que son muchos, que son un tercio de los ciudadanos argentinos, que lo respaldan como dirigente que fue capaz de vencer al peronismo en elecciones libres y democráticas. Es el tercio de la población que es caracterizada como “anti-peronista”. Ya es un lugar común decir livianamente que el mayor partido político de la Argentina es el anti-peronismo. Puede ser cierto si no se indaga en los porqués. En las movilizaciones, cuando les pusimos el micrófono a disposición, los individuos que defienden el gobierno de Macri, pareciera que se quedaron en el 55 y reprochan a los Kirchner por los “excesos” que remiten al primer peronismo. Los miedos al absolutismo peronista no se sustentan en las prácticas de los gobiernos de Néstor y Cristina que sin hilar tan fino, tuvieron comportamientos republicanos más claros que las relaciones del gobierno del PRO, la UCR y la Coalición Cívica, con jueces, los servicios de espionajes internacionales y los aprietes a la prensa.
Entonces no se ajusta a la realidad la narrativa de combate por el sentido común que lidera Carrió desde un oscuro contacto con los servicios y replican en las redes nada menos que el 33 por ciento de los argentinos. Se dirá que Cristina despierta un odio irracional en esa “gente” si el análisis se queda en la superficie del fenómeno del anti-peronismo. Lo que subyace en ese miedo, es la concepción del sujeto histórico. El peronismo, o cualquier gobierno popular, lo que pone en cuestión son sus convicciones del orden social, sus identidades conformadas por la lógica del poder del capital la que establece valores que tienden a la privatización de la vida cotidiana con su culto a lo micro y al ghetto, típicos del posmodernismo, con la expansión integradora y mundializada de los mercados globales promovida por el neoliberalismo. Por eso tienen destinatarios los discursos de la identidad y las diferencias étnicas, religiosas y sexuales que profieren Carrió y Pichetto; discurso sostenido en la cultura serializada y homogeneizadora con la repetida apelación a la “espiritualidad” de la autoayuda.
La grieta es eso. Es inrtrínseca al sistema desde la Revolución Francesa que puso en tensión las categorías de libertad e igualdad. La grieta no es entonces la indigación por la corrupción. Es poco creíble rasgarse las vestiduras por los bolsos de López cuando se es indiferente a los negocios de Caputo que en un día, desde el Banco Central, se fumó 5 mil millones de dólares. Las diferencias irreconciliables están en la concepción del ser humano. El se robaron todos oculta el odio a lo diferente. La “gente” que sostiene a Macri defiende en definitiva sus creencias, su forma de plantarse en el mundo. Por eso también odian al Papa Francisco, no por ser peronista, sino porque con sus encíclicas les mueve el piso y los obliga a revisar en qué consiste realmente la libertad. 
El liderazgo después del 27-O
Es la gente entonces, como suma de individuos consumidores, el sujeto histórico que sostiene al macrismo como alternativa al avance de los popular que les habla de un ser humano sarteano expulsado al mundo en su constitución bio-psico-social y para los religiosos también espiritual.
Desde esta perspectiva, las marchas del #SiSePuede tienen razón en el propósito de consolidar a Macri como el referente de la oposición después del 27 de octubre y como reacción del núcleo duro de la Casa Rosada ante las movidas al interior de la Alianza que hablan de pos-macrismo o un macrismo sin Macri.
Los medios nacionales abundan en estas especulaciones y en alineamientos posibles, que diferencian a los “más políticos” de los Ceos o posmodernos como Carrió, a los amigos del peronismo del Pro o los radicales que no tienen retorno y deben seguir en la coalición.
Otro paréntesis: no fue Macri el que deja el país con un Estado desfinanciado, con la soberanía menguada por la deuda, una economía real devastada y desindustrializada, y una sociedad más pobre con sectores que cayeron en la indigencia. No es Macri, son las políticas neoliberales. Así sin eufemismos, hablar de pos-macrismo es una mascarada para ocultar el fracaso de las politicas neoliberles más que de una coalición de gobierno.
Vale repasar la estadía de Macri en Misiones para considerar la hipótesis de que con las marchas por todo el país, apunta a consolidar su liderazgo en la fase de partido de oposición que inicia la Alianza el 11 de diciembre. La visita al aeropuerto de las Cataratas del Iguazú es sintomática. Sólo un necio puede negar que el avance en la infraestructura turística de Iguazú es un logro de la Presidencia Macri, unida a la ruptura con el monopolio de los vuelos internacionales que entraban al país sólo por Ezeiza. Más allá de las cuestiones de negocios y líneas low-cost, Misiones logró por primera vez en su historia tener conexión aérea sin el control de los porteños.
Este gesto de Macri al visitar el aeropuerto está unido a la parte de su narrativa: “para realizar cambios estructurales tres años no alcanzan”. Otra vez, no está pensando en la reelección, sino en liderar la oposición y volver al estilo Piñera en Chile. ¿Acaso Cristina no volvió como Bachelet contra todos los pronósticos?
Fuerza propia en el Parlamento
Desde esta mirada, Macri vino a Posadas a defender los 170 mil votos que respaldaron a Juntos por el Cambio el 11 de agosto. Por eso compartió el palco en exclusividad con el candidato Alfredo Schiavoni.
De repetirse los resultados de las Paso, el interbloque Juntos por el Cambio en la Cámara de Diputados de la Nación, incrementaría ligeramente su número actual porque renueva el 32% de la primera vuelta de 2015 y pasaría a contar con  110 o 111 legisladores, siempre que la alianza entre el PRO, la UCR y la Coalición Cívica se mantenga unida. Hasta ahora, los jefes de los tres partidos aseguran enfáticamente que así será. “Hay que defender la institucionalidad”, sostuvieron en el comunicado que hicieron público oportunamente, aunque después Carrió haya salido a denunciar a los “tibios”. De acuerdo con varios encuestadores, que todavía se animan a diagnosticar, es muy posible que la fórmula de los Fernández logre el domingo 27 incrementar el porcentaje de agosto. No modificaría el resultado para el Senado pero puede restarle dos o tres diputados a Cambiemos.
Es otra de las razones por la cual Macri decidió recorrer 30 ciudades. Está defendiendo la densidad del bloque de la oposición en la Cámara de Diputados de la Nación.
El Frente de Todos puede llegar a tener 122 diputados, siete menos que el quórum propio, número al que puede llegar holgadamente con sus aliados de las provincias como Santiago del Estero, Misiones y otras que podrían volver a constituir un interbloque federal con alrededor de 15 diputados.
Pero hay analistas que distinguen al interior del bloque del FdT. Observan por ejemplo que La Cámpora reduciría su bloque de 24 a 17 en diputados ya que tuvieron que ceder espacios, fundamentalmente en Buenos Aires por las alianzas con Massa y otros núcleos peronistas en la diáspora. Son los sociólogos que anticipan que se inicia una etapa de “parlamentarismo de facto”, dado que Alberto no tendrá tropa propia sino aliados.
Un bloque de 111 diputados macristas tendrá posibilidades, en ese escenario, de buscar consensos y deslizar cuñas ante cualquier diferencia que se registre en el próximo oficialismo. Lo que está en disputa al interior de la Alianza es quién conducirá la estrategia de ese bloque. Pensar en un macrismo sin Macri, no sólo es un absurdo, sino que tiene el riesgo de fragmentar el alineamiento con la conducción.